¿Gratis total? Por supuesto que sí

Jorge Marsá

Se recrudece en los últimos tiempos la polémica sobre el uso de los contenidos en Internet, y se insiste en que el problema reside en que la Red ha acostumbrado a muchos, a demasiados, al “gratis total” con la cultura y la información, lo que resulta injusto para quienes se trabajan los contenidos e insostenible, porque no podremos disfrutar de cultura e información si la gente no paga por ellas. Y sobre la inconveniencia del “gratis total” han escrito recientemente dos autores con los que tan a menudo estoy de acuerdo: Arcadi Espada y Fernando Savater.

Convendría recordar que Internet que no ha hecho más que acelerar un proceso que viene de antiguo. Hace más o menos un siglo desde que comenzó a implantarse el “gratis total” respecto a la información y a la música con la aparición de la radio. Y hace más o menos medio siglo desde que la televisión nos terminó de acostumbrar al “gratis total” en esos campos y extendió la fórmula al terreno audiovisual.

El caso es que esas dos innovaciones tecnológicas permitieron la generalización de la apuesta por el “gratis total” que venían defendiendo los progresistas, de derechas y de izquierdas, desde hacía ya mucho tiempo, desde que comenzaron a proponer la necesidad de establecer una red de bibliotecas que hiciera posible que todos los ciudadanos tuvieran acceso a la cultura y a la información –entonces a los libros y a los periódicos– “gratis total”.

Y el acceso al “gratis total” ha sido uno de los dos factores determinantes –el otro, el incremento de la escolarización– que han hecho posible la importante elevación del nivel cultural de la población que se ha producido en el último siglo. Pese a lo mucho que nos llamen la atención las carencias educativas de hoy, no hay más que pensar en el nivel cultural imperante en los pueblos españoles antes de la llegada de la radio y de la televisión para darnos cuenta del alcance de la transformación producida.

Ahora, la aparición de otra tecnología de la comunicación, de Internet, permite que la aspiración de los antiguos progresistas a generalizar el acceso de las gentes a la cultura y a la información “gratis total” alcance una nueva dimensión. En efecto, Internet hace posible que accedamos a la información, a la música, al cine y a los libros de forma mucho más cómoda y eficiente. Así que sí, que Internet nos permite cumplir el sueño de extender el acceso de la población a la cultura y a la información “gratis total”.

Por supuesto que, hoy como ayer, defender el “gratis total” no debería significar negar el derecho de los autores de la cultura y la información a que su trabajo sea remunerado –cuando ese trabajo resulte de interés para otras gentes–. El problema, por lo tanto, no es que Internet nos haya acostumbrado al “gratis total”, sino que la industria cultural y los creadores no han sabido adaptar su negocio a la nueva tecnología. Es decir, no han sido capaces, como lo fueron con la radio y la televisión, de dar con la fórmula que les permita obtener beneficios del nuevo paso en la difusión de la cultura que ha supuesto Internet.

La industria cultural ha sido rehén de sus viejas fórmulas comerciales. El desesperado intento por mantener sus tradicionales redes de distribución la ha convertido en anacrónica en los tiempos digitales. Han pretendido comercializar sus productos por Internet a un precio de escándalo, esto es, al mismo o parecido precio al que los vendían en las tiendas de discos, los videoclubs o las librerías. Cobrar un euro por una canción, como cobra todavía iTunes, es un robo, como lo es cobrar lo que cobran por un libro que no necesita imprimirse ni distribuirse, o sea, un libro que no debería costar más allá del 30% de lo que cuesta en una librería. Si la industria cultural hubiera puesto en el mercado electrónico sus productos un 70% más baratos que en el mercado tradicional (lo que era y es perfectamente posible, y sin que disminuya el porcentaje de los autores), la situación sería hoy bien distinta… y serían mayores los ingresos de los creadores por sus derechos de autor (porque es obvio que a esos precios se vendería más). Claro que se estaría acelerando un proceso: el de la progresiva desaparición de las tiendas de discos, los videoclubs y las librerías. Pero sólo acelerando, porque ese proceso, por mucho que nos pese, va a resultar imparable (creo que sólo falta el perfeccionamiento de los lectores electrónicos para dar la puntilla a las ya maltrechas librerías).

