Opiniones superficiales I

Jorge Marsá

El titular de ayer de El País incitaba a la sonrisa: “Zapatero desautoriza las opiniones ‘superficiales’ del Banco de España”. En efecto, Zapatero y opiniones superficiales… El caso es que han sido dos las propuestas del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que provocaron la “irritada contención” del presidente del Gobierno: la primera, la que defendía la necesidad de plantearse la reforma del mercado laboral; la última, sobre el peligro que corre el sistema de pensiones.

El debate sobre la reforma del mercado laboral está resultando de muy escaso vuelo en el ámbito político. Unos se limitan a poner de manifiesto que en España el despido es de los más caros del mundo desarrollado, y que esa carestía dificulta la creación de empleo. Los otros contestan que no debe ser tan caro el despido cuando se despide con tanta facilidad. Y las dos partes llevan razón: el despido es muy caro cuando se trata de trabajadores fijos con antigüedad, y sale prácticamente gratis si el trabajador tiene contrato temporal.

El Gobierno, los partidos de izquierda y los sindicatos han dejado clara su oposición a que se abarate el despido, es decir, su apuesta por mantener el mercado laboral tal cual está. Así que seguiremos padeciendo el mercado laboral dual que tenemos: un mercado que protege a los trabajadores fijos con altos costes por su despido, que condena a la gran mayoría de los nuevos trabajadores a contratos basura (la más alta tasa de temporalidad de Europa, hasta el punto de que es más del doble de la media del continente) y que destaca por tener una de las más altas tasas de desempleo entre los países desarrollados. En España, el Gobierno, los partidos de izquierda y los sindicatos seguirán defendiendo los puestos de trabajo fijos, y los empresarios continuarán contratando a los trabajadores de forma temporal para ahorrarse el alto coste de los despidos.

¿Qué es lo que proponía Miguel Ángel Fernández Ordoñez para provocar tanta irritación? Pues fijarse en otro modelo, en el danés, mucho menos centrado en la defensa del puesto de trabajo y mucho más en la del trabajador. En Dinamarca, el despido es muy barato, así que los empresarios pueden contratar y despedir con bastante más facilidad. En lugar de proteger el puesto de trabajo, el sistema social danés se preocupa de proporcionar un buen subsidio de desempleo a los despedidos y de facilitarles herramientas para la reinserción laboral. La conjunción entre un mercado laboral más flexible y un auténtico Estado del bienestar es el modelo que los nórdicos han implantado con notable éxito. Y ése es el modelo sobre el que proponía discutir el gobernador del Banco de España y, francamente, no se me ocurre otro mejor desde el punto de vista de la izquierda europea.

Cierto que hace falta un auténtico Estado del bienestar para proteger a los más necesitados, no lo que tenemos aquí, y que para crearlo sería necesario subir los impuestos, y ya dijo Zapatero que bajarlos es de izquierdas, así que seguiremos con lo que tenemos: proclamas sobre las políticas sociales, manifiestos contra la flexibilidad en el mercado laboral, y las mayores tasas de desempleo y trabajo precario de Europa. En fin, todo muy de izquierdas, porque estamos en contra de abaratar el despido de los trabajadores que tienen la fortuna de tener un contrato fijo y unos cuantos años de antigüedad. Para el resto… que se apañen como puedan en uno de los países con menor gasto social de Europa.

PD: Dejo para mañana la otra “idea superficial”, la de la reforma del sistema de pensiones.

Publicado el 20 de abril de 2009 a las 9:00 am en 'Economía'.

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