Jacques Attali
[Fausto Pretelin Muñoz de Cote. El Universal, 17 de octubre de 2008]
La lucidez y el futuro cohabitan en el ímpetu del inquieto. Jacques Attali ayudó a Mitterrand a repensar la política económica francesa después de un desafortunado inicio de gobierno. Era 1981 pero Attali ya se encontraba pensando en la caída del Muro. Una tarde, Attali le recomendó al presidente Mitterrand la renovación del partido a través de cuadros juveniles. Le mencionó a Ségolène Royal y a François Hollande. No se equivocó. Veinte años después ella fue candidata a la presidencia y él la cabeza del partido socialista. En efecto, la lucidez y el futuro cohabitan en el ímpetu del inquieto. Hace algunos meses Sarkozy invitó a Attali para que encabezara un comité de sabios cuyo único objetivo es la articulación de una estrategia económica para el crecimiento de la economía. En el pragmatismo de Attali existe una consistencia, su inteligencia.
Jacques Attali, el respetado soberbio que ilumina los salones del Eliseo, siempre se desplaza por el eje del tiempo a una velocidad intuitivamente superior que sus colegas. Hace dos años, Jacques Attali publicó Breve historia del futuro (en español se publicó el año pasado en la editorial Paidós aunque a México llegó en 2008) en el que vislumbra un 2050 aterrador: muerte de la democracia a manos del mercado; gobierno de las empresas; efectos finales del paroxismo individualista en el ser humano; la caída del imperio estadounidense tendrá varias décadas de haber ocurrido; surgimiento de las tribus nómadas obsesionadas por la tecnología; victoria de la cultura del espectáculo mediocre.
En la primera parte del ensayo Attali nos regresa al pasado para describir las características de lo que él llama “ciudades-corazón”. Brujas, Venecia, Amberes, Génova, Nueva York, Los Ángeles. Ciudades que detonaron el comercio desde 1400 antes de que se intangibilizara la presencia de Google en el planeta, en 2008. Del campo a la ciudad; de la comunidad a la soledad; de la austeridad a la ambición; del Estado al mercado. ¿Y la democracia?
El perfil de Jacques Attali embona con los principios básicos de la globalización: movilidad, cohabitación y comercio. Sin embargo, se manifiesta contra la anarquía del mercado, que encuentra, en las orgías de las desregulaciones, su seguro de vida.
Attali sitúa en las empresas de seguros y de entretenimiento la base de la economía global, es decir, de la gobernabilidad, durante los próximos 30 años. Las primeras coaccionan a los individuos. Nos dicen cuánto debemos de pesar para ser susceptibles de ser asegurados. ¿Fumar? ¿Beber? ¿Usted es ludópata? ¿Juega más de cinco horas diarias al Wii? ¿Usted utiliza su iPhone a las 3:30 de la mañana? Si a todas las interrogantes usted contestó de manera afirmativa, entonces lo sentimos mucho. No pude ser asegurado. Y qué decir del entretenimiento autovigilante de la red y de la mediocre savia que escurre a chorros de la cultura del espectáculo. El futbol y su Constitución, es decir, el conjunto de leyes que emanan de la FIFA se convierten en el principal distractor y fuente de habladurías populares. Hablar, hablar sin decir una sola idea.
La lectura de Breve historia del futuro remueve reflexiones. Estimula la idea de abandonar los paradigmas de la economía del libre mercado convertida en religión y del socialismo trasnochado cuya fe en el Estado deriva en fanatismo de secta.
Del brumoso 2008 se alcanza a percibir ese pequeño faro reflexivo que detona la esperanza por el futuro; por la preocupación de un futuro que construimos en el presente: Breve historia del futuro.
Jacques Attali
Breve historia del futuro
Paidós. Madrid. 2007. 243 páginas. 24 euros.