El “Gran Debate” político sobre la isla, o más bien el diagnóstico que hacen de ella los representantes públicos del Cabildo, ha terminado con el consenso del grupo de gobierno y los partidos de la oposición para trabajar conjuntamente por el PIOT y llamar a las puertas de otras Administraciones para que cofinancien proyectos en Lanzarote. En definitiva, un consenso que parece indispensable para contribuir un poco a despertar el interés hacia nuevas grandes empresas, hacia nuevas tareas constructivas. Es preciso que no vuelva a cometerse el error de pensar que esta isla puede gobernarla un solo capitán, porque la difícil faena de hacer política requiere de todos los esfuerzos y de todos los agentes sociales y económicos.
Se comenta que la gracia del gobierno PSOE-PIL es su afán de impulsar una nueva filosofía de crecimiento de la que emanan todos sus proyectos. No es cosa fácil intentar cambiar el modelo económico de la isla, y mucho menos construir futuro con modelos de gestión arcaicos instaurados en la Administración. Si a esto le sumamos que los urbanistas y economistas, los ecologistas y el propio modelo económico, los ciudadanos y las estadísticas parecen profetizar que si no hay cambios no habrá futuro halagüeño, es un alivio que se opte por romper la mecánica de hacer política sin profecía.
Si se tiene en cuenta que todas las grandes épocas de la historia han nacido de la sutil colaboración entre dos tipos de hombre (políticos y profetas), es de agradecer que los políticos hayan dejado de declararse independientes y hayan reinstaurado esa colaboración con todos los agentes implicados en el desarrollo de una sociedad para no seguir eludiendo la responsabilidad de coger el toro por los cuernos. La cooperación es esencial para acabar con la sempiterna imagen decadente de la política insular (basada en el enfrentamiento permanente), porque si todos trabajamos con un mismo objetivo, será complicado que todos nos equivoquemos.
Ahora bien, espero que el ámbito unitario en el que debería germinar el cambio de modelo económico de la isla no esté exento de valores colectivos, realismo y pragmatismo. Igual que el cuerpo humano no es un montón de partes sueltas, sino que posee una estricta anatomía y una clara estructura, espero que la política que se desarrolle a partir de ahora esté basada en la organización y el trabajo en equipo. Lanzarote no debería seguir despolitizada o, lo que es igual, carente de principios de convivencia política. En definitiva, la cooperación desarrolla un mágico influjo que termina de un plumazo con la polémica y la agitación. Justo lo que necesitamos para ponernos a trabajar en serio.
Se ha llegado a un consenso de mínimos (llamar a las puertas de otras administraciones para pedir dinero) pero en los grandes temas no ha habido acuerdo ninguno.