‘Breve historia del futuro’
Jacques Attali
[Fausto Pretelin Muñoz de Cote. El Universal, 17 de octubre de 2008]
La lucidez y el futuro cohabitan en el ímpetu del inquieto. Jacques Attali ayudó a Mitterrand a repensar la política económica francesa después de un desafortunado inicio de gobierno. Era 1981 pero Attali ya se encontraba pensando en la caída del Muro. Una tarde, Attali le recomendó al presidente Mitterrand la renovación del partido a través de cuadros juveniles. Le mencionó a Ségolène Royal y a François Hollande. No se equivocó. Veinte años después ella fue candidata a la presidencia y él la cabeza del partido socialista. En efecto, la lucidez y el futuro cohabitan en el ímpetu del inquieto. Hace algunos meses Sarkozy invitó a Attali para que encabezara un comité de sabios cuyo único objetivo es la articulación de una estrategia económica para el crecimiento de la economía. En el pragmatismo de Attali existe una consistencia, su inteligencia. »







El cambio climático, observado en los últimos decenios con episodios alarmantes, y cuyos efectos acumulativos en futuras épocas pueden ser aún peores, está ocasionado por la emisión de gases a la atmósfera, sobre todo el dióxido de carbono, directamente relacionada con el crecimiento demográfico y económico, aunque no exclusiva ni principalmente por la industria; la agricultura o el uso de la electricidad tienen tanta responsabilidad como aquella. El análisis de las consecuencias a largo plazo del cambio climático requiere del esfuerzo de muchos científicos, desde físicos a paleontólogos, oceanógrafos, matemáticos, biólogos, y también economistas. Naturalmente, el objeto que persiguen estos últimos es evaluar los futuros daños posibles, así como los costes y beneficios de las políticas que puedan adoptarse para prevenir efectos indeseados. Este libro de Jaime Terceiro (1946) responde a dicha preocupación.
El célebre sociólogo británico Anthony Giddens no sólo influyó en el primer ministro Tony Blair con su fórmula de la tercera vía, la clave que dio la victoria a los laboristas en 1997, también sus ideas se han visto influidas por el gobierno laborista en el poder. Este libro fue inspirado por un comentario hecho por Tony Blair en un discurso al Parlamento Europeo en 2005, en el cual se comprometió con el llamado modelo social europeo. ¿Qué tipo de modelo social es ese, preguntó el primer ministro británico, que deja a casi veinte millones de personas en la Unión Europea desempleadas? A raíz de esta pregunta, Giddens, que se define a sí mismo como europeísta se propuso analizar la situación de Europa desde la perspectiva de su modelo social y aportar ideas sobre su papel en la era global.
“Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del consumismo”. Así podría haber comenzado este Manifiesto del Partido Consumista que, como el otro, intenta analizar un proceso histórico de enorme trascendencia social, pero que, a diferencia suya, no se convierte en profeta y apologista del objeto que estudia. Hay otra diferencia: si para los autores del primer Manifiesto la revolución comunista era una cita pendiente, para Zygmunt Bauman (Poznam, Polonia, 1925), la “revolución consumista” -sintagma que utiliza copiosamente a lo largo del texto- es una cita ineludible de la que las sociedades avanzadas son dependientes.
Helena Béjar lleva años elaborando una interesantísima “sociología de la intimidad”, expresión menos paradójica de lo que parece. Los físicos saben que para explicar un movimiento tienen que conjugarse dos tipos de ecuaciones: las individuales y las ecuaciones de campo. Algo así empiezan a pensar la sociología y la psicología cultural acerca de las estructuras mentales. La autonomía personal es una creación social. En 1988, Béjar publicó El ámbito íntimo (Alianza), donde estudiaba el nacimiento y la sacralización del orden privado y lo contaba con muy buen estilo literario. El individualismo rompe el espacio público, psicologiza todo tipo de relaciones, favorece el narcisismo y muchas cosas más. Es la entraña del pensamiento único moderno y posmoderno. Cinco años después, prosiguió la investigación con La cultura del yo (Alianza), que lleva un subtítulo esclarecedor: “pasiones colectivas y afectos propios en la teoría social”.
Alfredo Pastor es un economista de notoria experiencia docente y ejecutiva en organismos públicos españoles e internacionales. Acaba de publicar este libro, que sorprende al lector por la singular sencillez –que, sin duda, ha costado un esfuerzo grande al autor– con la cual se exponen y enlazan las explicaciones sobre problemas económicos no fácilmente inteligibles, pero que afectan y preocupan, de hecho, a los hombres y mujeres de todos los países. La inflación, el empleo, el crecimiento y el estancamiento económicos, el tipo de interés, la globalización y la actuación de los gobiernos, son cuestiones que los especialistas clasifican como macroeconómicas, y que Alfredo Pastor trata con claridad admirable en este libro, cuyo oportuno subtítulo es Economía para ciudadanos.
La principal tesis de Margarita Rivière en “El malentendido” es la de que los medios de comunicación tienen una marcada carga educativa que se está orientando a convertir a los ciudadanos en perfectos consumidores. La información televisiva va plegándose a las exigencias de una audiencia cuyo paladar estragado de mensajes ya sólo atiende a lo espectacular, lo ruidoso, lo breve, lo sencillo. La información queda así sometida al imperio de lo “impactante” e inmediato, abandonando la elaboración y el análisis, tan necesarios para entender el mundo que nos rodea.
En este nuevo libro de José María Calleja sobre el País Vasco, el periodista descubre con valentía y con agudeza los atropellos que sufren las libertades en aquella comunidad autónoma. En Algo habrá hecho muestra los métodos y las atrocidades de los terroristas etarras al tiempo que analiza su táctica de utilizar el miedo como un argumento político.
El sueño y la razón coexisten, por momentos, tanto como sinónimos como antónimos. Pero por encima de esto, por momentos parecieran aparecer como suplementarios, complementos en sí mismos. Ambos le dan sentido a la existencia del otro. Es difícil pensar la razón dentro del sueño, así como el sueño en la razón. Es por esto que sería difícil, concebir la razón sin un sueño, y el sueño sin una razón. 