Ahora bien, Internet no sólo permite comercializar los productos de la cultura a un precio sensiblemente inferior, sino que abre nuevas y mejores posibilidades para continuar ampliando el “gratis total”. Y también en este terreno el fracaso de la industria cultural ha sido de época. Por ejemplo: han tenido que pasar veinte años para que las empresas discográficas se adaptaran a la nueva realidad, para que aceptaran una propuesta de negocio como la que les han hecho unos jóvenes suecos con Spotify: la música “gratis total” a cambio de mensajes publicitarios o de 10 euros mensuales para quienes puedan pagársela limpia de interferencias. Un modelo que, además, acabará con buena parte de las descargas de música, porque resulta mucho más cómodo escucharla en Spotify que andar bajándose los archivos.

De todas formas, se comprende la intranquilidad de algunos al ver como “todo lo sólido se desvanece en el aire”, y el intento de evitar la corriente que está arrasando con las tiendas de discos y que arrasará con la mayoría de las librerías. Se comprende que haya quienes piensan que “el cine, en el cine”. Pero la realidad se impone: “El número de cines con que cuenta España a fecha de enero de 2009 es de un total de 563, menos de la mitad que los censados en 2003” (Cadena Ser el domingo). Y cualquiera que vea una película en alta definición en una de las modernas pantallas de televisión de 40 ó 50 pulgadas puede asegurar que el número de cines continuará disminuyendo. Por lo tanto, la forma de comercializar el cine tendrá que cambiar notablemente.

La industria cultural en su conjunto se verá obligada a transformar radicalmente su modelo de negocio, pero no cabe duda de que habrá negocio. Y lo habrá pese a que el “gratis total” continuará extendiéndose casi hasta el punto que imaginaron los viejos constructores de utopías progresistas. De hecho, lo que está faltando es que la industria cultural y los más cultos, los creadores, abandonen el muro de las lamentaciones, le echen un poco de imaginación y encuentren la manera de adaptarse a la nueva realidad. Y la encontrarán, porque a la fuerza ahorcan, y porque ya hay quien está viendo la crisis, el paso del antiguo modelo al nuevo, no como una amenaza, sino como una oportunidad.

Publicado el 28 de abril de 2009 a las 9:00 am en 'Sociedad'.

8 Comentarios

  1. 18:09 | 28 abril 2009 | Permalink

    Cuando apareció el CD musical a finales de los ochenta del siglo XX, las industrias discográficas se forraron a costa de todos nosotros reeditando viejas grabaciones al precio de 15 ó 18 euros, con la excusa de que ahora estaban en formato digital. Posteriormente, con la generalización de internet, en vez de adaptarse a esta nueva fórmula, iniciaron una cruzada contra los que usaban o distribuían P2P (descargas gratuitas, vamos).
    Claramente: las discográficas han meado contra el viento. Que desaparezcan.

  2. 12:38 | 29 abril 2009 | Permalink

    ¿ Por qué los que hablan de que la industria de los contenidos se adapte a internet nunca saben de lo que hablan ni proponen ningún modelo “avanzado” en el que la gente trabaje gratis sin remuneración y “por amor al arte” ?
    ¿ Por qué habla de alta definición si lo que está defendiendo es la desaparición de la industria que la hace posible ?
    ¿ Por qué habla de rebajas en el producto audiovisual del 70 % si lo que es realmente un atraco en España es el precio de las ADSL ?
    ¿ Por qué habla de Gratis total si resulta que no es asi ya que telefónica se encarga de cobrar 30 € de mas a los usuarios encubiertamente en concepto de descargas ?
    ¿ Por qué defiende la cutre-calidad de las descargas ilegales de cine ? ¿ Por protejer el enriquecimiento de telefónica y de los chupasangres (4.500 parece ser que son según últimas estadísticas) que se lucran de las webs de enlaces ? ¿ Tiene parientes en alguno de estos dos grupos ?
    La protección a ultranza de los altos precios de las líneas de internet en España es ir en sentido contrario a la universalización de la red, a su democratización y a su mejora en general. Intentar mantener el actual estado de las comunicaciones en este pais es la postura mas retrógrada tal y como lo hace la asociación de internautas y su representante Victor Domingo (talibán a la española donde los haya).
    Estoy seguro de que no va a publicar este comentario, pero si lo estoy de que entiende perfectamente lo que digo y sabe que es cierto, pero aún así defiende esas posturas por motivos económicos. Mírese en el espejo y si le gusta el cine (supongo que no, dada su postura) cambie. Y si no le gusta cállese y sea digno Sr. Marsá.

