Jorge Marsá
La declaración del secretario general de los socialistas lanzaroteños el jueves pasado a Radio San Borondón no sorprendió a nadie: “Carlos Espino afirma que el PIL es el brazo político de un clan mafioso dedicado al cobro de comisiones ilegales y a la extorsión de empresarios”. Por el contrario, la respuesta del alcalde de San Bartolomé al día siguiente era menos previsible: “Marcial Martín discrepa con Carlos Espino y afirma que ‘en absoluto se puede calificar al PIL como una organización mafiosa’” (Crónicas de Lanzarote). Da la impresión de que Marcial Martín se ha decidido a dar un paso al frente, y se ofrece como enterrador del juanfernandismo en Lanzarote.
Resulta más que probable que Marcial Martín comparta la descripción del juanfernandismo que daba también el viernes quien abrió el proceso de su liquidación en Canarias, Jerónimo Saavedra: “Aquí no llevaba a ninguna parte mantener durante cuatro años la política de crispación permanente, de descalificación y de que todos los que están en el Gobierno son malos” (Canarias7 del sábado). Y el máximo representante de esa política de crispación permanente y de descalificación de los adversarios políticos en Lanzarote es Carlos Espino. Pero la sobreactuación de Espino con la corrupción ha tenido un lastre que no tenía la del original: el pacto con el partido que dirigía Dimas Martín desde la cárcel. Cierto que la Operación Unión cambia las cosas, pero de todas formas debería no excederse con las lecciones de moral quien ha gobernado con un partido dirigido por un delincuente repetidamente condenado por corrupto por la Justicia. Moralista de moral acomodaticia.
Pero el problema del juanfernandismo lanzaroteño no termina ahí, sino que se agudiza por el planteamiento político de su líder ante la nueva situación: “Carlos Espino califica el pacto entre PIL, CC, PNL y PP como ‘la unión de los partidos que están afectados por la Operación Unión’” (El Digital de Canarias, 27-09-2009). En efecto, el problema de Espino es que para que ese pacto fuera de verdad “la unión de los partidos que están afectados por la Operación Unión” tendría que incluir a su partido. Porque el PSOE está tan afectado o más que CC por la operación Unión y, desde luego, mucho más afectado que el PP. Cuando la realidad política no se puede reducir a una historia de buenos y malos, el juanfernandismo se convierte en una pesada carga para hacer política, en la garantía de que el partido estará en la oposición. Y en eso se ha convertido quien ha puesto todos los huevos en la misma cesta, en la de la corrupción, y lo ha hecho como si fuera posible separar la esfera política entre los corruptos y los que no lo son. Y se ha equivocado: como en tantas otras cosas, tampoco en el terreno de la corrupción la división puede ser entre buenos y malos, sino entre los malos (sobre todo el PIL, pero también el PNL), los menos malos (CC, PSOE y PP) y los buenos (Alternativa).
Y aquí es donde también ha sobreactuado Marcial Martín para mostrar su oposición al juanfernandismo lanzaroteño: “El PIL es un partido muy respetable, como lo es el PP, CC o cualquier otro”. Si todos son iguales, si el PIL es un partido como “cualquier otro”, entonces abandonamos el maniqueismo que divide la esfera política entre buenos y malos para pasar a considerarlos malos a todos. Y si alguna esperanza nos queda, y son muy pocas, es que no todos los partidos sean como el PIL. Y tampoco creo que, para enfrentarse a Carlos Espino, haga falta asumir como propia la postura del PP de que la corrupción se lava en las urnas: “el PIL es una organización democrática que ha tenido un respaldo muy importante del electorado a lo largo de la historia democrática de nuestra isla”. Con mal pie ha iniciado Marcial Martín su camino hacia el liderazgo del socialismo insular.
Para colmo Marcial Martín hace estas declaraciones después del último comunicado del PIL. Felicidades Macial eres un krac.