En los años sesenta comencé a interesarme por Alegranza, al oír las historias que a ratos me contaban Pepito y Ramoncito Olivera a su llegada al faro de Puerto Naos, tras dejar como residencia el de Punta Delgada, en la desolada isla. La describían como un paraíso, donde, después de las horas dedicadas al estudio, todo eran juegos, coger cangrejos, cabozos y aventura, mucha aventura, sin comunicación con el exterior hasta que la enfermedad o las compras les obligaban a acercarse a La Graciosa o a Lanzarote.
Los cuentos se ceñían a la vida en el faro y sus alrededores, que compartían con la familia de Don Agustín Pallarés Padilla, también farero como el padre de estos amigos, Don José Olivera Jalón. Alejarse hacia “El Veríl” era toda una odisea que en ocasiones terminaba con un tirón de orejas.
Un lugar idílico e inmaculado donde llegaban restos de traiñas, maderos, boyas, cabos y otros utensilios propios de las faenas de la pesca, como únicos visitantes. Si el hallo era merecedor de curiosos, avisaban a la familia del medianero de la familia Jordán, que vivía por aquel entonces en la isla atendiendo una pequeña explotación agrícola y ganadera.
Curioso, busqué datos del islote y su faro, que han ido llegando a mis manos ya zangalote. Se inauguró en 1865 –y fue atendido de forma ininterrumpida hasta la automatización con célula solar– y la vida en el mismo transcurría como en cualquier pago poco poblado de Lanzarote. Era gente de otra madera, fuerte como un risco, como se dice hoy. En más de una ocasión dieron a luz las esposas de los fareros, sin más ayuda que la de su compañero y sus vecinos. El 4 de abril de 1907 nace el hijo del farero Don Leopoldo Plá Botella, natural de Santa Pola, Alicante, y de su esposa Doña Rafaela Guerra Galván, natural de la Isla de Tabarca, Alicante, al que se le puso por nombre Leopoldo Rafael, que al poco tiempo tuvo la compañía de una hermana. Don Leopoldo por entonces contaba con treinta años, y su esposa veintiocho, y claro queda que traían en sangre la tradición de sus antepasados, y el gusto por el aislamiento y la escasez.
Pasan los años y lo que fue un desierto paradisíaco, se va deteriorando velozmente, representando actualmente un paraje de lo más degradado del Archipielago Chinijo, pese a los títulos que le han ido cayendo con el paso del tiempo: Por Real Decreto 1411/2002 de 20 de diciembre pasa a engrosar el patrimonio arquitectónico de Canarias. En la actualidad se halla protegido e integrado en el Parque Natural del Archipiélago Chinijo (Medio Ambiente). El faro, y una porción de suelo a su alrededor, propiedad del Estado, depende de la Dirección General de Puertos y Señales Marítimas, a quienes compete su puesta a punto y operatividad.
Hace algunas semanas, en unión de unos amigos, atracamos unos minutos en el embarcadero de Punta Delgada y nos acercamos a ver la edificación, con la desagradable sorpresa de encontrarlo abierto y totalmente desmantelado, lleno de basura, restos de comida, el mobiliario por los suelos, los colchones llenos de excrementos, el Aljibe de Arriba y acueducto a punto de colapso. Daños importantes que ahogan el esplendor de antaño. De igual forma agoniza la construcción aledaña de Medio Ambiente, con dos puertas rotas y todo por los suelos: restos de comida, revistas fechadas en septiembre 2008, velas, señalizaciones de nidos, armarios, sillas, somieres y colchones inútiles. ¡Espeluznante! Pero este deterioro no puede ocultar el verdadero, el que esas edificaciones no han recibido mantenimiento ni atención de ningún tipo desde hace muchos años. Así, ni el propietario, ni los respetuosos con el medio ambiente, ni los turistas con visitas guiadas pueden disfrutar de este enclave. Solamente los malhechores de la peor catadura. Diez millones de metros cuadrados haciendo agua por toda su obra viva sin que quienes tienen que protegerla lo hagan. Pero que no quede como intervención exclusiva la vigilancia. Hay que ponerla en pié, y luego vendrá lo que proceda.
