¡Vaya nivel!

Armando Hierro

En los tiempos de crisis -especialmente en las graves como la que nos está tocando pasar- el papel desempeñado por los dirigentes políticos es, si cabe, de extrema importancia. Es por tanto, también, el mejor momento para hacer balance sobre ellos, para saber si realmente tienen nivel para desempeñar el rol que se les ha concedido desempeñar y, lo que es más importante, si están a la altura para dirigir un país, una comunidad autónoma, un cabildo o un ayuntamiento.

Por si alguien tenía alguna duda, el barómetro del CIS lo ha dejado bastante claro en cuanto a la valoración de los líderes políticos: calabazas para todos. Ese es el nivel que tenemos, tanto en los que gobiernan como en los que están en la oposición.

Es cierto que nadie debe esperar que una crisis del calibre de la actual se pueda solucionar de la noche a la mañana por éstos o cualesquiera otros políticos. Pero sí que ante situaciones extraordinarias, haya un cambio de actitud, un esfuerzo adicional en cuanto a su manera de entender y hacer política. Sería deseable que todos lo partidos políticos, tanto los que desempeñan labores de gobierno como de oposición, se olvidaran por un tiempo de lo que nos han demostrado que realmente les interesa y a lo que le dedican la mayoría de su tiempo: la campaña electoral diaria y eterna.

Esa obsesión por fajarse en una batalla electoral continua ha relegado el debate de las ideas a la mínima expresión y se ha convertido en uno de los principales problemas de este país. En tiempos de crisis se hace más evidente, pero la cosa viene desde hace tanto, que casi pareciera que esas son las formas y maneras de actuar establecidas para el rol del político.

Desde el Congreso de los Diputados hasta el ayuntamiento más pequeño y remoto, el patrón de comportamiento se repite y, como si del peor de los virus posibles se tratara, muta y empeora generación tras generación de tal manera que cada nuevo individuo que aparece en la escena política entra directamente en la batalla sin plantearse si hay otra manera de hacer política, como si eso fuera lo que de ellos se espera. Como si de otra forma no pudiera un aspirante optar a puesto de salida en la lista; un joven presidente reafirmarse como número uno; o simplemente, ganar unas elecciones.

Publicado el 12 de febrero de 2010 en la sección 'Política'.

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