Delia Cabrera
Basta un somero recorrido por los comentarios que acompañan a las noticias y artículos de los medios digitales de Lanzarote para apreciar el alto grado de tensión crispada que de forma general expresan. Por supuesto, hay intercambios que respetan todas las normas del buen gusto y hacen gala de sosiego, educación e inteligencia, civilidad en suma, pero son antes la excepción que la regla.
Lo que abunda, por el contrario, son las imprecaciones desabridas, vocingleras y chabacanas en el mejor de los casos, para desde ahí saltar, con pasmosa facilidad, al menosprecio, los reproches exaltados, las descalificaciones personales e incluso los insultos, pasando por las más peregrinas acusaciones. Y todo ello sobre un trasfondo de sospecha generalizada aderezada con una mezcla de visceralidad y mala baba que dejan estupefacto al más pintado.
Hallará un páramo quien busque entre los comentarios argumentos, ideas, reflexiones u opiniones, es decir, los ingredientes que requiere un debate del tipo que sea, aun cuando tenga unas expectativas muy moderadas respecto a su calidad y rigor intelectual. De igual modo, las ideas expresadas en el texto comentado son la mayor parte de las veces ignoradas, como si fueran obstáculos que entorpeciesen un infinito afán por desvelar filiaciones inconfesables, turbios secretos, aviesas intenciones e intereses ocultos, siempre sospechosos, que se traduce en conjeturas, especulaciones y todo tipo de cábalas suspicaces, referidas no a lo que se dice sino a quien lo dice.
Es notoria la dificultad que encuentran la gran mayoría de los comentaristas para circunscribirse al tema tratado o para abordarlo con objetividad, mesura y racionalidad. Al contrario, a la mínima, se hable de churras o merinas, arremeten sin una pizca de pudor contra el articulista, el protagonista de la noticia –sea persona o institución– o contra los otros comentaristas, con un encono tal que roza el ensañamiento.
Tan difícil resulta explicar este grado de confrontación hostil, más allá del recurso a invocar la crispación general instalada hoy en la política, como obvio y de sentido común advertir que sus efectos están siendo bastante nefastos. Por el momento, se perfila con claridad la tendencia al predominio de intervenciones broncas y destempladas de quienes, venga o no a cuento, se sienten personalmente cuestionados, y al abandono de este espacio de aquellos otros que, hartos y desencantados, renuncian a participar, renuentes a que, como poco, se les haga partícipes del rifirrafe y, casi con seguridad, se vean expuestos a recibir toda clase de improperios; convencidos, además, de la imposibilidad de que se produzca un intercambio de opiniones medianamente interesante.
Si la tendencia señalada no se invierte y somos incapaces de desplegar en la red unas formas de comportamiento sujeto a las reglas de urbanidad exigibles en todo espacio común; si, por el contrario, no anteponemos la objetividad, la racionalidad y el respeto y nos dejamos llevar por la indignación, la exaltación y el hostigamiento; si, en definitiva, no hacemos un esfuerzo por rebajar el clima de hostilidad que hoy se respira, perderemos, si no lo hemos hecho ya, un espacio de participación en el que poder expresar nuestras inquietudes.
Eso te pasa por leer los medios…El único que merece la pena leer es el Agitador….es inteligencia pura, libertad de expresión y libertad de información….. cómo se puede decir tanto y tan exacto y con las mínimas palabras……No te cabrees por aquellos que no merecen la pena y celebra que haya vuelto el Agitador…..lo celebramos todos y lo agradece la Isla de Lanzarote…..
Sí, sobre todo porque es absolutamente imparcial, los amigos de los agitadores pueden estar tranquilos que nunca aparecerán, ni siquiera para que no sea tan evidente la parcialidad.
Es un consuelo constatar que todavía queda alguien con sentido común, como la autora del presente artículo. Me alegro mucho de ello. Gracias por participar estas ideas refrescantes. Espero que ayuden a sembrar un poco de cordura. Aunque no estoy tan seguro, ya que “El número de necios bajo el sol es innumerable”.