Jorge Marsá
El desarrollo de la ciencia médica ha permitido un grado de salud en las actuales sociedades ricas que hubiera parecido imposible hace un siglo. Sin embargo, las expectativas de salud de los ciudadanos crecen a un ritmo que la ciencia y los sistemas sanitarios son incapaces de colmar. Quizá así se explique el éxito de los curanderos en pleno siglo XXI, que puede comprobarse en el extenso y “ecuánime” reportaje que El País publicó el sábado: “La homeopatía, ¿quimera o ciencia?”. Por el contrario, el Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento Británico consideraba hace un par de semanas que no tiene sentido la ecuanimidad cuando se trata de contraponer la medicina y el curanderismo: “Gran Bretaña debe eliminar la financiación pública de los tratamientos homeopáticos” (El Mundo).
Desde el punto de vista de la ciencia, ¿qué es la homeopatía? Según el comité británico: “tratamientos científicamente inverosímiles” o “tratamiento con placebos”, y “recetar sólo placebos es practicar mala medicina”. Más ocurrente la definición de Michael Baum, profesor emérito de cirugía en el University College de Londres: “La homeopatía es a la medicina lo que la astrología es a la astronomía”. En fin, “la medicina del agua”, que dice Joan Ramon Laporte, jefe del servicio de farmacología del hospital de Vall d’Hebron de Barcelona. ¿Y desde el punto de vista de los homeópatas? : “Los partidarios admiten que aún no se ha demostrado la forma de curación”.
Lo que sí se ha demostrado ya es que no hay base científica que avale la homeopatía ni el resto de las llamadas medicinas alternativas. Y cuando la investigación científica ha sido más minuciosa, la conclusión es que las medicinas alternativas tienen el mismo efecto que el placebo. Y para muchos funcionan, porque el efecto placebo puede ser muy poderoso: cerca de un 30 por ciento de los pacientes de ensayos clínicos se sienten mejor después de tomar un placebo en forma de píldoras o inyecciones. Por lo tanto, esta medicina es “alternativa” por una buena razón: no funciona. O como dice Raymond Tallis, distinguido filósofo y profesor emérito de medicina de la Universidad de Manchester, “la medicina alternativa es la medicina que la gente tomaba cuando no había alternativa”.
Pese a que hoy sí hay alternativa, las medicinas alternativas se expanden y se multiplican: homeopatía, acupuntura, quiropráctica, terapia craneosacra, dietas de detoxificación, reflexología, aromaterapia, colorterapia, zumoterapia, etc. Y los libros de los curanderos más famosos se venden en abundancia. Decía Séneca que el hombre es un animal racional; hoy sabemos que es también irracional. Tan irracional como para creerse la palabrería de los nuevos curanderos, para incluir sus remedios en algún sistema nacional de salud, o incluso para poner en peligro la salud de sus hijos (como hicieron algunos miles de padres en Gran Bretaña hace una década al negarse a que vacunaran a sus hijos con la triple vírica, animados por curanderos y algunos conocidos políticos de izquierda como el alcalde de Londres, Ken Livingstone).
Claro que ya sabemos que en muchas ocasiones la irracionalidad no puede combatirse con racionalidad, que “la fe mueve montañas”. Y la fe no se limita a creer en el poder curativo de las medicinas alternativas, sino que hay creencias esotéricas para todo y para todos, como nos cuenta Damian Thompson en su libro Los nuevos charlatanes:
Desde los tiempos de la Ilustración disponemos de una metodología científica y del utillaje intelectual que nos permite establecer la veracidad o falsedad de afirmaciones científicas e históricas. Y sin embargo asistimos, consternados, a un alud de cháchara pseudocientífica que no resiste un análisis serio. Con la paradójica ayuda de la técnica –internet–, millones de personas en todo el mundo “compran” las tonterías de los nuevos charlatanes.
Y en Lanzarote andamos bien de servidos de irracionalidad, de “compradores” de medicinas alternativas o de personas que tan pronto se afanan por desvestir a El caballero de la armadura oxidada como tienen Las nueve revelaciones o escuchan Las voces del desierto.
Mejor no desprecies lo que no conozcas o no entiendas.
Muchas de las llamadas medicinas alternativas llevan miles de años curando y curan enfermedades con las que la medicina occidental ortodoxa no puede.
También puedes revisar tu fe ciega hacia los “científicos” pagados por grandes empresas farmaceúticas.
En vez de menospreciar el efecto placebo mejor sería estudiarlo, ya que también consigue curar en un porcentaje considerable.
No es menos válido lo que la ciencia no conoce aun.
La ciencia está también coprobando muchos conocimientos que antes negaban (relaciones entre los sistemas inmunológico, nervioso y endocrino).
