Jorge Marsá
La diversificación de la economía es una de las ideas más repetidas en Lanzarote, no hay programa político que no la recoja ni informe o estudio sobre el futuro que no se refiera a ella. No puede extrañar, por tanto, que ocupe también un lugar destacado en el Avance del PIOL: “Ezquiaga señaló que el nuevo PIO tiene el objetivo principal de diversificar la economía” (La Voz de Lanzarote). Como resulta igualmente habitual que se ponga un “especial interés en el sector primario para reducir la dependencia alimentaria del exterior” (Diario de Lanzarote). No hay sorpresas en este aspecto en la nueva propuesta; por desgracia, tampoco las hay en la forma en que se aborda el mantra de la diversificación de la economía.
Comienza José María Ezquiaga con un análisis que no se compadece con la realidad: “la agricultura es también un elemento esencial de la economía”. No lo es ya en ningún país desarrollado: la agricultura apenas aporta el 2% de la riqueza en España, y para alcanzar esa cifra en la UE-15 hay que incluir todo el sector primario. Y menos en Lanzarote, donde la agricultura es un elemento claramente marginal de la economía: el 0,5% del valor de lo que producimos. ¿Puede dejar de serlo? La realidad es que no, pero nos cuentan que sí.
Según el redactor, “el Plan da normas para que pueda haber una agricultura rentable”. Ya es mucho pensar que un plan de ordenación territorial pudiera lograr una agricultura rentable, más aún si la actividad no es rentable en casi ningún lugar de Europa –por eso necesita ser subvencionada–, y menos lo podrá ser en un lugar que se distingue por la escasez de los dos elementos, estos sí, esenciales: el agua y el suelo fértil. Pensar que la agricultura puede llegar a ser un elemento siquiera importante de la economía insular parece el sueño de una noche de verano (lo que no significa, desde luego, que no haya que cuidarla y subvencionarla). Por poco que se entienda de economía, la predicción es sencilla: la agricultura continuará siendo un sector marginal de la economía insular y, por muy bien que se haga, su incidencia sobre el empleo seguirá siendo anecdótica (el 1,35% en 2008). Cierto que Ezquiaga no ha llegado a la fantasía de algunos de que el objetivo debería ser la autosuficiencia alimentaria, pero seguimos en el terreno de la fantasía si imaginamos que se puede reducir de forma significativa la dependencia alimentaria del exterior de una población de 200.000 personas en un desierto de 845 km2.
Estoy por escuchar un discurso o leer un documento en el que se plantee la diversificación económica de forma medianamente seria en Lanzarote. Amén de la fantasía sobre el relanzamiento del sector primario, que además resultaría ecológicamente insostenible, no conozco más que referencias a la posibilidad de crear un sector industrial relacionado con la desalación y otro con las energías renovables. O pensamos en algo tan modesto como el mantenimiento de los parques eólicos y fotovoltaicos y las plantas de desalación que compremos en el exterior, o estaríamos ante otra fantasía: la de que es posible tener un sector industrial de tecnología competitiva a trasmano de los mercados y sin ingenieros ni universidad.
Lanzarote no reúne prácticamente ninguna de las condiciones que hacen posible la creación de empresas que puedan competir en la nueva economía del conocimiento más allá del turismo y los servicios a los turistas y residentes. La isla carece de la masa crítica suficiente para conformarse como un nodo atractivo de la red de la sociedad de la información, ni siquiera tiene una ciudad que concentre y potencie la creatividad: Arrecife es a casi todos los efectos un pueblo, no una ciudad. No tenemos universidad , y mucho mejor no tenerla que la que nos proponen en Tahíche. La mayoría de los jóvenes lanzaroteños de especial talento tienen que abandonar la Isla si quieren trabajar en los mejores lugares. Nuestras posibilidades de atraer talento ajeno son insignificantes. Los emprendedores son una especie ciertamente escasa, más escasa desde luego que la de los depredadores. La innovación y la productividad se ven penalizadas por una mediocre clase política que controla buena parte de la economía por medio de licencias, concesiones y contrataciones.
El caso es que toda la literatura sobre la diversificación de la economía se ha construido hasta la fecha obviando la realidad insular. Y si atendemos a esa realidad, nos damos cuenta de que, por muy bien que se hagan las cosas, el “elemento esencial de la economía” insular continuará siendo el turismo, y esperemos que su importancia no sea nunca mucho menor que la actual, porque eso querría decir que la economía lanzaroteña habría ido de mal en peor. Mal estamos, pero si no queremos ir a peor, mejor no dejarse llevar por las fantasías a la hora de hacer proyectos de futuro.
Estimado Marsá
El artículo es acertado y valiente porque pretende ver la realidad sin adscripción previa. Y lo consigue. A mi juicio te honra. Ahora, yo sí creo que Lanzarote puede ser eje de proyectos de I+D+I (el centro de transformación de la cochinilla, si se entendiera en toda su amplitud y complejidad, es uno de ellos); lo único que hay que hacer es pensar un poco, romper los límites estrechos de lo que consideramos “que se puede” y “lo que no se puede hacer”, y avanzar en esa línea. ¡Ah!, y ojo: no todos los proyectos verdaderamente innovadores en Lanzarote tendrían que ver con el sector primario.
No siempre coincido contigo, pero te animo a que sigas siendo un librepensador, alejado del pensamiento políticamente correcto.
Un abrazo
Gloria Artiles
[...] Lo que no parece solución es un bienintencionado sueño de noche de verano: “La apuesta del plan por la diversificación de la base económica”. Agricultura rentable, como si fuera posible; y energías alternativas, como si pudiéramos comer electricidad. En fin, un imposible. (No me extiendo más, porque ya lo escribí cuando se hizo la propuesta en el mes de junio: “La diversificación de la economía”). [...]