Me gustó bastante el artículo de Domingo García que pude leer ayer en La Voz de Lanzarote, titulado “Mucho hablar, pero…”. No es que haga gala de un vocabulario muy fino o se exprese con un lenguaje demasiado ilustrado, pero el mensaje que transmite, para mí lo más importante, es inapelable. Y me ha hecho reflexionar sobre mi propia experiencia.
En estos tres años que llevo escribiendo artículos en La Opinión de Lanzarote, habré tenido que aguantar decenas, si no cientos de veces, comentarios como los que el señor García narra en su artículo. “No puedes criticar a todo el mundo”, “te estás cerrando puertas”, “estás siempre con lo mismo”, “deberías ser más positivo y no criticar tanto”, “con los amigos no está bien meterse”…, ese tipo de cositas.
Y es verdad que, haciendo balance desde un punto de vista puramente práctico, muchos más han sido los perjuicios que los beneficios acumulados durante todo este tiempo. Hace tres años, por estas mismas fechas, yo era un tipo con un trabajo más o menos estable en un Ayuntamiento. Me llevaba bien con todo el mundo, o al menos nadie se llevaba mal conmigo. Era uno más de esos ciudadanos que no quería saber nada de la política local, que intuía desastrosa pero desconocía por completo. Vivía feliz en mi ignorancia, sin meterme con nadie y sin que nadie se metiera conmigo.
Tres años después, tras haber escrito cerca de 300 artículos de opinión en este y otros medios, con una media de dos horas dedicadas de mi tiempo libre a cada uno, ¿qué es lo que tengo?
Perdí mi trabajo y perdí algunas amistades. Gané enemigos y me busqué problemas. Mucha gente me considera persona no grata y, lejos de haber ganado algún tipo de prestigio, me he convertido en una especie de apestado al que no conviene acercarse demasiado. Exagerando un poco, pero más o menos viene a ser así.
No pretendo aquí soltar lloriqueos ni enumerar mis desgracias para que vean lo pobrecito que soy. Tampoco pienso que mi situación sea especialmente más difícil que la de otros opinadores o actores de la vida pública. Sólo quiero apoyar el artículo de Domingo García ofreciendo mis propias vivencias, para corroborar que sí, que en Lanzarote la libertad se cobra un muy alto precio.
Una cosa está clara. A mí nadie me ha apuntado con una pistola para que escribiera artículos. Lo he hecho porque me ha apetecido. Lo he hecho y volvería a hacerlo. Volvería a hacerlo y lo seguiré haciendo. Y lo seguiré haciendo porque, al fin y al cabo, todo esto no es a cambio de nada. Al principio, y lo dejé escrito en uno de mis primeros artículos, había un poco de vanidad en el tema. Lo consideraba mitad un ejercicio intelectual, mitad una buena forma de ir haciéndome un nombre en la isla. A estas alturas lo sigo concibiendo ejercicio, pero ya no hay vanidad. Me ha pasado lo contrario de lo que le ocurre a la mayoría de la gente, que me he vuelto más utópico con el paso del tiempo. Deseo cambiar la realidad, y esto era algo que apenas me planteaba hace tres años, aunque la temática de mis artículos invitara a pensar lo contrario. Antes había más pose que convicción, ahora es justo al revés y creo que se debe a que cuanto más conozco sobre la realidad política insular, más indignado y más obligado a hacer algo me siento.
Lo que he contado antes es el precio que se ha cobrado la libertad que cogí a manos llenas. En esta vida nada es gratis, y la libertad no es de las cosas más baratas. Desde luego, el precio de la libertad no es el mismo en todas partes. En Lanzarote su coste es especialmente elevado. Cosas de la doble insularidad, supongo.
Puedes escribir un día un artículo ensalzando las virtudes de un personaje o partido político, y ese día dicho personaje o los militantes de dicho partido serán tus grandes amigos del alma. Pero si en tu siguiente artículo criticas de esta misma gente algo que consideras criticable, las palmadas en la espalda se tornarán navajazos. La consecuencia inmediata de esto es que si en trescientos artículos, pongamos por caso, criticas a trescientas personas o colectivos diferentes, seguramente después de eso te habrás granjeado la enemistad de la mayor parte de tales trescientas personas o colectivos. No siempre es así, desde luego, también hay gente con la suficiente autoestima e inteligencia como para reconocer que una crítica, independientemente de lo acertada o fundada que sea, no tiene por qué significar enemistad eterna o resquemor profundo.
Está claro que a nadie le gusta que le critiquen, y menos públicamente, y todavía menos personas que consideras amigas o cercanas. Pero Lanzarote es una isla pequeña, tan pequeña que al final todos los que nos ocupamos más o menos activamente de la cosa pública acabamos tropezando los unos con los otros. Todos acabamos siendo, si no amigos, sí cercanos. Yo, sin ir más lejos, en estos tres años he conocido a mucha gente con responsabilidades públicas. Con algunas de ellas he compartido mesa y mantel, conversaciones e incluso alguna que otra copa de más. Pero si todas esas risas y jolgorios yo los interpretara como futuros silencios, simplemente tendría que dejar de escribir.
