Alianzas envenenadas

Teresa Cárdenas

[La Provincia, 28 de mayo de 2009]

“No tengo nada que ver con esa forma de hacer política y la desautorizo radicalmente”, proclamó López Aguilar 24 horas después de que la Guardia Civil pusiera patas arriba el Ayuntamiento de Arrecife de Lanzarote donde, hasta este martes, los socialistas han cogobernado con el PIL de Dimas Martín desde las elecciones municipales. Lo que revela no sólo una muy poco valerosa manera de quitarse de enmedio cuando el viento sopla de cara, sino una sonrojante inexactitud en términos políticos.

Desde antes de las elecciones, cuando algún periodista y empezó a apuntar la manifiesta incoherencia que representaría un eventual acercamiento del Partido Socialista al PIL de Dimas, Aguilar trató de negar con su vehemencia habitual que semejante coa fuera posible. El tiempo se ocupó de demostrar que, tras la retórica muchas veces brutal de su líder, lo que ha alforado desde las elecciones locales son versiones insulares del PSC que no se distinguen lo más mínimo de sus competidores cuando se trata de tocar poder a toda costa. Lanzarote desde luego no fuer una excepción, como tampoco lo fue que en La Oliva los socialistas actaran sin asomo de rubor alguno nada menos con con Domingo González Arroyo, la quintaesencia de esa misma forma caciquil de interpretar el poder que con tanta saña dice perseguir JFLA. Ahora, Arrecife le estalle en la cara al Partido Socialista en plena campaña electoral, poniendo gravemente en entrechicho la fórmula de limpieza de las instituciones, inexcusablemente unida a la ética como bandera y el nítido escrúpulo mora como herramienta, en la que Aguilar ha basado su discurso sobre la regeneración de la vida política en Canarias. Su partido se arriesgó gravemente al preferir una presidencia de Cabildo y cuatro alcaldías con el soporte del PIL al gélido clima de los bancos de la oposición. Pero, por idéntica regla de tres, toda la basura que destape ahora la “operación Unión” contaminará por proximidad a quien accedió a asociarse con quienes patentaron hace años la fórmula magistral de una política pervertida en sus principios y su práctica cotidiana.

La “operación Unión” viene a demostrar la falta de quienes han pretendido que los cuerpos de seguridad hacen distingos con las siglas al perseguir la corrupción. Pero también la falta de valentía de un líder que, justamente por ser el jefe, debería ser el primero en asumir la responsabilidad de los graves errores cometidos en el trance de las alianzas malditas.

Publicado el 29 de mayo de 2009 a las 7:00 am en 'Política'.

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