[La Provincia, 27 de noviembre de 2008]
Una indecencia política realmente pornográfica. Manuel Fernández, diputado regional y flamante número dos del PP canario después de que José Manuel Soria le aupara hace exactamente dos meses, admitió ayer ante la magistrada que instruye el caso del salmón que tiene en vigor un contrato con el grupo Anfi Tauro del fallecido Bjorg Lyng que le compromete a prestar asesorías en materia de construcción turística y relaciones institucionales (concesiones administrativas incluidas), a reservarse expresamente toda la información privilegiada de la empresa a la que tiene acceso y, he aquí lo más impresionante, a mantener la exclusividad con esta sociedad, sin trabajar para ninguna otra, por “motivos éticos”.
Su existencia y literalidad fue confirmada ayer ante la magistrada Varona por el propio Fernández, después de que el periodista y denunciante Carlos Sosa lo aportara a los investigadores. El mismo y exacto día en que tanto Soria como el propio Fernández declaraban en el Tribunal Superior, el uno como imputado por presunto cohecho tras su viaje del salmón con el propietario de Anfi y el segundo como colaborador necesario para el presunto soborno.
El vicepresidente del Gobierno se permitió ayer la licencia de censurar al Partido Socialista por, según él, instigar el caso del salmón para dañar su imagen. Pero el atrevimiento fue nimio en comparación con la secuencia de indecencias políticas que arrojó la animada mañana en el TSJC. Entre ellas, que Soria argumentara ante la magistrada que no conocía la tramitación de un expediente de 3.600 camas a favor de Anfi en el Cabildo que presidía cuando tomó gratis total el avión privado de Lyng que le llevó primero a Salzburgo y luego a Noruega en viaje de ida.
Claro que la impúdica exhibición de desvergüenzas políticas no empezó ayer. Nadie puede prejuzgar qué hará la magistrada Varona con el caso del salmón. Pero Soria sí que debería explicar porqué razón decidió hace dos meses convertir a Manuel Fernández, justamente a Manuel Fernández, en su nuevo hombre fuerte del PP canario, a sabiendas de que antes o después darían este patético espectáculo de cinismo y falta de ética política.
Un jefe de filas que viaja de paquete en el avión de un empresario que tramita camas en el Cabildo que él preside, y su número dos, que asesora en sus negocios al mismo patrono y además le arrienda por “motivos éticos” una exclusividad que, sin embargo, escatima a los votantes que le colocaron en su escaño.