Hace unos años, allá cuando HiperDino se implantó en Lanzarote, un amigo que trabajaba por aquel entonces en COCELAN me comentaba lo siguiente:
Lo estamos pasando bastante mal…, ésta gente está vendiendo por debajo del precio de coste, venden la fruta más barato de lo que a ellos les cuesta conseguirla.
¿Exageraba mi amigo? ¿Se quejaba de vicio? Reconozco que yo también me hice tales preguntas en su momento. ¿Vender por debajo de coste? ¿Qué sentido tiene eso? No fue hasta unas cuantas lecturas (y años) después que me convencí de la verdad que expresaba su lastimera afirmación. En efecto, lo que me comentaba mi amigo sucedió, y sigue sucediendo en muchas partes del mundo todos los días. En realidad se trata de una de las estrategias favoritas de las grandes empresas cuando se implantan en nuevos territorios. Viene a ser algo así como el abc del capitalista exitoso. Una norma que se podría resumir del siguiente modo:
Siempre que llegues con tu empresa a un nuevo territorio debe ser una de tus prioridades eliminar la competencia del sector al que tu empresa se dedique. No te equivoques desperdiciando dinero y esfuerzo tratando de ganar clientes. En lugar de eso, acaba con las empresas que ya estén allí y los clientes no tendrán más remedio que acudir a ti, ahorrándote, a medio y largo plazo, cantidades astronómicas en campañas promocionales y en una constante mejora de los servicios o productos que ofreces. Copar el mercado te permitirá respirar aliviado durante muchísimo tiempo (hasta que, claro está, llegue una empresa todavía más fuerte que tú y haga lo mismo, pero para evitar eso ya idearemos otras estratagemas)
¿Y cómo se consigue eso? ¿Cómo logras eliminar a empresas con muchos más años de experiencia que tú en ese lugar? Asumiendo que tu empresa es una entidad pujante, con un capital importante que la respalda, lo que debes hacer es vender muy por debajo de los precios colocados por tu competencia, durante el tiempo que sea necesario y aunque ello te lleve a acumular pérdidas los primeros años. Las empresas de la competencia no tendrán prevista tu llegada, las cuentas no les saldrán, y por grande que sea su margen, es seguro que tarde o temprano acabarán proponiéndote un acuerdo ventajoso de fusión o, simplemente, desaparecerán. Ten por seguro que los beneficios de los ejercicios posteriores compensarán con creces las malas cifras del principio. Tómatelo como una inversión más, prevé tal circunstancia en el proyecto de implantación y la fruta acabará cayendo de madura.
Así es como corporaciones multinacionales copan mercados y acaban con industrias emergentes de países enteros. ¿Que en Bolivia está floreciendo un exitoso negocio arrocero susceptible de poner en peligro mi super-mega corporación arrocera? No pasa nada, entro allí unos años vendiendo mi arroz a precio muy inferior al que ellos pueden permitirse colocar durante demasiado tiempo, hasta que no tengan más remedio que ofrecerme un trato y trabajar para mí. Así se acaba con la amenaza para siempre y así podemos volver a seguir poniendo los precios que nos apetezca, aunque ello mate de hambre a no sé cuantos bolivianos. El mercado es así. Esto no se trata de un alegato antiglobalización, sino de la pura y dura realidad, es la mera exposición de los hechos. Las cosas suceden de este modo. Tal cual. Y si no se lo creen, miren qué ocurrió con HiperDino o con Spar aquí en Lanzarote. Unos se fusionaron con Supermercados Marcial y ambos, en cuanto coparon el mercado, empezaron a vender a precios abusivos, ofreciendo a cambio productos pésimos y servicio deprimente.
Obviamente, y como nunca hay acción sin reacción, lo que ha ocurrido en muchos lugares del mundo, especialmente en Sudamérica, ha sido la proliferación de gobiernos que en cuanto pudieron empezaron a blindar sus territorios, por así decirlo, contra la llegada de empresas foráneas. La nacionalización de las industrias y de la explotación de los recursos no ha sido la frívola consecuencia de cierta ideología utópica, sino el resultado de sufrir experiencias bien palpables y bien constatables durante décadas.