Qué diferencia con lo que ocurre en las Islas Salvajes. En varias visitas, he coincidido con el cambio de personal del Parque Natural –cada 21 días– y es toda una liturgia. Se hace inventario de TODO lo que queda en los islotes, tanto víveres como combustible, repuestos, agua de baterías, detallándose el estado de limpieza de la isla, viviendas, neumáticas y demás útiles, levantándose acta que firman los que llegan y los que se van, en presencia del comandante del patrullero de la Armada Portuguesa que tiene que alcanzarlos a Madeira.
En Alegranza, cualquier cosa, menos dejar que se hunda para siempre.
D. Fulgencio, tiene Ud toda la razón. ¿Dónde está Puertos? ¿Pensando en ampliar diques quizás?. ¿Dónde está el Consejo Insular del Archipiélago Chinijo? En Arrecife, no en La Graciosa que es dónde debería estar. ¿Quiénes lo componen? Políticos que en su vida han pisado la isla, Presidentes de Asociaciones de la Conchimbamba y otros grandes visionarios de la isla. ¿Pescadores (tienen mucho que aportar)? No. ¿Propietarios (tendrán derecho a opinar sobre actuaciones en una propiedad privada y la experiencia de casi un siglo)? Tampoco. Y así una y otra vez, preocupados por la extinción de la pardela que nunca se extingue y de la lapa que se reproduce por miles cada año. ¿Del cuidado del faro, entorno, cuevas de pardelas, veredas, recogida de agua para animales y aves, etc? Nada de nada. Ya queda poco para que nos presenten la enésima campaña de vacaciones pagadas con nuestros impuestos a los defensores de grandes ideales que les importa un carajo todo lo que Ud y yo señalamos aquí. Y cuídese Ud de saltar a tierra porque éstos vendrán a preguntarle qué hace allí, amenazarle con la Guardia Civíl sin haber hecho nada, hasta aburrirlo y tener que abandonar la isla. Qué viva la pardela!!.
Esten tranquilos que dentro de poco vendran los de ADENA, se sacaran la foto para ver como dejan todo como los chorros del oro eso si como mínimo estaran una semana para poder disfrutar de la isla , luego se iran dejando allí la basura para que otros la quiten .
Lo cierto es que cuando las gentes de Orzola y la Graciosa ibamos tiempos a, la isla no estaba tan abandonada como ahora y eso que era tradición pasar el día con la familia y dejabamos todo limpio y respetando lo que allí encontrabamos.
Las competencias del mantenimiento tanto del edificio del faro (no del servicio de seguridad, que de eso se encarga Puertos) como de la vigilancia de Alegranza tanto por ser parte de un Paraje Natural Protegido como por Patrimonio es del Cabildo de Lanzarote.
En el primer caso porque se solicitó la concesión tanto de ese faro como el de Playa Blanca hace unos años, encontrándose pendientes de la ejecución del proyecto de rehabilitación para el faro, la caserna (dependencia aledaña) y aljibe, que parece que sigue para largo a pesar del evidente deterioro ¿qué otra cosa se puede esperar de este grupo de gobierno?
Y en el segundo, que recibieron las transferencias de medioambiente hace también muchos años, y solo tiene dos guardas funcionarios, que son los únicos que pueden realizar denuncias con efectos formales admnistrativos, cuando la plantilla es de seis, como pasa en Fuerteventura, que todo el mundo la criticaba porque se construía sin tino y nos dan diez mil vueltas. ¿Qué hace el Cabildo con el dinero de esas plazas transferidas que no saca a concurso?
También hay tres vigilantes, dos patrones y cuatro marineros que no sirven para mucho ya que la mayoría de sus denuncias se archivan porque son personal laboral.
Y lo del barco de inspección pesquera, que depende del Gobierno de Canarias, y que costó más de trescientos millones de la antiguas pesetas, mejor dejarlo para otro momento.
[...] Interés Cultural por el Real decreto 1411/2002, de 20 de diciembre. De su lamentable estado ya se escribió en La Opinión en mayo de 2009, y va a peor sin que nadie ponga remedio. ¿Pero, qué ocurre en Lanzarote que [...]