El gol que Wyoming le ha colado por toda la escuadra a Intereconomía con el famoso vídeo de la becaria nos ha demostrado que no sólo existe una guerra de medios y un intento de descrédito a varias bandas, sino que cada vez con más frecuencia la verdad y la mentira se difuminan en las propias plataformas mediáticas como el polvo de una tiza. El espectador o el oyente ya no sabe si le están dando sopas con ondas o si lo que está viendo es un show, un reality, la pura realidad o un cóctel de las tres cosas.
Al aviso de que las imágenes pueden dañar la sensibilidad del telespectador o que los contenidos son recomendados para mayores de 18 años debería sumársele ahora el distintivo “Todo lo que está leyendo, escuchando o viendo es… ¡mentira cochina!”. De esta forma sabremos a qué atenernos.
Navegando por Internet, ese gran mentiroso internacional donde es recomendable tener en cuenta que lo que se lee hay que ponerlo en cuarentena si no hay referencias del sitio de donde se extrae la información, encontré recientemente una página web (notifreaks.com.ar) en la que se ofrece la posibilidad de enviar una noticia falsa a un amigo con el formato de las principales cabeceras de periódicos digitales de Argentina. Los contenidos de las noticias que se pueden desarrollar son bastante peculiares: un violador de perros, un concurso de traseros peludos, un corpiño que le salvó la vida a una mujer y una esposa que capó a su marido, entre otros. Por supuesto, la “gracia” de la broma radica en que el protagonista de estas noticias falsas y rocambolescas sea el inocente amigo al que “supuestamente” conviertes en portada de un medio de comunicación de tirada nacional.
Más grave que esa “travesura” es que se propague el descrédito absoluto de la prensa cuando se utiliza por ejemplo Internet para propalar bulos, y que éstos no queden como una mera anécdota, como la supuesta paternidad de José María Aznar del hijo de la ministra francesa de Justicia, sino que pueden provocar que una empresa se desplome en bolsa. Es el caso del falso ataque cardíaco sufrido por Steve Jobs, consejero delegado de Apple. Esta noticia, que se propagó como la pólvora, incluso entre altavoces mediáticos de prestigio (CCN), ha hecho que se abra un debate sobre los riesgos del “periodismo ciudadano”.
¿Es un periodista en potencia cualquier persona con acceso a Internet o con una cámara de vídeo que tenga algo que contar? ¿Es un arma de doble filo que se recurra a la participación ciudadana para que las experiencias de terceros se conviertan en noticia? Sin duda, la clave para evitar el bochorno de publicar o difundir mentiras es ser cuidadoso y contrastar la información. Pero no es menos cierto que la audiencia nos muestra que la mentira vende (el programa El Intermedio que presenta Wyoming logró, tras la difusión del vídeo de la becaria, un récord de audiencia, al igual que el espacio Mujeres y Hombres de Tele 5 y el tronista Efrén Reyano, que pasó de ser un cornudo apaleado a un siniestro personaje que se ha reído de todos), y que a veces es más fácil hacer un guión que buscar una buena fuente. Los periodistas quizás tengan que hacerse a la idea de que la verdad no gusta a la audiencia, y que deben reconvertirse en cuentacuentos.
Artículo de Antonio Rico
No puede ser por motivos de espacio, pero el verdadero título de esta columna es “Dos proverbios discutibles y uno completamente cierto”. Son los siguientes:
- “Cuando el dedo señala a la luna el tonto mira el dedo”. Proverbio chino. Es uno de los discutibles. Se podría reescribir la sentencia como “Cuando Wyoming señala al periodismo basura Fernando González Urbaneja mira a Wyoming”. Un humorista pone al descubierto las prácticas marrulleras, interesadas y mezquinas de un periodista, y el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid critica… ¡al humorista! ¿Es Urbaneja tonto? No lo creo. A lo mejor cuando el dedo señala a la luna el corporativista, el interesado, el listillo, también miran al dedo.
- “Hace falta un ladrón para cazar a un ladrón”. Proverbio norteamericano. Tampoco es del todo exacto. Al menos esta semana el “bufón de segunda” Monzón cazó al “orgulloso de su programa y de su cadena” Horcajo sin necesidad de salir por la tele mintiendo como un fanático y asegurando que sus colaboradores practican la profesión más vieja del mundo, (paréntesis: Horcajo tiene una extraña fijación con esa profesión; también dijo que Wyoming se comportaba como un H.P., a lo que el genial humorista contestó indignado: ¡me ha llamado “impresora”!).
- “Cualquier hombre que puede ruborizarse guarda algo de honestidad en su interior”. Proverbio griego. Éste es el completamente cierto. Asistí a las explicaciones del periodista de Intereconomía TV con toda mi atención puesta sobre su rubor facial. Ni rastro. Ni siquiera cuando dijo que creía estar ante un delito, por lo que no se entretuvo en comprobaciones y rápidamente lo denunció ante la policía… ay, no, rápidamente lo emitió por televisión entre comentarios llenos de sorna. Ni rastro de vergüenza. Sólo el rostro pálido y un hilillo de baba ácida apareciendo y desapareciendo con el abrir y el cerrar de la boca
Hay una frase popular que dice: ” Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro.”. Los share de audiencia traen estos esperpentos. Los periodistas deberian atenerse a sus principios deontológicos y proclamar:
“La comunicación efectiva es la habilidad para trasmitir los sentimientos, creencias, y opiniones propias con honestidad, auto-respeto y oportunidad; al mismo tiempo respetar los derechos de los demás.”
Ayer Wyuoming recordaba en su programa (en el juicio “sumarísimo” que le hizo la audiencia y sus propios colaboradores al más puro estilo Tele 5) que no era periodista sino humorista y en estos términos hay que entender la gracia! Hay periodismo que huele muy mal y periodistas que llevan el título bajo el brazo muy a la ligera. No me extraña que haya tan mala fama, tan malos salarios y tanto intrusismo si los propios periodistas se desacreditan mutuamente y airean sus propias fobias y filias públicamente.