No somos iguales

Susana López Tejedor

Acabar con la discriminación de la mujer y conseguir la igualdad de derechos entre mujeres y hombres es para mí una de las grandes luchas de nuestros tiempos, pero me gusta ser mujer y nunca intentaría comportarme como los hombres ni parecerme a ellos, ni en la cama ni en el trabajo. Empiezo por la cama porque a ella se remitió la directora del Observatorio de Salud de la Mujer, Concha Colomer, al comentar los resultados de la primera Encuesta sobre Salud Sexual: “Persiste una visión del sexo más relacionada con el amor romántico y con la reproducción en el caso de las mujeres. Los hombres, sin embargo, están mucho más abiertos a las relaciones esporádicas. Hay que trabajar con educación y formación para romper esta tendencia y lograr un equilibrio”.

Puesto que me gusta ser mujer, no me gustaría que me educaran y formaran “para romper esta tendencia y lograr un equilibrio”, porque no me gustaría que desaparecieran ni se mitigaran las diferencias sexuales entre mujeres y hombres. No puedo comprender por qué está mal que las mujeres tengamos “una visión del sexo más relacionada con el amor romántico y con la reproducción”, y por qué está mal que los hombres “estén mucho más abiertos a las relaciones esporádicas”. En realidad no puedo comprender por qué está mal que seamos como nos ha hecho la evolución natural, que nos ha llevado a ser distintos, porque es también la biología la que nos impulsa a comportarnos de manera diferente en la relación sexual. Los dos sexos somos diferentes haciendo el sexo y no hay cultura que pueda acabar con esta diferencia.

Pero los dos sexos somos también diferentes en el trabajo. Me cansa que las feministas del Ministerio de Igualdad traten de que tengamos los mismos objetivos que los hombres en la esfera profesional. Me dicen que mi jefe es un hombre porque existe un techo de cristal que me impide acceder a su puesto y a su sueldo, y no entienden que por nada en el mundo querría el trabajo que tiene mi jefe, que yo me considero mucho más feliz con mi trabajo de lo que lo estaría con el suyo. Me cuesta comprender que sean precisamente mujeres las que nos proponen una concepción del éxito profesional típicamente masculina: una carrera para conseguir los puestos más altos de la escala laboral y los mejor pagados.

Mi jefe trabaja casi todos los días doce horas o más, lo que le deja muy poco tiempo para otras actividades, a pesar de ello, él está contento con su trabajo y se siente un triunfador. Yo creo que muchas de las mujeres que por formación podríamos aspirar al puesto de mi jefe tenemos un visión más amplia de lo que es una buena vida, y por eso no nos parece una buena vida la que lleva mi jefe, porque no queremos renunciar a tantas cosas. Por lo tanto, preferimos trabajar menos horas y cobrar también menos antes que convertir los objetivos de los hombres que nos resultan tan estrechos en nuestros objetivos.

A ellos les gustan las cosas de una manera y a nosotras de otra, en la cama y en el trabajo, y no comprendo el empeño que ponen estas mujeres en que “hay que trabajar con educación y formación para romper esta tendencia y lograr un equilibrio”. No hay que romper una tendencia que, como demuestran los científicos, es biológica y no hay por qué buscar un equilibrio antinatural, lo que hay que hacer es preocuparse de que los dos sexos tengamos las mismas oportunidades para realizarnos como somos, y no pretender que seamos como no somos: iguales.

Publicado el 5 de marzo de 2010 a las 8:00 am en 'Sociedad'.

1 Comentario

  1. 10:41 | 5 marzo 2010 | Permalink

    ¿un equilibrio para que ellos sean más románticos o ellas más promiscuas?