No ‘semos’ racistas, pero…

Mare Cabrera

Escena: Siete de la tarde. Ocho hombres de mediana edad comienzan una partida a las cartas en cualquier pueblo de Lanzarote. Acompañados de algún vasito de vino y unos manises.

–Chacho, llegó un jipi al pueblo. Dicen que es vasco. ¡Ay mi madre! Esperemos que no traiga bombas.

–Calla, calla…

–El otro día lo vieron con la chiquita de Luis, engoando a la niña el godo ese. Y el Luis ni se entera. Y por mí desde luego que no se enterará tampoco. No me atrevo ni a decírselo. Qué poquito fundamento. En el teleclub la hicieron buena con tanta calentura. ¿No saben ellas que cuando prueban la leche ya no quieren para nada la cabra?

–¿Qué van a saber esas chinijas, si andan siempre con la cabeza en las nubes?

–Por lo visto, el peninsular no tiene ni oficio ni nada…

–Qué va a tener, si es un arritranco. Mucha finura para nada. Y después vienen aquí a quitarles el puesto a los nuestros. Miatú el de Paco el cabezúo, niño más educao no puede haber. Un chiquito de Tao, tranquilote y bueno, que no consigue puesto ni por una apuesta.

–¿Pero él hizo algo?

–Él se fue para el Puerto el año pasado y empezó algo, pero se volvió. Hay mucho jaleo por allí. Pero es un muchacho tranquilo y noble, como pa darle cualquier trabajo que él te lo levanta. Pero nada, y encima vienen estos jipis peninsulares y nos lo quitan…

–Y las músicas esas que traen, fuerte escandalera arman, que pasan con la furgona por aquí delante levantando tierra y dejan a uno afisiao. Es que te digo…

–Yo pensando, ¿y la de Loli no estuvo también con uno que llegó de fuera, que hasta dejó al marío y todo? Fuerte cabeza…

–Sí, sí, le tenía montada la cocina a la mujer. El hombre trabajando como un perro y ella se lo gastaba todo en batumerios y cremeríos, y encima lo planta con un monifato. La pobre Loli…

–¡Uy! ¿Y qué iba a hacer la pobre? Si le salió cabra la criatura…

–Por lo menos tiene al nietillo y la señora se entretiene.

–Mira, mira, por ahí viene la otra también. Ésa es la que monta cada parranda en la casa que ni te cuento. Yo le tuve que meter un berrío el otro día…

–Cállate.

–Que sí, que son todos unos porrientos

–¿Pero tú los viste?

–Es que no me hace ni falta verlo, me lo imagino. Con esas pintas de mataos que tienen. Que esté uno criando con tanto sacrificio a sus hijas para que después llegue un estropajo de éstos y le arrequinte las clavijas…

–Ja, ja, ja…

–Ah, ¿te ríes? Maldita la gracia que me jace

–¿Y el de que estaba con la de Loli no era moro, tú?

–Claro, ¿no ves que el chinijo es medio tiznao?

–Chacho, racista uno no es, pero esas mezcladuras, no sé yo. Pues no habrá blancos por aquí ni nada…

–No te creas, tantos no quedan ya. Para encontrar uno de la tierra hay que buscar bien. ¿Tú has visto cómo está el Puerto? Llenito de todo menos de los de aquí. La mujer siempre quiere bajar y yo le digo que a mi me deje tranquilo, que uno ya no se encuentra a nadie conocido por allí abajo. Es que no tiene nada que ver lo que era con lo que es ahora, nadita.

–Cristianos, estesen atentos a la partía, que están en los celajes.

Publicado el 30 de octubre de 2008 a las 9:00 am en 'Sociedad'.

4 Comentarios

  1. 13:00 | 30 octubre 2008 | Permalink

    Ansina mesmo es veces

  2. 13:33 | 30 octubre 2008 | Permalink

    El racismo es patrimonio de la humanidad. Eso que relata usted con tan mal gusto, no es más que la realidad de un país que nació con el racismo (expulsión de judios y musulmanes en 1492 y siguientes) y desde el racismo sigue pensando la realidad. ¿O es que hay que pensar que los nuevos residentes son todos super mágicos hipis ciudadanos del mundo?Todos son/somos responsables, viejos y nuevos residentes, de clima de contaminante mala leche que hay en esta isla. La ignorancia, se me olvidaba, también es patrimonio de la humanidad…

  3. 17:12 | 30 octubre 2008 | Permalink

    Mira Eva la mala leche no es que la ponga la autora de este relato sino que está en la propia sociedad y en la forma de expresarse, que delata que hay racismo aquí como en todas partes, lo queramos reconocer o no.

  4. 17:55 | 2 noviembre 2008 | Permalink

    Racistas somos todos en un momento dado, pero no somos racistas todo el rato. No conozco yo a nadie que confiese que es racista, pero eso no significa que no pueda serlo. Tenemos miedo a las palabras.