‘El desencanto. El despertar de un izquierdista de toda la vida’
Andrew Anthony
[Ramón González Férriz. Letras Libres, abril de 2009]
En un artículo publicado hace dos años en El País, “El truco de la autocrítica”, Francisco Fernández Buey reflexionaba sobre lo que llamaba “el transformismo de los intelectuales”: el recurrente fenómeno de políticos y pensadores de izquierdas “que se han hecho luego de derechas”. A decir de Fernández Buey, el caso más ejemplar de ello ha sido el de Mussolini, “paladín del socialismo maximalista italiano y fundador luego del partido fascista”, pero en cualquier caso, decía, el fenómeno presentaba unas características novedosas en el caso de España, puesto que aquí sólo podía tener dos explicaciones: el intelectual de izquierdas que se pasaba a la derecha, o bien nunca había sido un verdadero intelectual, sino sólo “un politicastro o un escribidor de catecismos”, o bien nunca había sido de la izquierda verdadera y ahora lo fingía por los “buenos dividendos” que un pasado revolucionario da “en la sociedad del espectáculo”. [...]
El autor de Los ‘media’ y la modernidad (Paidós, 1998), influyente interpretación goffmaniana de la comunicación de masas, ofrece ahora este análisis de los escándalos políticos, que ha merecido el mismo Premio Amalfi de los sociólogos europeos que antes ganó Richard Sennett con La corrosión del carácter (Anagrama). El escándalo político es un híbrido que puede ser analizado tanto desde el prisma de la ciencia política, y entonces es conocido como corrupción, siendo Heidenheimer, Klitgaard o Rose-Ackerman sus autoridades más reconocidas, como desde la perspectiva de la opinión pública, que utiliza nuestro autor. Pero este libro no es un panfleto maniqueo contra la espectacularización de la videopolítica, como los de Bourdieu o Sartori, sino un análisis riguroso, que no trata de denunciar ni denostar (lo que de por sí ya implica dejarse afectar por el síndrome del escándalo), sino de describir y explicar.
“Discrepamos, ferozmente sobre casi todo. Discrepamos sobre el terror y la seguridad, sobre la justicia social, sobre la religión en la política, sobre quién es apto para ser juez y sobre qué es la democracia. Estos desacuerdos no transcurren de manera civilizada, ya que no existe respeto recíproco entre las partes”. Parecería que Ronald Dworkin se refiriera a España, pero no es así: en su pequeño gran libro La democracia posible el jurista estadounidense analiza el deterioro del debate político en su propio país, aunque sus conclusiones son válidas también para otras democracias, incluida la nuestra.
Un estudio que se sumerge en las raíces profundas de un fenómeno que, lejos de ser una mera disfunción del sistema político, se convierte en la fuerza informadora de ese sistema, la que le sostiene, le da vida y le hace funcionar.