Ahora bien, igual que no se acaba con una gripe a base de sanguijuelas –al contrario de lo que se pensaba antaño– yo también me permito dudar si esto de la nacionalización o del cierre sistemático a todo lo que venga de fuera supone un remedio acertado.
Volvamos a Canarias. La todavía vigente Ley de Comercio de Canarias es lo más parecido a un “blindaje comercial nacional” que imaginarse cabe. Limita muchísimo la entrada de empresas foráneas, tanto, que desde que se implantó, aquí en Lanzarote, el binomio SparMarcial-Hiperdino no ha hecho sino crecer y aumentar su margen de beneficios. Es decir, si blindarse significa que proteges a un par de empresas tanto como para que éstas se permitan el lujo de poner los precios y ofrecer el servicio que les viene en gana, entonces puede concluirse que el remedio es prácticamente peor que la enfermedad. Lo curioso es que tanto HiperDino como Spar se beneficiaron primero del liberalismo que les permitió entrar cual elefante en cacharrería, y luego del blindaje acometido por el Gobierno con la última Ley de Comercio…, curioso y llamativo.
¿Y entonces qué hacemos? Ahora que nos hemos desfanatizado y hemos rechazado las etiquetas simples, tipo “liberalismo-caca-comunismo-pedo”, es momento de preguntarse cuál sería el modelo comercial ideal para los ciudadanos de un territorio determinado. Un modelo comercial que garantice precios constantes (y bajos) al tiempo que evita el acomodamiento de las empresas. Y no hablaré de eso tan traído de “dar el trabajo a la gente de aquí”, porque desde una perspectiva universalista, como es la mía, un trabajo siempre es un trabajo, y me da igual el DNI o lugar de origen de la persona que lo ocupa. Lo de los precios es diferente, el desbarajuste en los precios y la especulación generan hambre, y frente a eso no hay justificación posible.
Si acordamos que un modelo comercial ideal es aquel que impide fenómenos como el expresado al comienzo de este artículo, con empresas que venden por debajo del precio de coste para copar el mercado y luego subir los precios de golpe; y aquél que impide asimismo que empresas ya implantadas se blinden frente a la competencia y se acomoden. Entonces lo que hay que hacer es, precisamente, legislar en tal sentido. No vale eso de que “el mercado se regula solo”, porque cuando se deja solo lo cierto es que los grandes capitales acaban marcando la baraja, y tampoco vale aquello de “cerrémonos contra las empresas de fuera”, porque la cerrazón tiene consecuencias igualmente nefastas.
Dicho todo lo cual, las dos únicas medidas que yo, no sólo tomaría, sino que me parecen fundamentales, son las siguientes:
–Fijación de un margen de precios, en función del mercado internacional, la fluctuación del precio del dinero y de un estudio concienzudo de los costes de producción, para que ninguna empresa pueda vender más barato ni más caro de la cuenta.
–Creación de leyes antimonopolio, así como el cuidado de su correcto cumplimiento, evitando las triquiñuelas, tales como la creación o la compra de empresas asociadas subalternas.
Piensen en ello. Si nadie pudiera vender por debajo o por encima de determinado margen evitaríamos la entrada de empresas especuladoras como HiperDino que revientan el mercado y desestabilizan los precios. Y si las leyes antimonopolio fueran más estrictas y se velara mejor por su cumplimiento, se evitaría que tanto las empresas locales como las foráneas quedaran fuera del juego competitivo necesario para que sus servicios sigan siendo óptimos y sus precios razonables.
En realidad, si consiguiéramos eliminar el factor precio en la medida de lo posible, ¿qué sucedería? Pues que el único factor competitivo sería el de la calidad de los productos y del servicio. En mi opinión, las Leyes de Comercio del futuro deben seguir, y seguramente acabarán siguiendo, éste camino.
