Jorge Manuel Gentil
“El periodismo que tenemos”, es el cierre de la nota que Rafael Cano publica en La Opinión, en referencia al silencio de algunos medios sobre un comunicado de los presidentes de los cuatro partidos que gobiernan el Cabildo de Lanzarote. Dicho comunicado hace referencia a lo que denominan como hechos denunciables, referidos a la labor de asesor de Mario A. Perdomo en los Centros de Arte, Cultura y Turismo durante el mandato de Carlos Espino. Se queja Cano, igualmente, de que la noticia no haya tenido el mínimo eco en muchos medios locales y provinciales, lo cual ignoro si se debe a una latente aversión a Perdomo, o a la creencia de que si no se publica se comete un grave atentado al deber de informar.
La difusión de determinadas noticias, aunque las mismas sean puestas en cuarentena por determinados medios, y magnificadas por otros, logran el efecto esperado. Una lluvia de comentarios dirigidos al que es objeto de la unanimidad de los cuatro partidos firmantes, salpicados de los apoyos puntuales de quienes no dan por veraz el contenido de la información, deja un pozo de incertidumbre en la sociedad, y el juicio público emite su condena de culpabilidad antes de que los cuatro cursen la oportuna denuncia en los juzgados, que es lo que correspondería, ni que el denunciado tenga tiempo de abrir la boca, si realmente deseara hacerlo.
La reacción de los presidentes de los grupos políticos parece surgir de las supuestas ofensas inferidas por Perdomo, que no han tenido antes puntual respuesta, más allá de la acumulación de cruces en el cuaderno de las venganzas pendientes, para acabar finalmente emitiendo semejante comunicado a modo de vendetta, que bien podrían haber sido respondidas por los aludidos. Quien opina sobre las capacidades de unos y otros, sobre lo que es o no un buen gobierno y manifiesta las preferencias sobre unos o sobre otros, lo que hace es opinar, e, íntimamente pretender convencer de que hay opciones políticas por las que, sobre su particular opinión, merecen ser secundadas en detrimento de otras opciones.
Tocaría haber respondido contando las excelencias de la gestión que se realiza, o negando categóricamente que Espino sea una beldad o vaya mejor peinado. El lector de las crónicas de Perdomo deberá establecer el grado de crédito que otorga al periodista, y de la lectura de sus artículos podrá divertirse, sentirse aludido o leerlo y olvidarlo. Los medios televisivos y algunos de prensa escrita, si atendemos a la dinámica que se observa principalmente en la televisión, de manera general ofrecen la carnaza que se les brinda, falsa o imaginada, tendenciosa siempre, y algunos medios son expertos en crear la suya propia. Se esperan de todo ello las respuestas que se multiplican hasta el infinito en forma de réplicas, puntualizaciones, desmentidos y acusaciones que alarguen la noticia, y cuyos beneficios son la audiencia o la venta de ejemplares. En ese largo tránsito intestinal queda cuestionado alguien, a la espera de que el tiempo, o un juzgado, pongan las cosas en su sitio. Si es culpable, que apenque con lo que le toca, pero si es inocente, un rastro delictivo le habrá perseguido durante meses o años.
En el contexto de la más que cuestionada limpieza de lo público, se da la desgraciada circunstancia de que hay que silenciar a algunos, y si se logra por la vía de que la ciudadanía acabe afirmando que todos son iguales, periodistas políticos o asesores, se habrá logrado que personas, como Perdomo, al que se pone en cuestión, a priori parezcan exactamente igual que algunos de ellos, lo que a sus ojos le quita hierro a los supuestos hechos delictivos propios o de los imputados que les acompañan en su viaje de la actividad pública (que no política), compañeros de partido, exalcaldes, expresidentes, exconcejales, concejales, exconsejeros…
La cuestión pudiera estar entre Mario A. y los presidentes de los grupos políticos, y la inquietud me asalta cuando pienso en el objeto de publicitar las dudas sobre supuestos hechos que alcanzan la falsedad documental y la malversación de fondos, sin aportar las pruebas que lo acreditan. Me preocupa, igualmente, si la prensa no debe ejercer determinados filtros, como alguna ha hecho, como es solicitar las pruebas en el que aquellos se apoyan para lanzar a la calle una noticia que, de ser falsa, genera un daño difícilmente enmendable. Habrá otros que piensen que la libertad de expresión siempre conlleva el deber de difusión y que son los juzgados los encargados de determinar la veracidad o no de lo manifestado por los cuatro grupos políticos, y por tanto los veredictos de inocencia o de culpabilidad. El deber de contraste previo, a mi juicio, viene siendo deliberadamente olvidado por determinada prensa, y los medios que han optado por poner en cuarentena el contenido de la nota son puestos en duda. ¿No será que han obrado con prudencia?
