‘La sociedad invisible’
Daniel Innerarity
[Jacobo Muñoz. El Cultural, 28 de octubre de 2004]
Fiel a la orientación “mundana” del pensar evidenciada ya en sus últimos libros, Daniel Innerarity deja claro de entrada el objetivo de éste: comprender, al menos tentativamente, el mundo actual, su sentido y su inteligibilidad. Resultado de tal esfuerzo es una ambiciosa teoría -en el más amplio y menos técnico significado del término- de la sociedad actual en cuanto “sociedad invisible”. Una teoría que el propio autor identifica con una interpretación filosófica del siglo XXI atenta, como no podía ser de otro modo, más al sentido de las cosas que pasan que a la acumulación erudita de datos. Lo que debe ser asumido como una toma de posición buscadamente antirreduccionista, desde la que es repudiado cualquier posible sacrificio de la actual y, a lo que parece, casi inabarcable complejidad “en el altar de una ley única que pudiera aclarar el paisaje social”. Un paisaje opaco, vulnerable y acosado por riesgos y contingencias cada vez menos previsible, que escapa, en opinión del autor, a nuestra comprensión teórica y a nuestro control práctico en una medida “más inquietante que en otras épocas menos perplejas acerca de sí mismas”. [...]


El cambio climático, observado en los últimos decenios con episodios alarmantes, y cuyos efectos acumulativos en futuras épocas pueden ser aún peores, está ocasionado por la emisión de gases a la atmósfera, sobre todo el dióxido de carbono, directamente relacionada con el crecimiento demográfico y económico, aunque no exclusiva ni principalmente por la industria; la agricultura o el uso de la electricidad tienen tanta responsabilidad como aquella. El análisis de las consecuencias a largo plazo del cambio climático requiere del esfuerzo de muchos científicos, desde físicos a paleontólogos, oceanógrafos, matemáticos, biólogos, y también economistas. Naturalmente, el objeto que persiguen estos últimos es evaluar los futuros daños posibles, así como los costes y beneficios de las políticas que puedan adoptarse para prevenir efectos indeseados. Este libro de Jaime Terceiro (1946) responde a dicha preocupación.
El célebre sociólogo británico Anthony Giddens no sólo influyó en el primer ministro Tony Blair con su fórmula de la tercera vía, la clave que dio la victoria a los laboristas en 1997, también sus ideas se han visto influidas por el gobierno laborista en el poder. Este libro fue inspirado por un comentario hecho por Tony Blair en un discurso al Parlamento Europeo en 2005, en el cual se comprometió con el llamado modelo social europeo. ¿Qué tipo de modelo social es ese, preguntó el primer ministro británico, que deja a casi veinte millones de personas en la Unión Europea desempleadas? A raíz de esta pregunta, Giddens, que se define a sí mismo como europeísta se propuso analizar la situación de Europa desde la perspectiva de su modelo social y aportar ideas sobre su papel en la era global.
“Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del consumismo”. Así podría haber comenzado este Manifiesto del Partido Consumista que, como el otro, intenta analizar un proceso histórico de enorme trascendencia social, pero que, a diferencia suya, no se convierte en profeta y apologista del objeto que estudia. Hay otra diferencia: si para los autores del primer Manifiesto la revolución comunista era una cita pendiente, para Zygmunt Bauman (Poznam, Polonia, 1925), la “revolución consumista” -sintagma que utiliza copiosamente a lo largo del texto- es una cita ineludible de la que las sociedades avanzadas son dependientes.
Helena Béjar lleva años elaborando una interesantísima “sociología de la intimidad”, expresión menos paradójica de lo que parece. Los físicos saben que para explicar un movimiento tienen que conjugarse dos tipos de ecuaciones: las individuales y las ecuaciones de campo. Algo así empiezan a pensar la sociología y la psicología cultural acerca de las estructuras mentales. La autonomía personal es una creación social. En 1988, Béjar publicó El ámbito íntimo (Alianza), donde estudiaba el nacimiento y la sacralización del orden privado y lo contaba con muy buen estilo literario. El individualismo rompe el espacio público, psicologiza todo tipo de relaciones, favorece el narcisismo y muchas cosas más. Es la entraña del pensamiento único moderno y posmoderno. Cinco años después, prosiguió la investigación con La cultura del yo (Alianza), que lleva un subtítulo esclarecedor: “pasiones colectivas y afectos propios en la teoría social”.
