Sergio Lavado
Estimado lector, permítame esta semana una licencia. Permítame, por favor, hablar de lo que me apetece, aun estando fuera de la actualidad, aun siendo, en el presente estado de cosas, ridículo. Permítame subirme el ánimo (hoy ya es viernes) iniciando una serie de lo que he venido en denominar “iconos posibles”. Déjeme que me desahogue con este popurrí caótico (con temáticas dispares) de pequeñas posibilidades a aplicar en esta isla, quizás buenas ideas, algunas probablemente discutibles. En cualquier caso, empiezo con estas:
Racionalización del reparto de fondos entre ONGs y asociaciones
Supongo que conoce el papel que desempeñan estas organizaciones en nuestra sociedad. Lo que quizás desconoce es la forma en la que desde las administraciones públicas insulares se reparten los fondos públicos entre ellas. Yo se lo cuento. Clientelismos políticos apartes, el criterio predominante y comúnmente aceptado es el de “si estabas, seguirás estando”. Es decir, en función de lo que recibiste el año pasado, recibirás este.
Pero –usted podrá alegar– si estos colectivos reciben dinero público en función de su contribución a la sociedad, ¿no sería más lógico ponderar dicha contribución y redistribuir en base a ella nuestro dinero? Técnicamente es perfectamente posible: se establece un concurso en el cual los aspirantes asumen una serie de compromisos mediante proyectos: atenderé determinadas necesidades, de determinado número de ciudadanos… que costearé de determinada manera. En función de la pericia en el aprovechamiento de los recursos y de la urgencia de las necesidades a cubrir, etc., se reparten los fondos. Y se exigen resultados.
Se premiaría con ello (mediante criterios públicos y demostrables) a los más eficientes y, no menos importante, nos ahorraríamos unos cuantos miles de euros cuyo gasto no es justificable en rigor por la actividad de los actuales beneficiarios.
Alumbrados municipales eficientes
Supongo que ha oído hablar de los LEDs. Si no es así, pronto probablemente lo hará, ya que se trata de dispositivos de iluminación bastante más eficientes que las ya generalizadas bombillas de bajo consumo. Obviamente es un producto en expansión y con posibilidades de negocio muy interesantes. Le comento una.
Usted, distribuidor de LEDs, se acerca a un ayuntamiento y le propone el siguiente trato: le cambio total o parcialmente su alumbrado municipal y, como sé que usted no podrá pagármelo, le ofrezco hacerlo dándome cada mes el ahorro en la factura eléctrica que va a lograr, hasta un precio total establecido por el cambio. De esta manera, dentro de unos pocos años, usted verá reducidos sus altos costos en la factura de la luz, sin el más mínimo esfuerzo presupuestario.
¿Suena bien verdad? Si se anima, le recomiendo acudir a una agencia de viajes, porque en Lanzarote varios ayuntamientos han rechazado el trato.
Estimado Sergio, éstas ideas, buenas ideas, junto a otras muchísimas similares ideas, de optimización de costos, como la adaptación de perlizadores de agua o aireadores, la contenurización para recogida selectiva de residuos, la concesión de varias y diversas licencias para la gestión de residuos, NFU ( neumáticos fuera de uso ), aceites orgánicos usados, papel usado, lamparas, medidicamentos, residuos peligrosos ( simples apósitos de gasa…), etc, etc, etc, todo ello, bajo la dotación de elementos con carácter de inversión privada y bajo un plan de amortización retributiva, como bien apuntabas, es sencillamente imposible, porqué?, porque todo gira en torno a la “MAMANDURRIA”; término que en el mundo financiero significa, operaciones de alto rendimiento a corto…
[...] de nuevo, desconocido lector. Considero que la semana pasada ya me disculpé lo suficiente por esta breve serie de artículos en forma de inconexa “carta a [...]