Militancia pura y dura por el día, dura crítica de noche

Roberto Blanco Valdés

[La Voz de Galicia, 13 de junio de 2008]

Quizá asustado por los efectos de su último ataque de sinceridad («Rectificar es de sabios, pero hacerlo todos los días es de necios»), Felipe González se sintió el jueves obligado a aconsejar al Partido Socialista que «cuando las cosas van mal, militancia pura y dura». No es seguro, sin embargo, que un González dedicado de lleno a sus negocios, e instalado entre la gente guapa parece que ya sin punto de retorno, sea la persona más adecuada para salir en defensa de un Gobierno que va a impulsar una contrarreforma laboral. Y lo es que, de haber sido decidido tal cambio legal por el PP, todo el PSOE, empezando por el ex presidente socialista, se hubiera puesto en pie de guerra.

En todo caso, con resultar dudosa la pertinencia del aconsejador, lo parece mucho más la del consejo, que llama sencillamente a cerrar filas y a sustituir cualquier debate y toda crítica por el patriotismo de partido. La exhortación es muchas cosas, pero no, desde luego, original, pues cerrar filas es siempre la primera tentación, y siempre la más equivocada, que tienen los partidos que se encuentran en la dificilísima coyuntura en que hoy está el socialista.

En realidad, la evolución de los acontecimientos que han llevado al PSOE a situarse en donde está -al borde del abismo y solo sostenido por las torpezas del PP- tiene todo que ver con la práctica ciega y suicida de un patriotismo de partido que ha permitido a Zapatero llevar al Gobierno, al partido que lo sostiene y al país a un callejón sin salida a base de empeñarse en que las cosas han de ser como se las figuran él y su corte de engañadores y cobistas. Los que no eran ni una cosa ni la otra fueron invitados, antes o después, a irse a su casa.

Todo hubiera sido bastante diferente, incluido el desarrollo de la crisis, si alguien (mejor muchos alguien que uno solo) se hubiera atrevido desde el PSOE, cuando ya se veía improrrogable, a poner pie en pared y revelarle a Zapatero que ni su incapacidad para entender la realidad la hace desaparecer, ni su frivolidad es una virtud para gobernar un país complejo en pleno siglo XXI, ni el sectarismo una fórmula compatible con arrimar el hombro todos juntos.

En lugar de eso, casi todos los que eran conscientes de que un gran error (el de elegir a Zapatero como líder del partido) no se corrige con errores sucesivos (dejando hacer mangas y capirotes a un político cuya falta de preparación y de sentido del Estado pone los pelos como escarpias) se han dedicado a hablar en privado y callar en público con el dramático resultado que está bien a la vista: un partido arrasado, un Gobierno inexistente y un país a la deriva. Cosas todas que no se corrigen, por desgracia, con militancia pura y dura.

Publicado el 14 de junio de 2010 a las 6:00 am en 'Política'.

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