Crucifijos

María Pallarés

Resulta lógico que un partido político como el PSOE insista en la aconfesionalidad del Estado y en su apuesta por el laicismo. Lo que ya no parece tan lógico es que esa apuesta se quede solamente en los documentos del partido. Porque cuando en el Congreso se propone eliminar biblias y crucifijos en la toma de posesión de los ministros, entonces el Gobierno socialista se opone a la medida.

Días atrás, un juez obligaba a un colegio público de Valladolid a retirar los crucifijos de las aulas y los espacios comunes del centro. Y el argumento de la sentencia resulta difícilmente cuestionable: “El Estado no puede prestar respaldo a ningún credo religioso. Un centro escolar público que por ley tiene que carecer de ideario no puede vestirse de símbolos religiosos”.

Pues lo que está claro para el juez no lo está para el Gobierno socialista: “El Gobierno deja a los centros la decisión sobre el crucifijo” (El País de ayer). El Gobierno vuelve a temblar ante el poder de la Iglesia católica. Y deja su apuesta por el laicismo, otra vez, para mejor ocasión. Y lo hace incluso contra el criterio de la Justicia: “La Justicia niega al consejo escolar la potestad de decicidir sobre la cruz” (El País de hoy).

El que quiera una enseñanza pública laica… tendrá que esperar a que haya un gobierno en España que defienda el laicismo… o mudarse a Francia.

Publicado el 26 de noviembre de 2008 a las 11:00 am en 'Sociedad'.

4 Comentarios

  1. 14:21 | 26 noviembre 2008 | Permalink

    Esa es una de tantas contradicciones en las que cae el PSOE una y otra vez. Y es que un partido concebido para gobernar a toda costa, como este es, no se puede permitir el lujo de tomar partido en determinadas situaciones. La tibieza y el “todavía no toca” siempre resulta más conveniente.

    Quisiera colgar aquí otro artículo de El País, muy bueno, y que suscribo de arriba a abajo. Es de un Antonio Muñoz al que nadie podrá reprochar, jamás, tibieza en sus escritos. Y sin embargo tampoco se podrá decir de él que es sectario, al contrario de lo que ocurre con Almudena Grandes. Me parece un buen ejemplo de como se puede tomar partido sin ser por ello partidista.

    Chistes viejos
    Antonio Muñoz Molina

    En su artículo del 24 de noviembre, Almudena Grandes hace lo que tal vez intente ser una broma acerca de una monja en el Madrid del comienzo de la Guerra Civil: “¿Imaginan el goce que sentiría al caer en manos de una pandilla de milicianos jóvenes, armados y -¡mmm!- sudorosos?”. ¿Estamos ante la repetición del viejo y querido chiste español sobre el disfrute de las monjas violadas? No hace falta imaginar lo que sintieron, en los meses atroces del principio de la guerra, millares de personas al caer en manos de pandillas de milicianos, armados y casi siempre jóvenes, aunque tal vez no siempre sudorosos.

    Basta consultar a historiadores fuera de toda sospecha o -ya que nos preocupa tanto la recuperación de la memoria- recuperar el testimonio de republicanos y socialistas sin tacha que vieron con horror los crímenes que se estaban cometiendo en Madrid al amparo del colapso de la legalidad provocado por el levantamiento militar.

    Ni a Manuel Azaña, ni a Indalecio Prieto, ni a Arturo Barea, ni a Julián Zugazagoitia les costó nada imaginar la tragedia de tantas personas asesinadas por esas pandillas no siempre incontroladas que preferían mostrar su coraje sembrando el terror en Madrid en vez de combatiendo al enemigo en la sierra. Casi todos ellos hicieron lo poco que podían por salvar a inocentes: a Juan Negrín no le fue nada fácil evitar que asesinaran a su propio hermano fraile. Y todos ellos sabían el daño que esos crímenes estaban haciendo internacionalmente a la justa causa de un régimen legítimo asaltado por una sublevación sanguinaria e inicua. Almudena Grandes habla de exiliarse a México: cuando leemos artículos como el suyo y como tantos otros que por un lado o por otro parecen empeñados en revivir las peores intransigencias de otros tiempos, algunas personas nos sentimos cada vez más extrañas en nuestro propio país.

  2. 17:20 | 26 noviembre 2008 | Permalink

    Prefiero fijarme en el argumento principal de los antilaicistas (si se usa con intención peyorativa el término de laicistas, más peyorativo habrá de ser el término de antilaicistas): “estos tipos quieren sacar a Dios del espacio público”. Pues precisamente, señor, eso es lo que queremos. Y en ese contexto, hay que decir a esta minoría social que lo que es inconcebible es que esgriman como un “derecho” su pretensión de que estos símbolos repugnantes sigan teniendo presencia en el espacio público, y que nuestros gobernantes laicos sigan prosternándose ante ellos e invocando a los dioses y a los santos para que nos vaya bonito. En este asunto, el único derecho constitucionalmente reconocible es el de los ciudadanos normales a que estos símbolos desaparezcan de nuestros colegios, juzgados, ayuntamienros, parlamentos, etc. Y que cada uno en su casa adore los símbolos que quiera, pero que no nos imponga a los demás sus símbolos, banderas y demás obsesiones en la escena pública.

  3. 19:48 | 26 noviembre 2008 | Permalink

    no basta con retirar los símbolos de las centros públicos, hay que retirar también a los que hacen catequesis pagados con dinero público en colegios, cuarteles, hospitales…
    no basta con gestos sibólicos mientras el jefe del estado haga una reverencia cada vez que saluda a un cardenal.
    basta ya de pedir respeto para una ideología sectaria que lleva 2000 años frenando el progreso.

  4. 16:55 | 28 noviembre 2008 | Permalink

    como democrata y constitucionalista voto a favor de retirar la figura de cristo , del mismo modo que retiraria lo que nunca voté que es a la monarquia(aunque la contemple mi constitucion).Tampoco fotos del rey en los colegios