El secreto mejor guardado

Natalia Jiménez Marsá

En 1992 se elaboró el Convenio de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, cuyo objetivo era la conservación de la biodiversidad, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios de los recursos genéticos. Como dice Jeffrey Sachs en su libro “Economía para un planeta abarrotado”, este compromiso de ralentizar la pérdida de biodiversidad antes de 2010, por el caso que se le ha hecho, debe considerarse el secreto mejor guardado del planeta. La ONU declaró el año 2010 como el año Internacional de la Biodiversidad y también debe ser un secreto para el Gobierno de Canarias porque si no no hubiera aprovechado la fecha para reducir el 50% del Catalogo de especies protegidas.

EE UU firmó el Convenio, pero jamás lo ratificó porque agricultores y rancheros se aliaron para defender su derecho a aprovechar los pastos por encima de la conservación de la biodiversidad del planeta. España lo firmó y ratificó, pero ya sabemos que para nosotros lo que decimos no tiene que guardar coherencia con lo que hacemos.

Al ritmo que están despareciendo las especies, nadie niega que estamos inmersos en la Sexta Extinción masiva y ésta no ha sido provocada por causas naturales como la Quinta –la de los dinosaurios–, sino que está siendo provocada por la especie humana. El “hombre” sigue ignorando su mayor problema, la crisis ecológica que está provocando y actúa como si no pasara nada.

Es cansino repetir lo que ya sabemos pero, sin embargo, es imprescindible seguir haciéndolo. Hoy sabemos que si la interrelación de las diferentes partes de un ecosistema se ve alterada, aunque sea por un pequeño cambio, puede originar cambios bruscos e incluso catastróficos. Ya se han registrado cambios acelerados, bruscos y potencialmente irreversibles como la aparición de nuevas enfermedades y el colapso de las pesquerías. El florecimiento de algas, causado por el incremento de la carga de nitrógeno procedente de las zonas agrícolas, provocando la muerte masiva de peces y zonas muertas en el mar. Los corales están siendo sustituidos por algas debido al descenso de las poblaciones de peces que se alimentan de esa algas. La desertización se ha disparado de forma alarmante. También se ha registrado la vulnerabilidad masiva ante riesgos naturales, como el incremento de inundaciones o las sequías, los deslizamientos de tierra y las tormentas, la pérdida de cosechas causada por plagas, la destrucción de la biodiversidad, la erosión del suelo o la contaminación del agua.

Serán necesarias acciones a escala planetaria para reducir el impacto humano sobre los hábitats naturales, aumentando las zonas terrestres y marinas protegidas por ley. Medidas y acciones para limitar la introducción de especies invasivas y controlar el comercio ilegal de especies exóticas. Para reducir el crecimiento de la población humana. Para evitar la contaminación. Para evitar la sobreexplotación de lo común –pesquerías marinas, lagos, animales salvajes, bosques tropicales–. También sería necesario evitar la deforestación, pagando a los países con bosques tropicales para que preserven su biodiversidad y retengan el carbono en los bosques, en lugar de pagar para que los talen, comprándoles la madera.

Es urgente proteger las pesquerías antes de agotarlas, recuperar los caladeros colapsados, mejorar los que están menguando y preservar los pocos que todavía están en buen estado; prohibir la pesca de arrastre y otras prácticas destructivas.

Deberíamos hacer un esfuerzo científico a escala mundial para la conservación de la biodiversidad. Crear una comisión internacional sobre biodiversidad que fijara los precios y regulara los servicios de los ecosistemas. Por ejemplo, cuánto hay que pagar a los que consiguen conservar especies amenazadas o cuáles son las multas por contaminar.

Según los datos aportados por Sachs en 2008, los costes de la conservación internacional: proteger de manera sustancial el 70 por ciento de la flora y fauna de las tierras habitadas costaría 30.000 millones de dólares, para preservar los veinticinco lugares más importantes del planeta en términos de biodiversidad, incluidos los bosques tropicales.

Una red mundial de reservas naturales, que abarque entre el 20 y el 30 por ciento de los océanos, costaría entre 5.000 y 19.000 millones de dólares al año, que podrían reunirse recortando las subvenciones a la industria pesquera. Es un coste asumible, son cifras pequeñas si las comparamos, por ejemplo, con el presupuesto militar, de 2008, de Estados Unidos (500.000 millones de dólares), Rusia (40.000) o España (12.000). Sólo tenemos que decidir si entre nuestras prioridades está preservar la vida de nuestro planeta.

Publicado el 8 de junio de 2010 a las 8:00 am en 'Medio ambiente'.

1 Comentario

  1. 8:02 | 29 septiembre 2010 | Permalink

    [...] por la ONU Año Internacional de la Biodiversidad, como decía en mi anterior articulo “El secreto mejor guardado“. Por eso me parece pertinente volver sobre la amenaza que pende sobre la vida de nuestro [...]