Por citar un ejemplo ficticio. Si después de pasar una noche con Manuela Armas entre timples y risas, al día siguiente me entero de que ha tomado una decisión que considero muy criticable, ¿debo considerar que la complicidad de la noche anterior me amordaza y me impide criticar su figura pública? Yo no lo veo así. Y no lo veo así porque si callara consideraría mi retraimiento, también, una forma de corrupción. Es más, si después de criticarla ella me echara en cara haberla criticado, sin entrar a valorar mis argumentos sino simplemente recriminando el hecho de que la critique después de haber estado de risas la noche anterior, personalmente consideraría tal reacción como francamente absurda e infantil. Y seguramente Manuela Armas no cometería nunca una falta de este tipo, pero sí, quizás, se guardaría mucho de volver a quedar conmigo en veladas postreras. Es lo que se suele decir, que criticando a todo el mundo acabas quedándote solo. ¿Está bien que eso sea así?
¿Estás condenado al ostracismo y al exilio social en tanto en cuanto no tomes partido y te adscribas a una causa ciegamente? Es duro, pero muchas veces así parece.
La libertad hay que ganarla batalla a batalla, artículo a artículo, acción a acción. Uno puede equivocarse en sus críticas, puede estar mal informado o en absoluto informado. Pero jamás debe tolerar que alguien le recrimine una disconformidad pública en base a posibles amistades o favores pasados. Los favores personales, cuando los hay, se pagan con otros favores personales, no con silencios públicos. Nadie tiene derecho a exigir a otra persona que se corrompa en base a un favor o una amistad. Y un silencio cómplice es una forma más de corrupción.
La corrupción en Lanzarote toma múltiples formas. Las más evidentes son las que hoy por hoy están siendo juzgadas en los tribunales. Pero también existe esa corrupción callada, esa corrupción silente, esa corrupción que perpetran amigos y familiares cubriéndose las espaldas y callando las irregularidades que suceden delante de sus narices todos los días. Esa es la peor forma de corrupción, la más peligrosa, porque ni siquiera está mal vista.
No se trata de que seamos todos unos chivatos. Se trata de que dejemos de utilizar a amigos o familiares como parapeto o como pantalla tras la que hacer lo que nos da la gana. Esa permisividad, esa tolerancia frente a las faltas de quienes nos son cercanos, es la que acaba propagándose y tejiendo una red impenetrable que luego no hay forma de romper. Hace falta que unos cuantos tengan el valor y el coraje suficiente para no caer en el chantaje colectivo, aunque sea a costa de sacrificar relaciones sociales y familiares, porque sin esos cuantos aquí seguirán pintando bastos.
En los tiempos de la ley seca, Chicago era una ciudad ingobernable. Las familias mafiosas lo dominaban todo, y hasta a los cuerpos policiales los tenían en nómina. El miedo convertía la atmósfera en irrespirable. La situación habría seguido igual si no hubiera sido por un pequeño grupo de incorruptibles a los que les dio igual el dinero, les dio igual no tener amigos y hasta les dio igual poner en peligro a sus propias familias. Esa clase de gente loca es la que hace falta en Lanzarote si queremos acabar con la corrupción de una vez por todas.
Pero la libertad no necesariamente te lleva a la verdad. Decir la verdad es ser libre, depende del punto de vista con que se mire como todo en la vida, estoy con el aritculista en su pensamiento que la libertad como la verdad la tienes que ganar día a día, pero también soy de la opinión de que no todo el mundo está preparado para la verdades de la vida, creo que la gente confunde mucho la libertad con el libertinaje y eso es lo peligroso del asunto, puesto que yo escucho a muchos mayores decir eso de ” con Franco se vivíva mejor ” con respecto y matizo a la seguridad ciudadana, por ejemplo.
Bienvenido al marivolloso mundo de la politica y la prensa, hay tanta gente a la que entenderás con el tiempo y ahora piensas que son lo peor que lo vas a flipar, no te conozco y llevo relativamente poco tiempo leyendo tus artículos…..hubo un momento en mi vida que me senti como tu hasta que entendi que si quieres seguir opinando libremente te quedarás solo pero si lo conigues chapoooo, siempre y cuando no quieras vivir de ésto porque sino te posicionas, no sobrevives, es verdad……con lo bien que se vive ajeno a todo esto, el camino es duro lo sé……..pero si de verdad tienes lo que pareces tener no te dejes intimidar y opina libremente, ojalá todos pudiesemos hacerlo. Seguiré leyendote.
El clan acabará contigo ya los señalastes y si no, al tiempo.
Enhorabuena, sigue por el mejor camino, siempre hacen falta espiritus libres como el amigo Domingo, no se si serán mucho,,, lo cierto es que aún no son suficientes
Chapó
Sólo porque esté perdiendo
no significa que esté perdido,
no significa que me detenga
Sólo porque esté sufriendo
no significa que esté herido,
no significa que no recibiera lo que me merezco
Ni mejor ni peor
Acabo de perderme
Cada río que he intentado cruzar
cada puerta que traté de abrir estaba cerrada con llave
Sólo aguardo a que el brillo desaparezca…
Puede que seas un pez gordo
en una charca pequeña,
eso no significa que hayas ganado
porque a la larga puede que llegue
otro más grande
y estarás perdido…
Titulo: LOST – Interprete: COLDPLAY
(P.D.: esta letra con música gana bastante)