Ignacio Camacho
[ABC, 22 de junio de 2008]
A la derecha le encanta discutir de fundamentos. Lo llaman, como ayer Aznar y Mayor Oreja, principios, o esencias, o referencias morales, pero viene a ser lo mismo: una discusión constante sobre sus bases de identidad colectiva. El viejo debate weberiano sobre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción, es decir, entre los principios y la estrategia, pero extremado hasta un paroxismo compulsivo que expresa una grave duda sobre el proyecto político. Los socialistas nunca se preguntan hasta qué punto son socialistas; en sus congresos cuestionan el modelo de partido y la manera de ganar a los adversarios. Pero la derecha se interroga a sí misma todo el rato sobre si es de derechas, o de centro, o de centro derecha, o de medio centro, como los pivotes de la selección de fútbol. Y siempre saca a relucir los fundamentos. Una anotación semántica: los que ponen mucho énfasis en los fundamentos se llaman fundamentalistas.
En su esperado -y temido- discurso ante el XVI Congreso del PP, José María Aznar descargó un chaparrón de fundamentos sobre la cabeza, seria y silente, de Mariano Rajoy. En realidad, fue un turbión de críticas, una tunda en toda regla, una impugnación a la totalidad de la estrategia marianista de renovación del liderazgo. Le dio fuerte y flojo; cada consejo o advertencia era un zurriagazo. Punto a punto, el ex presidente hizo suyos los argumentos de quienes han cuestionado a Rajoy en los últimos tres meses, recreándose con esmero en la suerte de varas. Fue tal la reprimenda, tan potente el varapalo, que sólo podía tener un final: el anuncio de su negativa a votar a la nueva dirección. Pero la política de partido tiene una lógica muy rara, en la que resulta posible defender una cosa y su contraria. Así que Aznar, después de ponerlo a parir y enmendarle la plana, dijo que era «el más disciplinado de los militantes» y que daba a su sucesor su «respaldo responsable». Todo el mundo entendió que eso significaba su apoyo provisional y condicionado. A que respete los fundamentos, claro está.
Después, ya por la tarde, habló Mayor Oreja. Otro trueno contra el tacticismo: «es mejor estar solo que mal acompañado». Era día de tormentas dialécticas, pese al sol luminoso e implacable que lucía en Valencia. Rajoy tenía puesto el impermeable, y no movió un músculo; se limitó a seguir su imperturbable bitácora y practicar una limpia de los esencialistas en el nuevo comité ejecutivo. Los compromisarios de base, que se hacen muchas fotos de recuerdo con los líderes y hasta con tertulianos de la tele, aplaudían a unos y a otros, encantados y sin asomo de contradicción, imbuidos de ese patriotismo de partido que es común en todos los congresos. Quizás ésos sean los verdaderos fundamentos de estas reuniones: un sentimiento difuso de adhesión colectiva. En el bufé, a 24 euros, los militantes comían una sustanciosa paella, carne y pescado mezclados con el arroz de la tierra. Estaba rica; un plato con mucho fundamento.
flck
19:26 | 23 Junio 2008 | Permalink
Una pequeña anotación semántica:
“Se denomina fundamentalismo a distintas corrientes religiosas que promueven la interpretación literal de un texto «fundamental» (como por ejemplo el Corán o la Biblia) como autoridad máxima, ante el cual ninguna otra autoridad puede invocarse, y que debería imponerse sobre las leyes de las sociedades democráticas.”
http://es.wikipedia.org/wiki/Fundamentalismo