En mis revisiones ginecológicas, la mínima exigencia es ver la cara de quien va a proceder a manipular en una posición tan comprometida y donde se es extraordinariamente vulnerable. La cara del fontanero que, tirado en el suelo, abrirá el sumidero de mi baño, o la de los pintores que entran en casa, en esta aceptada intromisión de mi intimidad, también es objeto de mi curiosidad. Del mismo modo que quien ha de ser juzgado, querría conocer las caras de quienes van a impartir justicia.
Un panfleto con pinta de prensa de buen papel, que todo hay que decirlo, y que circulaba estos días por la ciudad, y desconozco si por toda la isla, se erige en tribunal popular, pues sus autores así se denominan, y ponen en evidencia una supuesta trama de corrupción con más pinta de autorretrato de quien la denuncia, que de un hecho veraz. Anónimo todo ello.
No se demuestra demasiado mal gusto, si atendemos a determinado nivel de contención en la narración, suponiendo que ello permitirá al lector conceder más crédito a semejante historia, dado que no parece que se insulte a nadie con términos barriobajeros. Tiene que parecer creíble, debe parecer que se tienen pruebas de todo ello, y tendría que dar la sensación de que quien esté detrás, delante, o a un lado, representa la honestidad y los valores perdidos. Casi lo consiguen.
Habría que conocer los motivos por los que alguien, en lugar de escribir, no se planta en un juzgado a denunciar semejante nivel de corrupción que extiende sus redes por las personas y los lugares más insospechados, a no ser que quien lo haga, y es un suponer, lo que muestra es que es parte de una trama real que se defiende, que, quedando al descubierto, lo que hace es acusar a los demás de todo aquello que ha venido realizando durante décadas. Quiero decir aquello de, abogados corruptos, empresarios más corruptos, políticos en connivencia, y mucho, mucho dinero en juego, con cara de intereses inmobiliarios.
Retratan, digo, tal que si se miraran en un espejo, esperando que en el río revuelto del supuesto escándalo, se tambaleen unos cuantos que son un incomodo pedrusco en los zapatos que calzan. Del coleccionable que parece que va a seguir siendo este tribunal popular, aplaudo que, al menos, parecen que algo estudiaron que hasta saben hacer un esquema, aunque parezca más un árbol genealógico un poco forzado para emparentar con un remoto título nobiliario.
Guasa aparte, valientes, lo que se dice valientes, no lo son mucho, y mal pinta esto cuando se llegan a unos niveles tan burdos, de los que no me extrañaría que en la próxima entrega extiendan la supuesta red un poquito más arriba. Nada fino aquello de, putas todas menos mi madre y mi hermana, pero es lo que parecen querer decir, y suena raro que, puestos a hacer una limpia, no hayan tocado temas de común conocimiento, que se encuentran en los tribunales de justicia, que hablan de graves imputaciones a exalcaldes, empresarios y abogados, y continuaran tirando de la manta que no ha llegado a destaparse del todo, o que mencionaran los centros turísticos sin licencia, o las construcciones ilegales. Al menos para disimular.