La bomba poblacional

Jorge Marsá

La polémica con la propuesta de elevar la edad de la jubilación viene precedida de una premisa que prácticamente nadie discute: el problema del envejecimiento de la población, que se destaca mediante una previsión: “Los mayores de 64 años serán en 2050 el 30% de la población” (El País del viernes pasado). Lo curioso en este debate es que se perciba generalizadamente como un problema lo que para mí es la prueba más evidente del éxito civilizatorio de las sociedades europeas. Estamos acostumbrados a escuchar asiduamente demoledoras críticas contra “el sistema”. Sin embargo, hablamos de un “sistema” que ha logrado en apenas un siglo que las personas vivan casi el doble de lo que vivían antes, y que la inmensa mayoría viva además mucho mejor. Es un éxito de una magnitud inimaginable hasta hace bien poco y, desde luego, sin parangón en la historia de la humanidad.

¿Dónde está el problema? Por lo que nos dicen, en que al haber menos trabajadores activos y más jubilados no salen las cuentas en los sistemas de pensiones. Y tiene uno la sensación de que algunos piensan que esto es un problema matemático en lugar de político. El crecimiento de la población de más edad viene produciéndose desde hace varias décadas, pero el gran incremento de la productividad ha permitido pagar más y mejores pensiones. Así que si se nos anuncia que en 40 años se duplicará el porcentaje de los mayores de 64 años, lo lógico es preguntarse si será posible duplicar en ese período de tiempo la productividad de los trabajadores. Y parece obvio que la productividad crecerá por encima de esa cifra. Lo que tendríamos que estar discutiendo no es si la sociedad podrá pagar las pensiones de los jubilados, que podrá, porque a ver qué gobierno se atreve a enfrentarse a quienes entonces constituirán el 30% del electorado, sino qué parte de nuestros ingresos es la que estamos dispuestos a poner para asegurarnos la jubilación. Porque lo que sí es evidente es que para asegurar pensiones dignas para un sector creciente de la población habrá que pagar más impuestos. Una elección política.

Pasando a otro orden cosas, si se trata como problema el envejecimiento de la población es porque resulta políticamente incorrecto, para la derecha y para la izquierda, asumir el verdadero problema: que el homo sapiens se ha convertido en una plaga. El hecho es que la principal amenaza para el medio ambiente es que en 2012 habrá 7.000 millones de humanos, y la principal amenaza para el futuro próximo, para 2050, es que seremos 9.000 millones. Desde hace apenas un siglo los humanos nos reproducimos ya como una plaga. Y la extensión de la plaga está acabando con los suelos fértiles, con el agua potable y con la capacidad de la atmósfera y de los mares para absorber gases contaminantes, y está provocando “la sexta gran extinción” de la biodiversidad y el cambio del clima en la Tierra.

El caso es que la plaga está poniendo en peligro las condiciones del medio ambiente que el propio homo sapiens necesita para vivir. En consecuencia, la única alternativa racional es que las poblaciones de homo sapiens dejen de reproducirse como lo vienen haciendo, es decir, que tengan menos hijos y que, por lo tanto, envejezcan las poblaciones. El problema, y esto sí que es un problema, es lo difícil que les resulta a la derecha y a la izquierda transformar sus discursos ideológicos desde la premisa de que los humanos nos hemos convertido en una plaga, porque asumir esa realidad es poner en cuestión discursos profundamente arraigados, como pudo comprobar Thomas Malthus hace más de doscientos años y Paul R. Ehrlich hace cincuenta, cuando publicó su libro La bomba poblacional. En fin, cambiemos el discurso, y congratulémonos por haber conseguido que Europa sea el único continente que ha dejado de ser una bomba poblacional.

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