Mañana me voy de Lanzarote. Me hago a la mar junto a otros 31 lanzaroteños en una embarcación apenas apta para 15 ocupantes. Existen muchas posibilidades de que no lleguemos y, si llegamos, lo más seguro es que nos detengan y nos devuelvan a esta condenada isla. Condenada, sí.
Soy de Lanzarote. Mis padres eran de Lanzarote. Los padres de mis padres eran de Lanzarote. Hasta lo que yo sé toda mi familia es de Lanzarote. Nos criamos en este pedazo de tierra y, aunque hubo tiempos duros, siempre conseguimos salir adelante. Pero ahora es imposible. No hay trabajo, no hay comida, no hay nada. Sólo hay piratas que de cuando en cuando llegan a la isla y arrasan con lo que encuentran a su paso. Todos los jóvenes, como yo, nos estamos marchando en cuanto se nos presenta la menor oportunidad. Aquí es imposible prosperar y, aunque al principio eran reacios, ya hasta los viejos nos animan a que nos marchemos. Saben que hay serias posibilidades de que perezcamos, pero incluso prefieren eso antes que vernos desfallecer de hambre delante de sus propios ojos. No hay nada más terrible para un padre que verse obligado a contemplar la lenta e inexorable agonía de su vástago. Si existe una posibilidad, aunque sea una sola, de que lleguemos a África y podamos quedarnos allí, entonces hay que intentarlo.
Nos dirigiremos a Tan-Tan. No está muy lejos, más o menos como de aquí a Gran Canaria. Los marroquíes han prosperado bastante durante los últimos años. Cuando nos reunimos en casa de Paco, vemos los partidos de fútbol de la liga marroquí, y allí van los mejores jugadores del mundo, así que a la fuerza tienen que ser ricos. Si pueden permitirse pagar miles de millones a unas personas, sólo por meter un balón entre tres palos, es que les sale el dinero por las orejas.
Ya sé que también hay mucho racismo y que a los canarios nos miran mal. Piensan que somos unos muertos de hambre, que somos conflictivos, que llevamos enfermedades y que vamos a quitarles el pan de la boca. Pero eso me da igual. El primo de Antonio se marchó hace ya años y consiguió quedarse. Trabaja de camarero muchas horas al dia y por poco dinero, pero al menos consigue ahorrar algo, y hasta manda a su familia un poco casi todas las semanas.
Los marroquíes no entienden que seamos incapaces de sacar adelante nuestra propia tierra. Piensan que eso demuestra la debilidad de nuestra raza, nuestra torpeza y nuestra incompetencia nata. Por eso les preocupa que vayamos allá y les contaminemos con nuestra sangre. Pero yo sé que eso no es cierto. Los canarios somos tan buenos y capaces como los que más, y la prueba está en todos esos que han conseguido hacer grandes negocios fuera. Ya me gustaría ver a los marroquíes intentando coordinarse o progresar de algún modo con saqueos piratas cada dos por tres, la mayoría de las veces contratados por nuestro mismo gobierno corrupto.
¿Y por qué no los echamos, dicen los marroquíes? ¿Por qué los ciudadanos canarios no conseguimos organizarnos para expulsar a nuestros dirigentes corruptos? Y lo dicen como si eso fuera sencillo. Los muy hipócritas fabrican y venden las armas que nuestros gobiernos usan contra nosotros, y luego encima les dan ayudas para que puedan pagarlas. Y nos dicen que intentemos librarnos de ellos. Y nos dicen que no vayamos a sus costas. Que no nos quieren. Mientras financian nuestra ruina, a los muy canallas les preocupa que muramos en sus playas y espantemos a los turistas.
Dicen que vamos engañados. Menuda tontería. Dicen que las mafias se aprovechan de nosotros y que nos cobran precios abusivos por un viaje hacia la muerte. Son las cosas que se cuentan para desatender su propia responsabilidad. La responsabilidad que tiene cualquier ser humano para con cualquier otro que le solicita ayuda desesperada. Ellos no quieren saber nada de esa responsabilidad, pero tienen la conciencia sucia, y por eso hablan de engaños y de mafias.
Hasta se atreven a acusar a nuestros padres, porque envían a sus hijos a un viaje incierto. Aseguran que, como las leyes de su país protegen a los menores, nuestros adultos mandan egoístamente a sus hijos. ¿Qué clase de mente retorcida piensa así? ¿Acaso no son padres ellos? ¿Acaso nos consideran seres humanos tan diferentes? ¿Acaso son incapaces de imaginar el sacrificio y el grado de desesperación que subyace en los hechos que critican? ¿Por qué en lugar de deducir lo penosa que debe ser nuestra situación se dedican en cambio a tomarnos por monstruos? Supongo que les será más cómodo…
Todos los que viajamos mañana sabemos perfectamente a qué nos enfrentamos. Muchos no somos más que niños, pero jamás tuvimos infancia que suavizara nuestra entrada al mundo real. Sabemos a dónde vamos y cuánto tuvimos que pagar por ello. Sabemos que la semana pasada una barca volcó en alta mar y murieron todos los que iban dentro. Sabemos que, muy cerca de donde vamos a desembarcar nosotros, otras barcas han encallado, con más muertes.
Es un viaje largo y penoso. Días y noches apretados en un espacio muy reducido, sin posibilidad de estirar las piernas. Encima está previsto que lleguemos de noche, para que no nos descubran, a un lugar poco vigilado, y precisamente por ello muy peligroso. Llegaremos a oscuras, a una costa hostil, con el cuerpo entumecido y tremendamente débil, así que si la barca gira, la mayoría no tendremos fuerzas ni siquiera para ponernos a nadar… aunque sepamos. La muerte será inevitable, y somos conscientes de ello. Pero nos da igual.
Es mejor morir deprisa, habiendo intentado todo lo que estaba en nuestra mano, que resignarnos a una existencia apenas más larga pero infinitamente más cobarde. La suerte está echada, mañana me voy. Y que sea lo que tenga que ser.