Lunes, 23 de Junio de 2008

Made in Spain

Clara Beltrán

El otro día leí que los españoles sienten muy poco la naturaleza, por ejemplo, el paisaje. No les dicen nada los árboles en el campo; sólo los hombres en la ciudad. Los alemanes o los ingleses, al contrario, se sienten obligados al paseo diario donde verse con otros ciudadanos, para nutrirse de “sociedad”. Por esta razón, los pulmones verdes en las ciudades son esenciales, porque se entienden como una turbina de la comunicación social. En conclusión, los españoles nos comunicamos más en los bares que en la naturaleza.

En otra ocasión también me sorprendió en una revista de una aerolínea inglesa que se dijera que el español tiene poca intimidad y mucho alter ego. Es decir, que solo existe para él su propio yo, aunque a la vez no sepa vivir consigo mismo, es decir, no esté capacitado para hacer un trabajo de introspección personal que le permita quitarse de encima la vieja roña española y ponerla al día. Supongo que para ello es vital la autocrítica y desechar los tópicos que el propio artículo apuntaba (español machista, egoísta, caciquil y cotilla) e interceptar esta visión exportando otra fotografía que no sea la de José Tomás temerario ante las astas de un toro, la larga melena morena de Penélope Cruz, la rudeza de Nadal, la simpatía del Rey o el atrevimiento del Chiquilicuatre y Ferrán Adriá.

Con este tipo de encasillamientos es normal que la imagen exterior del español esté tan menguada, aunque esto se haga a través de estimaciones suponemos que subjetivas. Pero, ¿existe algo de base real en estas apreciaciones? El gobierno socialista está intentando liberarse del olor a paella y a dictadura para llevar a Europa el olor de la conquista de valores sociales y del impulso económico. Esfuerzos que parecen evaporarse ante algunos países miembros, que aún ven a España como un satélite que gravita en torno a los grandes y que necesita de su fuerza motriz para seguir avanzando.

Más repercusión tuvieron en EE UU los cambios efectistas impuestos por Zapatero para construir un gobierno paritario, porque, al fin y al cabo, en América siempre han sido más dados a esos golpes de efecto. Con Aznar, muchos medios europeos estaban presentes en los Consejos de Gobierno, porque la política del ex líder del PP interesaba; ahora, desde Europa parecen intuir que la propaganda es el mayor producto interior bruto. ¿Estará siendo víctima Zapatero de otro tópico español? Me refiero al del timo de la estampita.

Últimamente, España ha sido noticia por estar a la cola en educación, en I+D, en incorporación de la mujer al mercado laboral, en ayudas a las familias…, para colocarse a la cabeza de Europa en contagios de sida, absentismo laboral, descargas en Internet o consumo de cocaína. Pero también tenemos otra fotografía menos negativa. Nuestro país, sin quitarse los puñales de la Dolorosa –porque según dicen somos muy sufridos–, y esos rasgos “cañí” que la convierten en peculiar destino turístico, es el principal productor de bioetanol de Europa, es el segundo país del mundo que más aerogeneradores ha instalado en 2007 y surte de investigadores y personal sanitario a muchos países europeos.

Pese a todo, la marca España tiene que seguir puliéndose, porque los tópicos y los estereotipos impuestos por los extranjeros nos persiguen más allá de la tradición nacional. Ahora bien, en este refrito de ideas preconcebidas a fuego lento que se ha ido cocinando, principalmente por turistas y estudiantes de Erasmus, hay un tópico que se ha caído de la lista, y es el que daba por hecho que en España se vive mejor que en otros sitios.