B. M. Fajardo
Nuestro sistema de vida tiene que cambiar urgentemente. Nuestro planeta no puede resistir tantos accidentes, naturales o provocados, como los que está sufriendo. Tendremos que aprender a vivir de una forma más acorde con la naturaleza o acabaremos con ella antes de lo que pensamos.
El petróleo tendrá que dejar de ser prioritario en nuestras energías. Además de que se acaba es que no se puede transportar de un país a otro como se ha venido haciendo hasta ahora: con barcos viejos que dejan escapar su carga o con sistemas para su extracción como el que ahora está infectando el golfo de México causando una catástrofe, en mar y tierra, de unas proporciones que nunca sabremos con certeza.
Aunque los responsables se responsabilizaran de ello, nunca se podrá recuperar lo que se está perdiendo; la flora y la fauna de este lugar van a desaparecer y es probable que nunca puedan volver a vivir en él. El paisaje ya no será el mismo. Nos estamos acostumbrando a ver cómo se altera sin inmutarnos: las aguas de los ríos sucias, los bosques quemados, la perdida de algas en el mar, de plantas y animales que desaparecen de nuestro entorno. No es una broma, todo esto dificulta nuestra vida cotidiana, la hace más inhóspita. Hay que ponerle remedio.