¿Donde están los mercados agrícolas prometidos por el Ayuntamiento de Arrecife y del Cabildo Insular?
Me parece que es como el juego de terrateniente. Se necesita otro mendizabal, eso mismo pero para las empresas. Si hay ley antimonopolio, pienso que deberia haber una ley que beneficie exclusivamente al pequeño comercio eso hace grande a la ciudad y no al reves. Pues en el pequeño comercio no harian eso. En cuanto al grande comercio como se llevan por lo del capitalismo duro para eliminar a la competencia , estoy de acuerdo en que se haga una ley que fije un minimo al igual que en CNMV CENTRO nacional mercado de valores que fija las normas en la bolsa para que no haya desmanes.
Sin comentarios:
http://www.laprovincia.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2009020300_8_206603__ECONOMIA-TSJC-ordena-Gobierno-canario-conceder-licencias-hiper-descuento-duro
A mí me gustaría saber por qué ningún medio de comunicación de Lanzarote se ha hecho eco de esa noticia, la de que el TSJC ha considerado ilegal el decreto promulgado por el Gobierno de Canarias para evitar la entrada de superficies de descuento duro en Canarias……..¿QUÉ PASA? ¿No lo consideran una noticia suficientemente importante? ¿Será posible que todos los medios de comunicación de la isla estén comprados por Hiperdino? No me lo puedo creer…..
La evolución comercial que ha desarrollado el tejido empresarial local,comienza no hace muchos años, como resultado del desarrollismo local, procedente de una incipiente red de pequeñas tiendas de aceite y vinagre, así denominadas más que peyorativamente como se podría entender, como de manera nostálgica que es en realidad como eran, en la que las carencias, penurias, miserias y como no características específicas de cierto matiz “financiero”, porque no en valde, fueron estas pequeñas “ventas” como denominaban en Tenerife a éstos comercios de ultrmarinos, en los que se dispensaba desde caña cubana, hasta un alfiler, a donde te mandaban por un pedazo de margarina, ó un trozo de jabón samba, para apuntar en la cuenta de la madre, que cuando el padre viniera de la costa arreglaría.
Negocios familiares, y tan familiares que a la memoria me llegan desde la tienda de Martin Rosa ó la tienda de Juan Rosa, o la de los Guerra, ( grandes derrotados de esta vorágine de expansión comercial, recuérdese la incursión de Simago en Gran Canaria ) hasta como no, la de los grandes triunfadores y aventajados alumnos, que bajo las enseñanzas de aquellos agentes comerciales, caracterizados por cierto siseo en el habla y etiquetados por vestimentas bien diferenciadas, que por primera vez comenzaron a oir hablar de “lineales, cabeceras, merchandising, etc, etc, fueron posicionando y dando vueltas en las nuevas posibilidades estructurales, hasta que con el devenir de los años y el desarrollo de lo aprendido, la tarta era tan golosa que la “gula” , pecado capital fue ennegreciendo sus almas, todos sectorialmente , fueron embuidos por el pecado y el maligno se confabuló, creando los “oligopolios” que hoy tan específicamente observamos en la economía local, al amparo, eso si del asociasionismo insular y consabido reparto de porciones.
Esto es una historia local, costumbrista y probablemente carente de datos…, pero como el genial Iriarte, también de Tenerife por cierto, responde como sus universales fábulas al más grande de los cuentos de nuestra realidad y allá, vayas donde vayas, siempres podrás identiicar éste cuento con la verdadera y única realidad.
Ha salido una nueva web que pemite realizar consultas y comparaciones entre supermercados de Canarias (hiperdino, alcampo, carrefour, spar, mercadona, maxcoop y bolaños entre otros).
Te permite hacer tu lista de la compra y guardarla. Seleccionas supermercados a comparar y te dice cual es la compra más barata y cómo debes repartirla entre los súper.
Les paso el enlace por si interesa a alguien. A mí me gustó. Y es gratis!
http://www.ahorrarte.com