Francisco Pomares
[La Provincia, 24 de junio de 2008]
Hace ahora algo menos de dos años, los socialistas canarios hicieron la mejor apuesta posible para acabar con doce años de gobiernos de derechas en la alcaldía de Las Palmas: la candidatura de Jerónimo Saavedra -una sorpresa en el momento en que se materializó- fue acogida con entusiasmo porque era la de un político progresista, un hombre íntegro y culto, con preocupaciones intelectuales y artísticas y con una reconocida trayectoria en defensa de los más desfavorecidos; un tipo singular y muy especial con florentina habilidad para el ejercicio de la política y para rodearse de gente competente.
Saavedra era además entonces -y sigue siéndolo- el dirigente político más influyente e importante que ha dado Canarias hasta el día de hoy, y el más valorado por la ciudadanía del conjunto de las Islas.
Ha pasado un año desde que asumió la alcaldía de Las Palmas con una confortable mayoría absoluta, que él quiso hacer aún más cómoda incorporando a Nardy Barrios en su equipo de Gobierno, con una generosidad que pocos entendimos. Y en este tiempo de luces y sombras, con un ayuntamiento económicamente muy tocado, con un equipo de gobierno bastante deficiente y en el que se conspira con la saña y fruición de los viejos tiempos, Saavedra ha seguido siendo un alcalde básicamente indiscutido, excepto para la gente muy politizada.
Sin embargo, no cabe decir que el Ayuntamiento pueda presumir en estos meses de un vuelco en la gestión, o que el grupo de Gobierno haya logrado despertar la ilusión de los ciudadanos. Pero algo debería cambiar tras la Conferencia Estratégica y el Proa 2020: ahora Saavedra cuenta por fin con los medios para diseñar una estrategia para el desarrollo urbano, social, medioambiental y económico de la capital grancanaria.
Para hacerlo, ha elegido una fórmula similar a la que permitió la recuperación de ciudades degradadas y con graves problemas de integración de núcleos y barrios, como Valencia o Bilbao, hoy a la vanguardia del urbanismo español. Definidas las prioridades -competencia del equipo de Rubio Royo- el asunto es lograr el compromiso financiero del resto de las Administraciones públicas y de las entidades privadas, poco dadas a alegrías inversoras en tiempos de crisis. Saavedra no ha hecho nunca ascos a la colaboración entre instituciones, algo que le reprochan sus compañeros socialistas, quizá más voluntaristas que él.
Algunas de las críticas a su forma de afrontar las relaciones con el Gobierno regional o con otras fuerzas políticas, o a sus ideas -no aferradas a la ortodoxia socialista- sobre el papel de los empresarios en la gestión de la ciudad, le han granjeado críticas desde dentro. Pero Saavedra sigue en la suya, repensando el futuro. Tiene tres años por delante para demostrar que Las Palmas tiene arreglo. Y que va a encontrar el dinero para poder pagarlo.
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