Alfredo Pastor es un economista de notoria experiencia docente y ejecutiva en organismos públicos españoles e internacionales. Acaba de publicar este libro, que sorprende al lector por la singular sencillez –que, sin duda, ha costado un esfuerzo grande al autor– con la cual se exponen y enlazan las explicaciones sobre problemas económicos no fácilmente inteligibles, pero que afectan y preocupan, de hecho, a los hombres y mujeres de todos los países. La inflación, el empleo, el crecimiento y el estancamiento económicos, el tipo de interés, la globalización y la actuación de los gobiernos, son cuestiones que los especialistas clasifican como macroeconómicas, y que Alfredo Pastor trata con claridad admirable en este libro, cuyo oportuno subtítulo es Economía para ciudadanos.
La principal tesis de Margarita Rivière en “El malentendido” es la de que los medios de comunicación tienen una marcada carga educativa que se está orientando a convertir a los ciudadanos en perfectos consumidores. La información televisiva va plegándose a las exigencias de una audiencia cuyo paladar estragado de mensajes ya sólo atiende a lo espectacular, lo ruidoso, lo breve, lo sencillo. La información queda así sometida al imperio de lo “impactante” e inmediato, abandonando la elaboración y el análisis, tan necesarios para entender el mundo que nos rodea.
En este nuevo libro de José María Calleja sobre el País Vasco, el periodista descubre con valentía y con agudeza los atropellos que sufren las libertades en aquella comunidad autónoma. En Algo habrá hecho muestra los métodos y las atrocidades de los terroristas etarras al tiempo que analiza su táctica de utilizar el miedo como un argumento político.
El sueño y la razón coexisten, por momentos, tanto como sinónimos como antónimos. Pero por encima de esto, por momentos parecieran aparecer como suplementarios, complementos en sí mismos. Ambos le dan sentido a la existencia del otro. Es difícil pensar la razón dentro del sueño, así como el sueño en la razón. Es por esto que sería difícil, concebir la razón sin un sueño, y el sueño sin una razón.
Hegeliano y marxista de formación, Alvin Toffler es en la actualidad, junto con su mujer Heidi, profesor en la National Defense University de Washington. Ambos dirigen una empresa de consultoría, Toffler Associates (toffler.com), que desde hace muchos años asesora a empresas y gobiernos de todo el mundo interesados en la prospectiva y en la influencia de las nuevas tecnologías sobre el desarrollo económico y social.
El autor de esta obra es un filósofo argentino de amplio registro. Nacido en Buenos Aires en 1930, Juan José Sebreli era casi desconocido en España hasta la aparición de El olvido de la razón. Ensayista, analista político, profesor y traductor, su extensa obra ha recibido distintos premios en Argentina. Por desgracia, la fotografía del autor con la que la editorial ha querido visualizarle ante sus lectores resulta inapropiada. Una foto de estudio más propia de una estrella folclórica –busto repeinado mirando a cámara– que de un pensador que ha criticado el irracionalismo “desde la perspectiva de una historia de las ideas políticas y sociales en El asedio de la modernidad (1991) y desde la estética y la sociología del arte en Las aventuras de la vanguardia (2000)”. Este libro en cierto modo lleva la discusión “al ámbito de la filosofía”.
En sus dos obras anteriores, El paraíso políglota (2000) y Gente de Cervantes (2001), Juan Ramón Lodares había planteado problemas esenciales de nuestra historia y de nuestra actualidad lingüística, con la particularidad de adoptar una perspectiva esencialmente sociológica que con frecuencia se echa de menos en trabajos de esta naturaleza.