Si el deber de informar carece de límites, bien podría interesarme enviar a los medios un panfleto afirmando que tal funcionario ha extorsionado a determinados empresarios con fines de enriquecimiento ilícito y en tanto se resuelve el asunto, dilatando el procedimiento e intentando sortear la responsabilidad que se derive de una falsa denuncia, dejamos su crédito por los suelos, ¿es todo publicable, o han vulnerado algunos medios el deber de informar cuando han omitido amplificar tan poco institucional panfleto?
No termino de entender el alineamiento del PP con PIL, PNL y CC.
Pero el motivo de esta falta de entendimiento no tiene una base ideológica, pues entiendo que “falsos nacionalistas” (y auténticos también) se puedan entender con quienes defienden una identidad diferente, sino estratégica y ética.
Parece que los populares actúan bajo la premisa de que los enemigos de su adversario son su amigos y, por lo tanto, va con ellos de la mano.
Bien haría el PP es saber diferenciar lo que es la actividad de gobierno, con unos socios ya de por sí cuestionables, y la actividad partidista. Si en la primera se entiende la acción conjunto, en la segunda resulta inexplicable si se quiere presentar un alternativa diferenciada.
El PP de Lanzarote está desperdiciando su mayor crédito, que no es otro que ser el único partido de la isla que, habiendo tenido responsabilidades de gobierno, no ha sido salpicado por la corrupción. Es por ello que sorprende que quien no se ha visto salpicado se empeñe en meterse en tremendo lodazal.
Ademas, el PP cae en una evidente contradicción. Si el PSOE actuó de forma contraproducente mientras gobernó en el Cabildo, lo hizo con un cómplice necesario que es tan responsable como el objetivo de los dardos populares. En el caso que denuncia “el grupo de los cuatro” una cuarta parte del mismo formó parte del gobierno que la oposición de entonces calificó como el de los contratos de 30.000 euros.
Sobre la forma de actuar del PIL no voy a opinar, pues su criterio y formas no obedecen a ninguna consideración ética y su cinismo le llevan a negar la obviedad con cara de póker.
Alguien dentro del PP debería aconsejarle a su dirección que cambien su estrategia, que hagan un esfuerzo por demostrar que son el partido que necesita Lanzarote y que con ellos un triste pasado en que los partidos creían que las instituciones públicas eran su herramienta particular se terminará. Es lo que necesita Lanzarote y espero que alguien se lo ofrezca.
Estando bastante de acuerdo con el fondo del artículo, opino sin embargo que era obligación de los medios publicar la nota o hacerse eco de la misma, por el simple hecho de esta venía firmada por quienes venía firmada. No ocurre todos los días que cuatro partidos que gobiernan juntos se pongan de acuerdo para emitir un comunicado contra un individuo concreto, que encima no ostenta cargo público alguno ni tiene ningún puesto orgánico en el partido rival. Lo queramos o no, estemos de acuerdo con el comunicado o no, nos parezca más o menos patético o lamentable, la noticia estaba ahí y había que darla. Eso sí, lo suyo era publicarla dejando claro que no se aportaban pruebas de ningún tipo que apoyaran lo que la nota sostenía.
Que M.A PERDOMO diga si ha cobrado o no 166.000 euros, que aporte los trabajos entegrados etc… Que pasa que ahora la gente de izquierdas ve bien que se silencien determinadas cosas porque afecte a uno de los suyos. No señor. En estos casos lo importante no es el quien sino el qué. Por lo demás, saben porque creo que Mario no va a demandar a nadie porque porque el juez es probable que sentencie la veracidad de los datos.
Por cierto, Gentil nunca vi que te rasgaras las vestiduras cuando Mario afirmaba cosas sin aportar la documentación en los medios.
Menos amiguismo y más objetividad, o es que en esta Isla no se salva ni Dios, JODER!!!!!!!!!
Para Cambios:Tranquilo ya falta poco…
Aiga pas y concordia, hermanos conejeros.
[...] jueves pasado, Jorge Manuel Gentil publicó aquí un artículo, “Deber de informar”, cuya argumentación bien podría utilizarse para justificar que Crónicas de Lanzarote y [...]