Martes, 24 de Junio de 2008

Vergüenza

Jorge Marsá

Han tenido que pasar unos cuantos años, y unas cuantas cosas, y tuvo que aprobarse la Directiva de la vergüenza de la Comisión Europea sobre los inmigrantes, para que los ojos de algunos parezcan haberse abierto, para que se hayan decidido a utilizar el término que mejor define la actuación política de José Luis Rodríguez Zapatero: “oportunismo”. Así terminaba el editorial de ayer del diario El País titulado “Europa sin izquierda”:

Desde una óptica estrictamente española, además de la simple derechización habría que hablar de oportunismo: lo que aconsejan las tácticas demoscópicas se ha querido convertir en estrategia, ocultándoselo a los ciudadanos.

En efecto, se ha intentado ocultar a los ciudadanos lo que supone en realidad esa Directiva: “Europa ha creado una categoría inferior de seres humanos”. Así lo explica el europarlamentario socialista italiano Claudio Fava. Y se ha intentado ocultar a los ciudadanos la auténtica posición del Gobierno de Zapatero: “El Gobierno socialista español presionó para endurecer la ley”. Así lo cuenta Manfred Weber, europarlamentario popular y ponente de la Directiva. Lo que no ha habido forma de ocultar es que la mayoría de los parlamentarios socialistas europeos votaron en contra de la Directiva, mientras que los socialistas españoles no tuvieron empacho en apoyar semejante ataque a los derechos humanos.

La Directiva de la vergüenza ha dejado al aire las vergüenzas del socialismo español. Lo que no puede evitar la desvergüenza con la que el presidente del PSOE, Manuel Chaves, trataba de justificar lo injustificable el sábado en su artículo “Europa ante la inmigración”:

En esa dirección, la directiva de retorno recientemente discutida en el Parlamento Europeo supone un paso importante en el camino hacia la armonización de las legislaciones nacionales y, en contra de algunas interpretaciones, ofrece más garantías, mirando a la Unión en su conjunto, a los ciudadanos extranjeros. Y, desde luego, algo que debemos tener presente es que cualquier política de retorno debe contemplar todas las garantías jurídicas y el respeto escrupuloso de los derechos humanos de todos los afectados por estas decisiones.

El PSOE de Zapatero ha dejado claro que ni ideario ni principios, ni en lo más básico. Sólo faltaba la gracia del secretario de Organización del partido, José Blanco, que publicaba ayer El País:

Los principios ideológicos de Rajoy son como los de Groucho Marx, que dijo: “Éstos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.

La vergüenza ha caído sobre el PSOE, y no afecta exclusivamente a sus dirigentes: a Zapatero, a Chaves, a Blanco o a los eurodiputados que cumplieron la orden. No, el oprobio contamina a todos aquellos afiliados del partido que no tengan el valor de hacer lo que hicieron Josep Borrell y Raimon Obiols en el Parlamento Europeo: defender sus principios y, en consecuencia, dejar clara su oposición a la Directiva de la vergüenza.

Es de esperar que entre los socialistas de la Isla haya quien conserve aún la vergüenza y muestre su oposición ante tamaña desvergüenza. Y como es de esperar… pues esperaremos por ellos.