Abre tu mente, experimenta y decide por ti mismo.
MEJOR QUE LA CIENCIA ES LA CON-CIENCIA
En mi opinión mezclas dos asuntos diferentes que, aunque estén relacionados, no merecen igual trato.
Por un lado está el tema de la homeopatía, que en efecto es en su mayor parte, si no totalmente, puro cuento que se aprovecha de una facultad humana hasta ahora científicamente inexplicada, cual es la capacidad humana que tenemos de sanarnos a nosotros mismos sólo con el poder de la mente (lo puedes decir con otras palabras, pero esto es, no otra cosa, el efecto placebo).
A veces parece que no somos conscientes de las tremendas implicaciones que tiene reconocer la existencia del efecto placebo. Algo que nadie niega, pero que no obstante parecemos no asumir con todas sus consecuencias. ¿Curarnos a nosotros mismos sólo porque creemos que una pastilla de azúcar es en realidad un poderoso fármaco? ¿Cómo es eso posible? ¿Qué clase de mecanismos biológicos actúan ahí para dar lugar a tal fenómeno? La medicina, no digo ya la farmacología, pasa de puntillas por este asunto, ya que si se generalizara la idea de que podemos curarnos a nosotros mismos sólo mediante la fe, tanto la ciencia de unos, como la industria de otros, perderían muchos enteros.
Y es aquí precisamente donde entran los libros que mencionas al final de tu artículo. Esos (me extraña que no mencionaras “el alquimista” de Coelho), son libros que indagan en esas capacidades inherentes al ser humano que nadie ha conseguido desentrañar pero que sin embargo están ahí. No buscan vender pastillas de azúcar como si fuera medicina (lo propio de la homeopatia), sino que intentan, desde la experiencia, ofrecer entrenamientos y ejercicios para que tu mente sea capaz de desarrollar esa capacidad natural que tiene sin necesidad de placebo alguno.
¿Por qué la medicina jamás ha intentando profundizar por ahí? Pregúntate eso. La capacidad existe, está más que probado, las farmacéuticas lo saben, cuando estudian nuevos productos realizan pruebas en las que el efecto placebo se tiene en cuenta, reconociendo abiertamente su existencia, pero sin ir más allá. ¿Por qué hay tan pocos estudios científicos al respecto?
Ya que la ciencia ha renunciado a explicar por qué el efecto placebo existe, lo hacen otros mediante teorías que mezclan lo psicológico con lo espiritual. Son teorías que, con mayor o peor fortuna, nos recomiendan encontrar en nosotros mismos aquello que estamos constantemente buscando en accesorios o elementos externos. Y muchas de ellas no son malas teorías, al contrario.
Abre tu mente… y tu bolsillo
No desprecies lo que no conozcas o entiendas, dice Silvia, y se queda tan pancha. Silvia, si el problema es que lo entendemos perfectamente. La homeopatía niega las bases de la medicina y la biología, al negar que las enfermedades estén causadas por patógenos. Niega las bases de la química, al proponer la fabulosa idea de la memoria del agua. Y se saca de la chistera el principio de semejante cura a semejante. Debemos dejar de lado todo nuestro conocimiento acumulado durante dos siglos, que nos ha permitido duplicar nuestra esperanza de vida. Y todo esto, con algún tipo de demostración, o tan siquiera de experiento favorable?
No. Ninguno.
Que podemos hacer para apoyar nuestra teoría entonces? Planteamos ensayos clínicos, como hacen los científicos de verdad cuando quieren probar que las medicians de verdad funcionan de verdad? No, parece que lo que hay que hacer es… investigar mas el efecto placebo. No profundizar mas en el conocimiento de los mecanismos que el virus del SIDA utiliza para entrar en las células. No avanzar en la determinación de los partones de crecimiento tumoral. No, lo importante es investigar porque algunas personas mejoran del catarro cuando les das una píldora de azucar y les dices que es una medicina.
Imagino que incluireis en esa apasionante investigación el efecto del cura sana colita de rana que decimos a nuestros hijos cuando se dan un golpe, otro ejemplo mas de placebo.
Pues bien, está bien, pero si os parece bien los científicos seguiremos desarrollando nuevas medicinas para que os las tomeis cuando os poneis realmente enfermos. Porque vosotros, como todos, recurris a nuestra malvada medicina cuando las cosas se poenen feas de verdad. Bien hecho.
¿no son las vacunas un tratamiento homeopático?
