Arte social

Luis Arencibia Verdú

Creo que fue Neil Young el que hace poco pronosticaba que la época en la que las canciones podían cambiar el mundo ya había pasado. Ante esto, uno se podría preguntar si lo que ha pasado no será la ingenuidad del artista, quien además no se vea con fuerzas para admitir que lo que ahora cree pudiera ser válido también para su época más crédula. Es duro reconocer los errores cuando uno los lleva cometiendo el tiempo suficiente.

De lo que parece que no hay duda es de que cada vez resulta más difícil influir en las conciencias por medio de cualquier manifestación artística. Y lo es justo porque muchos de los anhelos de los viejos artistas han sido atendidos por el devenir de los acontecimientos: disponemos a día de hoy de márgenes de libertad nunca vistos. Y claro, entre todos los que han podido elegir han surgido un buen puñado de artistas… los cuales han tenido que empezar a competir duramente entre sí para hacer llegar su mensaje al pueblo.

Por otra parte, el pueblo recibe cada día cientos o incluso miles de mensajes de todo tipo –de la publicidad, de los periódicos…-, que se amontonan y pisotean unos a otros sin respiro. Y claro, pretender meter baza en semejante galimatías puede ser tan inútil como intentar escribir en el agua de un río.

Hace poco oía en la radio la iniciativa de una artista para denunciar “la invasión de cámaras de vigilancia” en espacios públicos. Se trataba, en palabras de la autora, de net art, más concretamente de un work in progress y, además, participativo. La cosa era una cartografía de este tipo de dispositivos que se había colgado en Internet, y que era alimentada por las aportaciones de los internautas, con dos fotografías de cada aparato: un primer plano y otro plano más amplio.

Respecto al asunto abordado, se trata en verdad de un tema peliagudo: ¿dónde comienza lo público y dónde lo privado?, ¿cuál es el equilibrio adecuado entre la seguridad y la intimidad?, etc. Pero, ¿cuáles de estos interrogantes han sido abordados? Como sucede en tantas ocasiones, a uno le da la sensación de que la profundidad del tema molesta tanto al artista como le apasiona el cliché: una idea simple, de la que poder extraer un desarrollo artístico.

El marketing –el arte de vender-, se centra básicamente en realizar miles de variaciones sobre un concepto que, de entrada, tiene tirón. Aparecen de esta manera infinidad de productos que bucean en nichos del mercado: lo sano, lo light, lo moderno, lo minimalista… El consumidor quiere diferenciarse, pero quiere pertenecer a la vez a un club.

Teniendo en cuenta esto, resulta difícil no sospechar de tantos artistas que bucean en unas aguas tan bien vistas como son las de la denuncia social, llevando a cabo miles de piruetas alrededor de temas sobre los que no parece que arrojen luz alguna.

Publicado el 10 de octubre de 2008 a las 9:00 am en 'Cultura'.

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