Jorge Marsá
El redactor del nuevo PIOL, José María Ezquiaga, declaró que se diferenciará del viejo por “ocuparse de más aspectos”: “antes parecía como si el Plan Insular tuviese que ocuparse sólo de las nuevas camas y si cabían más campos de golf o no” (Diario de Lanzarote). Cualquiera diría que no se ha leído el PIOL vigente o la Estrategia Lanzarote en la Biosfera y los textos del Programa Life que la continuó, que no sólo se ocupan de más aspectos, sino que se ocupan prácticamente de todos los aspectos. Se equivoca Ezquiaga, su PIOL continuará una tradición muy arraigada en Lanzarote, la de creer que el Plan de Ordenación Territorial viene a ser como los viejos planes quinquenales soviéticos.
Cuando se habla de ordenación territorial en Lanzarote, todo es grandilocuencia: “una herramienta que permitirá responder a las necesidades de la isla”, decía el presidente del Cabildo, y probablemente reflejaba bien lo que piensa casi toda la clase política. Y en los medios de comunicación… pues me limitaré al Canarias7 del pasado domingo: “Lanzarote planifica su futuro”. “Un vuelco a la isla”. “Está sobre la mesa, en realidad, qué modelo de desarrollo escogerá la isla”.
Así que estamos muy acostumbrados a lo que nos propone Ezquiaga. De hecho, apenas nadie se limitará a pensar en la ordenación del territorio en el debate –si es que lo hay– sobre el nuevo PIOL. Por el contrario, la mayoría seguirá al redactor del Plan Territorial al adjudicarle todo tipo de propiedades curativas: podrá transformar un modelo insostenible en “un modelo de desarrollo integrado de toda la isla”, lograr la “diversificación de la economía”, “modernizar el turismo”, “potenciar el sector primario”, “reducir la dependencia hídrica y energética”, “garantizar la calidad de vida del residente”, “mejorar el transporte colectivo”, etc. Como se ve, las propiedades curativas del nuevo PIOL son tales que más parece un remedio mágico para todo. Vamos, que parece lo mismito que el viejo o que la Estrategia.
Por lo tanto, resulta verdaderamente curioso que los profesionales de la sostenibilidad, los políticos y los periodistas sigan planteándonos las cosas como si no tuviéramos experiencia, como si no hubiéramos comprobado ya en varias ocasiones para qué han servido los grandilocuentes planes que nos vendieron. Porque hay que recordar que el PIOL vigente preveía toda una batería de actuaciones en muy diversos campos y que lo mismo hizo la Estrategia, y que ni una sola de las brillantes intervenciones previstas llegó a convertirse en realidad. Planes para todo que sirven para poco.
La realidad nos indica que la ordenación del territorial solamente ha tenido dos aciertos en Lanzarote, los dos que se centraban precisamente en la ordenación del territorio: limitar el crecimiento turístico a tres núcleos urbanos y desclasificar camas. De resto, puro cuento. Y ahora nos dicen que de detener el crecimiento turístico nada, que nos olvidemos de la realidad, que es muy triste, y nos entretengamos con los cuentos. Y nos lo cuentan como si fuera novedad, como si no nos hubiéramos convertido ya en avezados lectores de literatura sostenible y como si no supiéramos que, pese a todos los planes de sostenibilidad, el desarrollo lanzaroteño se sigue distinguiendo por su radical insostenibilidad, precisamente porque de esos planes para todo no se ha aplicado prácticamente nada. Ya lo dice el refrán: “quien mucho abarca, poco aprieta”.