Más cultura

Fernando Marcet Manrique

Una ciudadanía culturalmente débil es una ciudadanía políticamente indefensa. ¿Qué quiero decir cuando hago esta afirmación?

En primer lugar, que política y cultura son conceptos muy relacionados. En efecto, aunque se nos haya acostumbrado a considerar la política como esa actividad practicada exclusivamente por unos señores adscritos a partidos políticos, lo cierto es que todos y cada uno de nosotros, en tanto seres humanos, somos animales políticos. Nos relacionamos, comerciamos, producimos, tomamos decisiones que afectan al resto de la comunidad, practicamos deportes, asistimos a eventos de todo tipo… cada una de estas pequeñas cosas que hacemos todos los días tiene que ver con la política. No es casualidad que en un ayuntamiento cualquiera existan concejalías de obras, festejos, educación, deportes, jardines, hacienda, etc. Son departamentos políticos que tienen como objeto regular y gestionar una serie de actividades que los ciudadanos practicamos habitualmente. La política la hacemos todos, pero los que llamamos políticos son quienes, en nuestro nombre, gestionan y regulan nuestra forma de hacer política. La persona que dice renegar de la política lo que en realidad está haciendo es rechazar una determinada forma de gestión. No puedes renegar de algo que forma parte de tu vida como ciudadano.

Me parece crucial acometer esta suerte de giro copernicano para poner las cosas en su sitio, devolviendo a la palabra “política” su verdadero significado. La política no la hacen los políticos. La política la hacemos todos, aunque la regulen y la administren los políticos con ayuda del poder judicial y ejecutivo. Si acabamos convencidos de que, en efecto, la política nada tiene que ver con nosotros, conseguiremos vaciar una palabra de contenido, nada más… pero nada menos. Si la política, el concepto amplio de política, no cuenta con un vocablo que la nombre –porque el que debería corresponderle ya está ocupado por esa “actividad practicada por personas adscritas a partidos políticos”–, no dejará de existir, pero pululará cual alma en dimensiones paralelas, como un fantasma, inaprensible y etérea, ajena a nosotros aunque la tengamos tan cerca. Estipulemos y convengamos, entonces, que política es esa serie de prácticas que los miembros de una comunidad realizan, condicionando con ellas la naturaleza del conjunto.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver la cultura con todo esto? Como hemos hecho con la palabra “política”, hemos de vislumbrar la cultura en su acepción más universal. Según diría la RAE, cultura es ese “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar un juicio crítico”. Me parece una muy buena definición. La cultura que todos y cada uno de nosotros poseemos viene determinada por todo lo que hemos visto, escuchado, probado, tocado y olido a lo largo de nuestra vida. En consecuencia nuestra cultura es algo que está en continuo desarrollo. Así, cuanto más veamos, escuchemos, toquemos, probamos y olfateemos, y en la medida que seamos capaces de asimilar esa nueva información, mayor será nuestro bagaje cultural.

Entonces, ¿cómo no tendría que ver algo como la política, tan intrínsicamente unido a nuestras relaciones comunitarias, con lo que asimilamos y aprendemos a lo largo de nuestra vida?

Dicho claramente, cuanto más sabemos, cuanto más conocemos, cuanto más cultos en un sentido general somos, nuestras actividades y relaciones políticas tienden a ser más completas y eficaces.

Ciñéndonos a la isla de Lanzarote, nos encontramos, desde mi punto de vista, con unas carencias culturales que personalmente sitúo como una de las principales causas del desbarajuste social en el que nos hayamos inmersos… más allá de coyunturas internacionales.

Ha sido el bajo nivel cultural de la gente –entendiendo, insisto, la cultura desde una perspectiva universal– el que ha posibilitado que políticos corruptos ganaran elecciones una vez tras otra. Es ese mismo bajo nivel cultural el que catapultó a empresarios con mentalidad caciquil hasta posiciones desde las que hicieron y deshicieron a su antojo. El mismo nivel cultural que ha hecho proliferar discursos populistas que de otro modo habrían sido desechados por retrógrados e hipócritas.

Tal vez pueda mi posición tildarse de elitista. Es esa la típica recriminación de quienes se han aprovechado tradicionalmente del bajo nivel cultural general para medrar y ascender. Los que dicen enorgullecerse de no haber leído un libro en su vida son gañanes por partida doble: por el hecho de no haber leído un libro y por creer que una afirmación de ese tipo les hace simpáticos de cara al pueblo. Mal síntoma. Mala cosa para cualquier sociedad cuando en su seno todavía hay personas que consideran el analfabetismo funcional una virtud digna de admiración popular.

La incultura es la madre de la violencia, porque las personas incultas se ofuscan cuando no encuentran argumentos sobre los que respaldar sus posturas. La incultura es la madre de la demagogia, porque un discurso repleto de tópicos y lugares comunes no requiere más nivel ni esfuerzo que el justo. La incultura es la madre de la corrupción, porque una ciudadanía inculta es una ciudadanía abotargada y desprovista de armas que le permitan reaccionar cuando le roban delante de sus narices. La incultura es la madre de la crisis económica, porque una sociedad inculta no sabe qué hacer con los beneficios que pueda obtener en un momento dado, y se siente incapaz de innovar o de huir del dañino monocultivo.

Por tanto, y concluyendo, opino que aumentar el nivel cultural de la población, en un sentido lo más general y universalista posible, debe ser un objetivo prioritario ahora y siempre.

Simplificando un poco, pero reconociendo que mucho de verdad hay en el mensaje, me quedo con la frase de Simone de Beauvoir:

La naturaleza del hombre es malvada. Su bondad es cultura adquirida.

Aunque cambiaría la palabra “malvada” por “egoísta”, y la palabra “bondad” por “empatía”. Porque, en efecto, para mí no hay ninguna duda, somos egoístas por naturaleza, y sólo la cultura nos hace ser conscientes de que los demás merecen, al menos, el mismo trato que para nosotros quisiéramos.

Publicado el 16 de abril de 2009 a las 9:00 am en 'Cultura'.

2 Comentarios

  1. 16:30 | 27 abril 2009 | Permalink

    No puedo estar más de acuerdo en su disertación.

    Ojalá más conejer@s pensaran así. Mejor nos hubiera ido.

  2. 13:44 | 20 octubre 2009 | Permalink

    Para los que tienen sed de cultura en Lanzarote, les invitamos al siguiente evento y rogamos difundirlo:

    La artista multimedial Bianca Atwell presenta en Lanzarote una conferencia totalmente original, sin precedentes en la isla:
    ¿Qué es la Realidad?
    Un viaje al cosmos y al interior del cuerpo humano.
    Bianca utiliza proyecciones en 3 dimensiones y vídeos para introducirnos en los últimos avances de la física cuántica, la genética y la microbiología.
    Viajaremos al cosmos y en una nave nanométrica al interior del cuerpo humano.
    Atwell viene brindando una serie de conferencias de divulgación científica en la isla que están dejando al público perplejo.
    Utiliza el humor y diversos juegos en los que la gente se divierte mientras conoce los últimos avances de la ciencia. Muy original.

    Entrada: 10 Euros. hay barra con diferentes bebidas.
    Sábado 14 de Noviembre a las 21 hs.
    Lugar: MIRARTE. Calle Miramar 28, Güime
    Más información en http://www.lanzarote-canarias.com

    Muchas gracias