  3. 17:04 | 29 abril 2009 | Permalink

    Será que en mi navegador se ve otro articulo, porque no veo que en él se defiendan los altos precios de las conexiones ADSL, ni que los artistas trabajen gratis (todo lo contrario), ni la calidad de las descargas “totalmente legales” (dejen ya de decir mentiras) que por cierto ya se encuentran en HD-ready y FullHD.

    “Si no esta usted de acuerdo conmigo sera mejor que se calle”, eso si que es democratizar la red y no la supuesta censura que menciona de este blog, parece que usted si que sabe de lo que habla.

    Lo que se defiende o eso me parece a mi es que el modelo de negocio actual es obsoleto, y que lo tienen que cambiar. Si quiere un posible modelo, se le menciona el de Spotify, que parece que funciona en este ambito y en otros.

    Cambiando un poco de industria, y ya se que no es lo mismo pero algo se parecera, digamos que quiero tener mi correo electronico, una suit office (procesador y hoja de calculo) y algún que otro servicio más como pueda ser un buscador, ¿no se le ocurre ninguna empresa que de estos servicios “gratis total”, “por amor al arte” y por unos cuantos miles de millones de dolares?

  4. 17:06 | 29 abril 2009 | Permalink

    Cuando se habla de todo gratis ,por que no es todo gratis y no solo lo que perjudica a unos pocos.Eso no interesa verdad,podriamos entrar en comercios y llevarnos lo que quisieramos,cojer el coche que quisieramos o vivir en la casa que nos diera la gana.Pues no es asi señores la cosa no funciona asi las cosas tienen un precio, los autores crean una obra para ser explotada comercialmente y si quisieran regalarla serian ellos quienes deberian hacerlo no un medio como internet donde no hay un equilibrio es la ley de la selva lo mismo descargas algun contenido ilegalmente que compras armas o tienes pornogarfia infantil,eso es lo que significa todo gratis=a todo vale y no es asi.

  5. 20:47 | 29 abril 2009 | Permalink

    A la primera parte le voy a contestar: Usted no paga por ver La 1, La 2, Antena 3, Cuatro, Telecinco, La Sexta, … o por escuchar La Ser, Radio Nacional, La Cope, y en ningún momento se les ha escuchado decir que hay que prohibir las televisiones y radios todo gratis.
    A la segunda parte repetirle, que en España, no es ilegal descargar o compartir material protegido por copyright al contrario que la pornografía infantil que si es delito y la policia lo persigue y si te pilla te mete en la carcel, asi que deje de hacer comparaciones absurdas y desproporcionadas hasta un nivel que le deja en evidencia.

  6. 11:47 | 30 abril 2009 | Permalink

    Creo que no existe peor ciego que el que no quiere ver.
    Si la industria sigue con este modelo de atacar a sus clientes, perfecto que sigan así y un día llegará que no tengan a quien vender lo que producen, estarán todos detenidos o sin un duro por las multas o sin conexión a la internet.

    Existe modelos como iTunes, que aunque caro funciona, o Spotify, gratuito, que funcionan.

    La guerra la perdieron hace tiempo, libraran batallas y darán los últimos coletazos pero es un sin sentido y lo saben; pro hay que hacer caja antes de desaparecer de escena y dejar paso a lo nuevo.

