Otra vez

Perplejita me hallo

[Canarias Bruta, 17 de febrero de 2009]

La imagen es poderosa. Una lancha de Salvamento arrebata al mar el cadáver desmadejado de un crío, muerto junto con veinte personas más cuando casi podía tocar con los dedos la costa de Lanzarote tras una travesía incierta desde Tan Tan, al sur de Marruecos.

Esto pasa día sí y día también. Nos estremece cuando ocurre tan cerca de nosotros que no podemos mirar hacia otro lado, pero eso no significa que no ocurra a diario en alta mar, donde no alcanzamos a verles. Miles de personas se juegan la vida y la pierden en un viaje hacia un mundo en el que les han asegurado que el dinero les saldrá por las orejas.

Esto es una mierda esférica, es decir, es una mierda lo mires por donde lo mires. Los gobiernos de los países de origen (eso en los países donde hay Gobierno, porque África es un sindios) alientan a la población a marcharse o no ponen trabas para impedir su salida; las mafias se lucran con un negocio redondo; los países ricos los tratan como un problema sin querer comprender que la inmigración sólo se ataja en origen, dándole a la gente un horizonte económico de supervivencia (no digamos ya de bienestar) que la haga desistir del siempre triste trance de tener que abandonar su país, y más en esas condiciones.

La crisis no los para, ni los parará. A gente que come una vez al día y que aspira a comer por lo menos dos no los va a parar que la codicia de los especuladores financieros haya dejado a la banca mundial con los calzones raídos. En Senegal lo mismo les da quién fuera Madoff o que la libra se deprecie.

Vivos o muertos, los inmigrantes son rentables en Canarias. Si viven, los acusamos de colapsar nuestros servicios sociales, de ser delincuentes por naturaleza, de robarnos el trabajo, de ser una carga que mejor asuma el Estado, de contaminar nuestra raza (¿o no, señor Burns?) y de haber abierto cinco sellos del Apocalipsis. Quedarían dos, que dejamos reservados a altos cargos de CC y a López Aguilar, cómo no.

Si mueren, nos llevamos las manos a la cabeza, sacamos en procesión a Santa Demagogia, fingimos que nos consume una pena enorme y pedimos más dinero para controlar la frontera.

Con este horrendo suceso (enlazo la noticia en laprovincia.es), por lo menos hemos tenido el consuelo de ver que queda gente decente, como Christian Hunt, el surfista uruguayo que desoyendo a la policía se lanzó al mar con su tabla para salvar a cuantos pudo, seis en total, o como aquella otra gente que estaba pasando el día en La Tejita (Tenerife) hace unos años, y que se volcó en auxiliar a los maltrechos pasajeros de una patera que desembarcó frente a sus narices.

Publicado el 19 de febrero de 2009 a las 7:00 am en 'Sociedad'.

Comentarios cerrados