Similitudes

Adonis Ximénez

Escuchando al ex presidente de la Gestora del Ayuntamiento de Marbella, Diego Martín , te das cuenta de que el titular de El País que comparaba esta latitud con aquella no estaba tan equivocado. Quizás en Lanzarote no haya habido aún ningún alcalde encarcelado, ni ninguna Corporación disuelta por claros signos de corrupción urbanística, pero tanto aquí como allá las formas instauradas en el seno de la Administración dejan mucho que desear y ponen en riesgo la imagen de la política. Y lo que es más evidente: aquí y allá se han cometido irregularidades que son difíciles de atajar, se abusa del silencio administrativo para conceder licencias, los tribunales tardan en aplicar medidas cautelares para garantizar el interés general y los derribos son un anuncio de buenas intenciones que no llegan a materializarse nunca.

Tanto en Marbella como aquí, las plantillas de trabajadores municipales están infladas, hay funcionarios menospreciados porque no son de la confianza del político y tienen que soportar que trabajadores laborales o asesores cobren más que un titulado. Aquí y allá están de moda las redes clientelares, la dependencia de algunos empresarios hacia la Administración, que la exprimen, la doblegan e incluso la coaccionan para recibir de ella cuantiosos beneficios. A cambio se pagan campañas electorales, se perpetúa al alcalde “benévolo” o se crean redes mediáticas a medida para el cortejo de los que gobiernan y así favorecer las mayorías absolutas legislatura tras legislatura.

La propia población que chupa del tarro público también ejerce su presión sobre las políticas de personal de las instituciones. Después nos extrañamos de que la ciudadanía no proteste, ni exija cambios. ¡Cómo morder la mano que da de comer! Así las cosas, los que demuestran un ápice de crítica son los que no están dentro de ese círculo cada vez más deforme o los que fueron expulsados al no ser del mismo signo político de los que tienen la batuta de mando.

El abogado Diego Martín, supongo que sin pretenderlo, encontró otra similitud entre Marbella y Lanzarote. Dijo que en la ciudad malagueña también se habían iniciado hasta 120 expedientes de legalización de licencias a través del sistema de compensaciones. Pero reconoció que su efecto no ha sido el deseado. De las 30.000 edificaciones ilegales, sólo se han dictado 500 órdenes de derribo y en la mayoría de los casos de viviendas sin ocupar. También reconoció que la Junta de Andalucía pudo cerrar hasta 7 hoteles y que la presión de los sindicatos con el argumento de los puestos de trabajo en juego lo impidió. La presión ejercida por centenares de particulares afectados por la compra de inmuebles ilegales también evitó una nueva cascada de procedimientos judiciales.

Ante esta realidad, Martín reconoció que la Junta de Andalucía prefiere una “política contemplativa” con la que recuperar electorado que una aplicación estricta de la ley. En Lanzarote ya se está viendo esa mano laxa del Gobierno de Canarias y de los gobernantes en el Cabildo, que han movido el cascabel pero que no han querido ponérselo al gato. ¿Por qué? Muy sencillo. En el fondo no se pretende más que hacer ruido.

Publicado el 30 de marzo de 2009 a las 9:00 am en 'Política'.

1 Comentario

  1. 10:11 | 30 marzo 2009 | Permalink

    Es verdad; en el fondo no se pretende más que hacer ruido. Se llama eso política de cara a la galería -electoral en este caso. Lo que hace el PSOE en Lanzarote con su falsa, interesada y lucrativa política urbanística. Menos mal que ya cada vez engaña a menos gente con ese cuentico, aparte los que se dejan engañar porque les interesa no abrir los ojos y ver lo que ya estamos viendo la mayoría.