El presidente del Gobierno canario hace unos días echaba la culpa del “frenazo” que sufre la Isla en infraestructuras públicas a la acción de grupos minoritarios de ecologistas y no a la falta de voluntad y liderazgo político que acecha a las instituciones locales desde hace años. Curioso resulta que si son tan pequeños esos grupúsculos “verdes” tengan a su vez la capacidad de paralizar proyectos de interés general.
Entre otros motivos, porque si alguna de las obras proyectadas en la Isla que han contado con el veto de los ecologistas estuviera realmente dirigida al beneficio colectivo, no creo que la ciudadanía se pusiera de parte del que pone el palo en la rueda por muy bien que nos venda la moto de la sostenibilidad ambiental. No recuerdo ninguna acción ecologista contra la construcción de colegios, viviendas de protección oficial, ambulatorios o grandes superficies que aumenten la competencia y abaraten el precio de la cesta de la compra.
Paulino Rivero no parece acordarse que la desaceleración que sufren algunos municipios no es culpa de la acción ecologista, sino de la incapacidad de algunos líderes políticos para aprobar planes urbanísticos que se ajusten a la legalidad o, en el caso del Cabildo, de la falta de consenso para diseñar el Plan Insular de Ordenación de Lanzarote (PIOL), el de residuos, el de energías renovables o el de telecomunicaciones.
Al presidente de Canarias le recordaría una frase de Schlegel que a mi juicio resume la verdadera razón de que Lanzarote no tenga mejores infraestructuras: “Para lo que se tiene gusto se tiene genio”. Digo esto porque, al margen de la acción vecinal o ecologista que ha ido encontrando espacio público, incluso en las instituciones locales a través de procesos electorales, hay que tener claro que en Lanzarote no se ha hecho más porque, sencillamente, no ha interesado a la clase política.
Precisamente la semana pasada teníamos un ejemplo de que los políticos pueden hacer oídos sordos a las voces discordantes y llegar a desbloquear proyectos que han contado con una fuerte oposición mediática o ciudadana. El Gobierno regional nos mostraba su acción unilateral con la “urgente aprobación” de los bienes afectados por el nuevo trazado de la carretera de Tahíche. En este sentido, no entro a discutir sobre la necesidad o no de ampliar la vía, sino que prefiero resaltar que cuando hay auténtico interés o compromiso en ejecutar obra pública, ésta se lleva a cabo sin más dilación y con la aplicación del rodillo.
Las urgencias y las excepcionalidades se aplican con el gobierno del PP y CC pero no precisamente con el objetivo de atender las demandas ciudadanas. Por eso sus políticas son de vía estrecha y acaban frenando la velocidad desarrollista de Lanzarote o de cualquier isla que no esté entre sus preferencias.
Con la acusación de Rivero a los movimientos ecologistas, que por ejemplo han denunciado intentos de apropiación indebida de espacios protegidos, como se pretendía con el campo de golf de Montaña Roja, parece que el presidente autonómico busca reducir la política a la exaltación de problemas concretos creados por este colectivo. Me resulta tan irónico ese intento por echar balones fuera, acusando al ciego de no ver, que voy a recoger mi pancarta e irme hasta el Parlamento regional a ver si soy capaz de frenar tanta idiotez.