Creo, con Marcet, que son dos cosas distintas en las que sería conveniente distinguir entre todo el esoterismo místico que sueña son el oportunismo de un paraiso perdido,por un lado, y el uso más o menos acertado de otras maneras de “sanar”, por otro; dado que, además, infinidad de tratamientos “alopáticos” se realizan con productos que se usaban hace ya miles de años en tribus que, efectivamente, no tenían “alternativa”.
Algo parecido ocurre cuando nos vamos aproximando y descubriendo con mayor contundencia “científica” el papel que juegan las emociones en las conductas y en la construcción de los pensamientos y de la argumentación “racional”.
Por otra parte, creo que el positivismo ha promovido un impensable desarrollo tecnocientífico que desvela la expresión más dramática de su insuficiencia en el hecho de olvidar, precisamente, esos espacios simbólicos que definen al ser humano como tal.
Al final, quizás sea cierto esa expresión que plantea cómo estamos asistiendo a la “revancha de Dios” de quien,demasiado pronto quizás, se había diagnosticado su muerte.
Al final, considero que la trampa está, como en tantos otros ámbitos, en tener que optar entre Razón y Emoción cuando, hace cuatro siglos casi, B. Spinoza ya situaba la emoción en la base de toda construcción racional.
¿no son las vacunas un tratamiento homeopático?
Creo, con Marcet, que son dos cosas distintas en las que sería conveniente distinguir entre todo el esoterismo místico que sueña son el oportunismo de un paraiso perdido,por un lado, y el uso más o menos acertado de otras maneras de “sanar”, por otro; dado que, además, infinidad de tratamientos “alopáticos” se realizan con productos que se usaban hace ya miles de años en tribus que, efectivamente, no tenían “alternativa”.
Algo parecido ocurre cuando nos vamos aproximando y descubriendo con, cada vez, mayor contundencia “científica” el papel que juegan las emociones en las conductas y en la construcción de los pensamientos y de la argumentación “racional”.
Por otra parte, creo que el positivismo ha promovido un impensable desarrollo tecnocientífico que desvela la expresión más dramática de su insuficiencia en el hecho de olvidar, precisamente, esos espacios simbólicos que definen al ser humano como tal.
Quizás tenga algo de cierto esa expresión que plantea cómo estamos asistiendo a la “revancha de Dios” de quien,demasiado pronto quizás, se había diagnosticado su muerte.
Al final, considero que la trampa está, como en tantos otros ámbitos, en tener que optar entre Razón y Emoción cuando, hace cuatro siglos casi, B. Spinoza ya situaba la emoción en la base de toda construcción racional.
¿no son las vacunas un tratamiento homeopático?
No, José Luis Asencio García. NO LO SON.
[...] es natural, no fui yo sólo el que, a raíz del reportaje de El País sobre la homeopatía, dije que “no tiene sentido la ecuanimidad cuando se trata de contraponer la medicina y el [...]
“Abre tu mente… y tu bolsillo”
-Si cada medicina cuesta.
“No desprecies lo que no conozcas o entiendas, dice Silvia, y se queda tan pancha. Silvia, si el problema es que lo entendemos perfectamente. La homeopatía niega las bases de la medicina y la biología, al negar que las enfermedades estén causadas por patógenos. Niega las bases de la química, al proponer la fabulosa idea de la memoria del agua. Y se saca de la chistera el principio de semejante cura a semejante. Debemos dejar de lado todo nuestro conocimiento acumulado durante dos siglos, que nos ha permitido duplicar nuestra esperanza de vida. Y todo esto, con algún tipo de demostración, o tan siquiera de experiento favorable?”
-Esto es algo falso, la homeopatía moderna no niega las bases de la química ni de la física y mucho menos de la biología. El efecto benveniste ni siquiera indica que la homeopatía haya sido refutada, solo indica que no hay suficiente evidencia. La idea del pseudoescépticismo es inventar cosas o hechos ficticios como los que anteponen. La idea de la memoria del agua es fabulosa, si lo es, por que permite nuevos campos fertiles en la ciencia. La homeopatía hoy en día es una protociencia, basta renovar e investigar o hacer esfuerzos científicos que permitan desentrañar el por que funcionan algunos de esos remedios y no solo hacer la abssurda hipotesis de que “solo es un efecto placebo”.
-Sobre duplicar la esperanza de vida, es un mito. Ya en los pueblos primitivos hay indicadores de niveles de vida entre 80 y 90 años. La parte real es si te refieres a la EEdad Media, donde la tasa de mortalidad es muy superior a por ejemplo, las civilizaciones Mesoamericanas.
-Hay experimentos favorbles a la homeopatía, si bien solo algunos escépticos(en realidad no..) reales lo han puesto. Los demás charlatanes como son algunos pseudohomeópatas o algunos pseudoescépticos mienten con un populismo atipico es algo que implíca ya corrupción.