Clara Beltrán
España necesita reformas. Reformas educativas, reformas laborales, estructurales, sociales. Sin embargo, el “no” al cambio antecede a la reflexión, como un acto reflejo de una sociedad que se ha creído merecedora de todo, pero obligada a nada. Esta realidad no es más que un síntoma del apalancamiento generalizado que sufre un país que masivamente sólo se moviliza con el fútbol.
Es curioso cómo decimos no a la subida de impuestos pero exigimos más prestaciones sociales y una sanidad universal y generosa, o cómo decimos no a la ampliación de la jubilación a los 67 años cuando cada vez cotizan menos personas a la Seguridad Social y se dice en varios estudios que a partir del 2020 las pensiones estarán en riesgo. Estamos entrando en una espiral peligrosa de no aceptar la realidad o buscar culpables externos a un problema que es responsabilidad de todos.
Tomando como referencia el ámbito local, me han llamado la atención dos hechos puntuales: la movilización convocada por los sindicatos en contra del “pensionazo”, apenas seguida por varios centenares de personas, y el anuncio de Astrid Pérez, consejera de los Centros Turísticos, de acabar con algunos derechos elevados a la categoría de inalienables por parte de los trabajadores de los CACTS. En el primer caso, tenemos a unos sindicatos incapaces de crear conciencia colectiva en torno a su liderazgo en la lucha obrera y, en segundo lugar, tenemos la valentía y el oportunismo de una consejera que asume su liderazgo político a la hora de establecer un nuevo modelo de gestión en teoría más rentable, pero que choca con unos trabajadores que se niegan a ser más flexibles.
Los sindicatos insulares parecen haber perdido la brújula y la memoria al no entender que parte de su arrinconamiento se debe a que han permanecido en el letargo durante los años en los que el desempleo era insignificante en la Isla. Ahora pretenden que se modifique el propio modelo de contratación (muy precario y muy afectado por la temporalidad) cuando ellos han sido partícipes o testigos mudos de esos desajustes, lo que ha generado una población acostumbrada a la precariedad laboral. ¿Para qué una acción sindical cuando no están en juego mejoras laborales, sino el propio puesto de trabajo?
Por otro lado, la consejera de los CACTS sí está haciendo un esfuerzo por hacer conscientes a la población del problema que nos acecha, pero se encuentra con el obstáculo de la protesta refleja, irreflexiva e injusta de un comité de empresa que ha permanecido mudo durante un periodo (con Carlos Espino a la cabeza) en el que las pérdidas han ido aumentando y en el que no se ha hecho nada por ponerle el cascabel al gato.
Un sindicalismo de protesta no es precisamente lo que parece más necesario en este momento, porque aumentará el ruido, pero no solucionará el problema. Un sindicalismo negociador, dialogante y comprometido sí es el camino. Claro que para ello hay que posponer la pancarta y optar por el análisis y el diálogo con políticos y empresarios.
Vivir de espaldas a la realidad o no comprender que en nuestra mano está establecer las bases de un futuro más próspero, lo resumo en una anécdota personal: esta semana un par de conocidos me confesaban que iban a continuar unos meses más en el desempleo como quien se ha tomado un periodo sabático. ¿Creen ustedes que con esta mentalidad podremos superar el bache? ¿No es para ponerse serios?
Las crisis ayudan a reflexionar y a cambiar y modificar malos hábitos. Esperemos que los sindicatos entiendan.
Hola Clara: Artículo un pelín parcial, parece que toda la culpa de la crisis la quisieras trasladársela a los sindicatos y no es el caso.
El “sistema” al que nunca se le cuestiona y se le defiende a ultranza, ha pasado por diferentes crisis desde la gran depresión 1930, hasta esta última de 2008. En todas ellas, las castas dominantes son las que nos han llevado a esas situaciones, con el apoyo de los partidos políticos. No olvidemos que las diferentes modalidades de contratación han sido aprobadas en el parlamento, entre ellas los “contratos basuras”.
Es verdad que los sindicatos se han olvidado de que su mejor herramienta es la movilización y se han acomodado en un status de gestión, mal entendida por la clase trabajadora y distanciada de los jóvenes que acceden al mercado de trabajo en condiciones degradantes.
Para terminar, un sindicalismo reivindicativo no está reñido con la práctica del dialogo y la negociación. Olvidándose, eso sí, de planteamientos maximalistas.
Efectivamente Isidoro estoy de acuerdo en que todos tenemos culpa (poderes políticos, empresarios, pero también los trabajadores que abdican o se acomodan). No podemos evadirnos de la crisis, porque a todos nos afecta, pero los sindicatos en esta isla han estado a mi entender demasiado agazapados, y para que los cambios se ejecuten con el menor daño posible hay que actualizar las estretegias.Los sindicatos también están en crisis, ya que muchos trabajadores han dejado de confiar en ellos. Un saludo.