  7. 18:00 | 24 mayo 2009 | Permalink

    señor Phill Zapata (comentario nº 6): si a usted le parece caro el precio de 0,69 euros por una canción díganos qué precio es el apropiado. ¡69 céntimos es más barato que una barra de pan! y seguro que usted ni discute el precio de ésta en la panadería. Es menso de la mitad del precio de un café o de una caña (¿acaso sabe usted el margen con el que se juega en esos productos? pero seguro qeu no dice ni mú al respecto).

    como autor (no musical, claro, para piratear lo que yo hago no hay que tener conexión a Internet sino talento, y eso ya no lo tiene tanta gente), le diré que cualquier persona tiene acceso libre a mis exposiciones, no se le niega la entrada a NADIE siempre y cuando no transgreda las mínimas normas de convivencia y respeto. Además son gratuitas, como la mayoría de ellas. Empezaré a regalar mi obra (aunque JAMÁS perderé la autoría sobre ella, así pasen 1000 siglos) cuando mi casero me deje de cobrar, cuando en el mercado dejen de cobrarme por la comida, cuando el transporte sea gratuito, cuando mi abogado deje de cobrarme por solucionar mis asuntos, cuando usted deje de cobrar por su trabajo, cuando todos regalen todo, vamos. Usted, y todos los que defienden que la cultura sea gratis sin más, son unos completos demagogos, déjeme que le explique, porque ninguno de ustedes se manifiestan, por ejemplo, porque la entrada a los museos sea gratuita, y no voy a hablar ya de “compartir” las obras alojadas en, por ejemplo, el Museo del Prado. ¿Eso no es cultura o es que para “compartir” esas obras hace falta algo más que palabrería? Verá usted, el único cambio que ha supuesto Internet con respecto al “antiguo” modo de hacer las cosas es un supuesto, y falso, anonimato, es decir, hacerlo sin que nadie parezca enterarse, porque no veo yo que la gente robe (¿hurte? ¿cómo quiere que lo llame?) CDs de la FNAC para después “compartirlos” con el mundo. De hacerlo es para quedárselos en SU casa ¿verdad? No confunda “libertad” con “gratuidad”, por favor.

    Ustedes hablan de “compartir”, pero ¿qué ofrecen ustedes a ese ambiente de intercambio tan igualitario con el que llenan sus bocas? Qué fácil es “compartir” lo que no es de uno … O quizá es que usted(es) sólo son consumidores-consumistas que se han aprendido una cantinela y no saben justificarla más que para su propio interés, que es no gastar un solo euro.

    Por cierto, y se lo digo porque seguramente usted pertenece a ese grupo de personas que se “indignan” cuando alguien pisotea los Derechos Humanos, ¿sabe usted que los Derechos de Autor se contemplan en el artículo 27 de la sistemáticamente pisoteada Declaración? Infórmese, por favor.

    ¿Dejar paso a lo nuevo? ¿Usted cree que querer que algo sea gratis es nuevo?

    [todos los entrecomillados están así adrede, tómeselos como sarcasmos]

  8. 8:08 | 14 enero 2011 | Permalink

    [...] El problema es que no quiero pagar lo que ya no necesito: el trabajo del impresor, del distribuidor y del librero. Y bien que lo lamento, porque es verdad que se van a perder muchos puestos de trabajo en la industria cultural. Sí que estaría dispuesto a pagar con mis impuestos ayudas temporales para los damnificados, como hicimos con los trabajadores de la siderurgia, los astilleros o la minería, pero lo que no tiene vuelta atrás es que la industria cultural está siendo en parte arrumbada, como antes otras, por el cambio tecnológico. Por un cambio tecnológico que nos permite ya difundir la cultura de una manera, y de unas maneras, que hasta hace poco ni soñábamos y a unos precios que pueden llegar a ser un 20% de lo que eran, o… “¿Gratis total? Por supuesto que sí”. [...]