Crucifijos
María Pallarés
Resulta lógico que un partido político como el PSOE insista en la aconfesionalidad del Estado y en su apuesta por el laicismo. Lo que ya no parece tan lógico es que esa apuesta se quede solamente en los documentos del partido. Porque cuando en el Congreso se propone eliminar biblias y crucifijos en la toma de posesión de los ministros, entonces el Gobierno socialista se opone a la medida.
Días atrás, un juez obligaba a un colegio público de Valladolid a retirar los crucifijos de las aulas y los espacios comunes del centro. Y el argumento de la sentencia resulta difícilmente cuestionable: “El Estado no puede prestar respaldo a ningún credo religioso. Un centro escolar público que por ley tiene que carecer de ideario no puede vestirse de símbolos religiosos”.
Pues lo que está claro para el juez no lo está para el Gobierno socialista: “El Gobierno deja a los centros la decisión sobre el crucifijo” (El País de ayer). El Gobierno vuelve a temblar ante el poder de la Iglesia católica. Y deja su apuesta por el laicismo, otra vez, para mejor ocasión. Y lo hace incluso contra el criterio de la Justicia: “La Justicia niega al consejo escolar la potestad de decicidir sobre la cruz” (El País de hoy).
El que quiera una enseñanza pública laica… tendrá que esperar a que haya un gobierno en España que defienda el laicismo… o mudarse a Francia.


Esa es una de tantas contradicciones en las que cae el PSOE una y otra vez. Y es que un partido concebido para gobernar a toda costa, como este es, no se puede permitir el lujo de tomar partido en determinadas situaciones. La tibieza y el “todavía no toca” siempre resulta más conveniente.
Quisiera colgar aquí otro artículo de El País, muy bueno, y que suscribo de arriba a abajo. Es de un Antonio Muñoz al que nadie podrá reprochar, jamás, tibieza en sus escritos. Y sin embargo tampoco se podrá decir de él que es sectario, al contrario de lo que ocurre con Almudena Grandes. Me parece un buen ejemplo de como se puede tomar partido sin ser por ello partidista.
Chistes viejos
Antonio Muñoz Molina
Prefiero fijarme en el argumento principal de los antilaicistas (si se usa con intención peyorativa el término de laicistas, más peyorativo habrá de ser el término de antilaicistas): “estos tipos quieren sacar a Dios del espacio público”. Pues precisamente, señor, eso es lo que queremos. Y en ese contexto, hay que decir a esta minoría social que lo que es inconcebible es que esgriman como un “derecho” su pretensión de que estos símbolos repugnantes sigan teniendo presencia en el espacio público, y que nuestros gobernantes laicos sigan prosternándose ante ellos e invocando a los dioses y a los santos para que nos vaya bonito. En este asunto, el único derecho constitucionalmente reconocible es el de los ciudadanos normales a que estos símbolos desaparezcan de nuestros colegios, juzgados, ayuntamienros, parlamentos, etc. Y que cada uno en su casa adore los símbolos que quiera, pero que no nos imponga a los demás sus símbolos, banderas y demás obsesiones en la escena pública.
no basta con retirar los símbolos de las centros públicos, hay que retirar también a los que hacen catequesis pagados con dinero público en colegios, cuarteles, hospitales…
no basta con gestos sibólicos mientras el jefe del estado haga una reverencia cada vez que saluda a un cardenal.
basta ya de pedir respeto para una ideología sectaria que lleva 2000 años frenando el progreso.
como democrata y constitucionalista voto a favor de retirar la figura de cristo , del mismo modo que retiraria lo que nunca voté que es a la monarquia(aunque la contemple mi constitucion).Tampoco fotos del rey en los colegios