Miguel Gallardo
Zapatero nos toma por idiotas: “Reduciremos el coste del despido sin recortar derechos” (La Provincia). La contradicción resulta transformando un poco la frase: “Reduciremos el derecho a la indemnización por despido sin recortar derechos”. Porque la indemnización por despido es un derecho del trabajador, precisamente el que Zapatero nos aseguró que nunca recortaría, y que ahora recorta o reduce, como se prefiera. Si Zapatero es un cadáver político no es porque rectifique, sino porque se contradice, como explicaba ayer José Antonio Zarzalejos en La Vanguardia:
El padecimiento terminal del jefe del Gobierno consiste en una infección que en política es incurable: la contradicción. Si rectificar –”reducir algo a la exactitud que debe tener”– es de sabios, contradecirse –”afirmación y negación que se oponen una a otra y recíprocamente se destruyen”– es de ignorantes. Y Zapatero no es que haya rectificado todas sus políticas socioeconómicas: es que las ha contradicho, y con la misma facundia con la que publicitaba las anteriores se adhiere a las actuales.