Miércoles, 25 de Junio de 2008

Las carreras de Machín

Aitor Cabrera Barrera

No son las maracas de Machín, pero ha cantado. No hay que ser del campo para saber que en Tinajo acabarían enterregados, bestias, propiedades y cultivos, y con cataratas la población local. Incluso siendo de Arrecife, el recuerdo de cada polvo sahariano que se posa sobre tierra firme nos acerca a lo que pudieron vivir en Tinajo, en Guatiza, y allá por donde se hicieron presentes, con el asunto de las carreras de coches.

En la presentación del evento, con un mustio Alcalde presente, con la organización bien aleccionada (eso, al menos, es lo que parecía), y en el marco de tan sensible crisis turística, se afirmaba que las carreras atraen turistas –la familia de los corredores– y que ocupaban hoteles y gastaban en restaurantes.

Creo que si prescindimos del acontecimiento, las estructuras alojativas insulares no se van a resentir, y no sólo pienso que hay que mandar la actividad lejos, sino que en Lanzarote no tienen cabida las carreras sobre tierra, exactamente por lo ya comprobado.

La alarma del sector agrícola afectado se leerá en clave política, que la otra, la de llamar enfermos mentales a algunos que alzaron su voz, es la expresión de lo que se oculta tras la sencillez de formas del Alcalde, formas que yo definiría como de hacerse el tonto. Ha pedido disculpas después de haber hecho lo que le vino en gana, que parece una buena táctica para salir indemne aunque no haya arrepentimiento, y afirme que el año que viene, más.

Mis limitaciones me llevan a no comprender cómo se han realizado los movimientos de tierra y la compactación del terreno con sal y cómo se autorizó la actividad, o la justificación de la presencia de una parte de los del Cabildo en la presentación del evento pretendidamente deportivo. Tampoco me llega el alcance para encajar dónde se encuentran las autorizaciones sectoriales y a qué birria de pacto político debemos el silencio del Cabildo (la otra parte) para señalar si se habían emitido o no esas autorizaciones. La carrera es la muestra del cómo una actividad a desarrollar puede ser tanto o más perniciosa que las labores de acondicionamiento para su realización.

Con la que está cayendo desde el asunto de Los Dolores, mucha parece la seguridad de algunos en salir indemnes de la quema. Suso escapó por los pelos de Los Dolores, le pasó rozando un dardo con un asunto en San Roque, en el que la Iglesia parece ampararle, y con lo de los coches de carrera ha metido el acelerador.

Todo esto no es sino una muestra más del tan escaso nivel de los servidores públicos y de esa permanente y estomagante pose que lleva las palabras por un lado y las acciones por otro, vacías unas, dudosas y oscuras las otras.