Jorge Marsá
Comparto la idea de Karl Popper de que la democracia es en realidad el sistema que permite a los ciudadanos librarse de los malos gobernantes sin violencia. Desde este punto de vista, y visto el sociobarómetro del CES, podría anunciarse que la sociedad canaria se librará de su gobierno en las próximas elecciones, porque “la gestión del Gobierno de Canarias […] sólo el 11% la califica como buena y la nota media que obtiene el Ejecutivo regional es de un suspenso rotundo: 3,67 puntos, 0,35 puntos menos que el barómetro anterior” (Canarias7 del viernes).
Puesto que queda claro que los ciudadanos piensan que sus gobernantes son realmente malos, sólo les queda librarse de ellos a la primera oportunidad que se les presente. Sin embargo, la encuesta nos proporciona otro dato que siembra serias dudas sobre si en Canarias es posible en este momento la democracia tal y como la entendía Popper: “Los socialistas suspenden con un 3,21, 0,81 puntos menos que en la oleada anterior”. ¿Tiene la ciudadanía la posibilidad de librarse de tan mal gobierno cuando piensa que la alternativa es incluso peor?
En efecto, Paulino Rivero y José Manuel Soria pueden estar tranquilos. Pese a que los ciudadanos piensen que su gobierno es incapaz, la oposición de Juan Fernando López Aguilar parece haberles garantizado su continuidad al frente del gobierno. Y si no hay alternativa al mal gobierno, pues tampoco el mal gobierno se ve forzado a dejar de serlo, a mejorar. Y si no hay alternativa al mal gobierno, podría decirse que la democracia en Canarias es una entelequia: “cosa irreal”, diría el diccionario.
Como era de esperar, la reacción de los políticos ante el “suspenso rotundo” de los ciudadanos es la habitual: tomarlos por estúpidos. “El ejecutivo cree que el descrédito que sufre la clase política viene motivado por la crisis” (Canarias7 del sábado). ¿No será que los ciudadanos suspenden a la clase política por su incapacidad para hacer frente a la crisis? Mientras que para la oposición, “la mala calificación recibida por los socialistas como oposición se debe a que sus actuaciones no cuentan con la suficiente difusión debido al control que ejerce el Ejecutivo regional sobre los medios de comunicación”. O sea, que les suspendemos porque no sabemos lo que hacen. ¿No será que les suspendemos porque sabemos lo que hacen? Como se ve, la culpa nunca es de los políticos, sino de circunstancias ajenas o de que no apreciamos correctamente sobre su trabajo.
Cuando el descrédito de un gobierno y de la oposición llega a tales extremos, la alternativa puede ser incluso indecente desde el punto de vista de la democracia. Es lo que ha ocurrido en Lanzarote. Si se ha podido presentar una alternativa de gobierno indecente en las dos principales instituciones insulares (un pacto con un partido político acusado de ser una asociación ilícita), ha sido fundamentalmente porque el descrédito de los gobiernos del Cabildo y de Arrecife (da la sensación de que mayor aún que el del Gobierno de Canarias) permitía asumir el coste político de la indecencia.
Las alternativas de gobierno planteadas en Lanzarote aseguraban en los dos casos malos gobiernos. La primera, la de los socialistas, ofrecía la decencia política de romper por fin con los corruptos y aseguraba la continuidad del mal gobierno. La segunda, la del pacto de geometría variable (porque CC ha pactado de aquella manera), ofrecía un acuerdo político indecente, pero se defendía en base a que difícilmente se podría gobernar peor de lo que lo habían hecho Manuela Armas y Enrique Pérez Parrilla, es decir, que el mal gobierno justificaba cualquier otro gobierno. Claro que en este caso se obvian dos cosas que son importantes: la primera, que uno de los firmantes del pacto es corresponsable del mal gobierno que se denunciaba; la segunda, que no vale con asegurar que ha llegado “la era de la gestión” al gobierno, que en una democracia es un mal gobierno cualquiera que carezca de legitimidad para gobernar. Y se carece de legitimidad para gobernar cuando se hace con partidos perseguidos por la Guardia Civil y la Justicia.
En fin, que también en Lanzarote nos deberíamos preguntar si la ciudadanía puede librarse de los malos gobernantes, si hay alternativa al mal gobierno, si en este momento es posible la democracia.
Si Pedro San Ginés lee a Ortega, todo irá mejor. ¡Por fin estamos en buenas manos!
Buen artículo, pero incorpora premisas erróneas. Es verdad que aún por demostrar, pero profundamente erróneas si finalmente se produce tal demostración, como así espero que ocurra. La alternativa del PSOE en las corporaciones locales donde estaban en minoría, no podría “ofrecer la decencia política de romper por fín con los corruptos” si su secretario general fuera uno de ellos. Supongo que en eso estarás de acuerdo conmigo, y supongo que si fueras candidato a gobernar con unos u otros, al menos te plantearía dudas si hacerlo con quien consideras corrupto, si con quien pertenece a un partido bajo sospecha de asociación ilícita, o con nadie y que sigan los que además de corruptos son malos gobiernos. Por cierto, creo que en España no existe ningún partido que no haya sido perseguido por la justicia y la guardia civil, luego no existen gobiernos legítimos en España, según tu.
seguramente Jorge, si Popper hubiera podido tener en cuenta Lanzarote en sus reflexiones se hubiera deprimido…desde hace tiempo creo que
la democracia en la isla vive frente a un enrroque insorteable, indefinido, que dice que no podremos librarnos nunca de los tiranos,tan solo elegir cada cierto tiempo uno de entre ellos…las perspectivas son de carpe diem…
lamentable realidad, excelente articulo
[...] de culpabilidad. Y escribo a raíz del comentario que Pedro introdujo en mi artículo del lunes, “Malos gobernantes”: Buen artículo, pero incorpora premisas erróneas. Es verdad que aún por demostrar, pero [...]