Fernando Marcet Manrique
No tenemos más remedio que reconocerlo así. El periodismo en España definitivamente ha escogido el partidismo como fórmula de supervivencia. No sabemos si fue primero el huevo o la gallina; si el sectarismo periodístico fue consecuencia de una realidad social previa, o si por el contrario fueron ellos los principales precursores de la actual polaridad irreconciliable. En cualquier caso, las cosas están como están, y están así tanto si hablamos del panorama estatal, del autonómico o del insular.
A nivel nacional los tres periódicos más vendidos, con diferencia, son El País, El Mundo y el ABC. El primero, pro PSOE; los otros dos, pro PP. Lo sabemos y no nos escandalizamos, pues los mismos periódicos tampoco se molestan en disimularlo. Al contrario, ellos intuyen que cuanto más descarado es su partidismo, más posibilidades tienen de engatusar a los votantes de los partidos mayoritarios para que compren uno de sus ejemplares. Igual que el diario Sport se congratula de celebrar las victorias del F.C. Barcelona, y el As las del Real Madrid, los rotativos generalistas han adoptado la misma estrategia en el ámbito político. Es una estrategia de mercado perfectamente estudiada y consciente, cuyo objeto es, básicamente, vender más ejemplares.
En Canarias, el periódico más vendido es El Día, seguramente el más sectario de todos los que se distribuyen en el archipiélago (exceptuando circulares de los propios partidos políticos). Sin embargo El Día no siempre fue tan radical en sus editoriales. Del mismo modo que no siempre fue el periódico más vendido de Canarias. Ha sido en los últimos años cuando su director, José Ramírez (señor Burns para sus fervientes admiradores de Canarias Bruta), descubrió el filón de lo sectario, y desde entonces ha explotado al máximo el invento. La ecuación no podría ser más simple: a mayor sectarismo, ventas más jugosas. Es por eso que la radicalidad de los editoriales de El Día ha ido en directa proporcionalidad respecto al aumento de su tirada.
Canarias 7 y La Provincia, en este sentido, han reaccionado algo tarde, pero poco a poco recuperan el tiempo perdido –a la fuerza ahorcan– , y hoy por hoy ya quedan pocas dudas de cuál es la opción política que cada uno de estos periódicos ha escogido para iniciar su nueva andadura sectaria.
En Lanzarote, como no, los hermanos Coll ejercieron de privilegiados visionarios, no en vano supieron adaptarse, con tanta inteligencia como escasez de escrúpulos, a la coyuntura mediática. Coalición Canaria fue su elección, y desde entonces sus ventas no sólo no disminuyen un ápice, sino que mejoran ejercicio tras ejercicio, lo cual es un incentivo para ahondar en su parcialidad, ya de por sí recalcitrante. Aunque todavía no llegue a los límites casi sobrenaturales de Pepín Ramírez, el visto bueno de Jorge Coll va camino de convertirse en todo un referente de lo que es y significa hacer periodismo moderno, o periodismo editorialista, que dirían los amigos del eufemismo.
Información y opinión no se pueden distinguir a la hora de hacer radio. Así fue como trató de justificarse Jiménez Losantos ante el tribunal que le juzgaba por calumnias e injurias a Gallardón. Y yo, por una vez, estoy de acuerdo con el energúmeno radiofónico. E incluso iría más lejos: ni a la hora de hacer radio, ni a la hora de hacer periodismo en general. Al menos hoy por hoy en cualquier lugar de España.
Ante la necesidad de mejorar las ventas, el periodismo se ha visto obligado a elegir entre objetividad y tendenciosidad. Y ello al margen de los empeños naturales por parte de las fuerzas políticas. Si los clientes no toleraran la parcialidad periodística, por mucho que los partidos presionaran, compraran o manipularan, jamás existiría dicha parcialidad. Y mucho menos de forma tan evidente. Así pues, no cabe hablar tanto de bajada de pantalones ante el poder político, como de evolución natural en la relacion periodista-cliente.
La tesis que se ha impuesto, acompañada de argumentos crudamente neoliberales, es que los potenciales compradores de periódicos no quieren información objetiva. Ellos van buscando otra cosa. Van buscando noticias que reafirmen sus convicciones; narraciones y perspectivas que les hagan sentir que sus ideas son las correctas, que sus valores vitales son los adecuados.
El periodismo hizo un estudio de mercado y esto fue lo que averiguó: los ciudadanos no quieren alguien que les ofrezca realidades objetivas, lo que quieren es poder comprar una realidad hecha a medida, una realidad prefabricada que se ajuste a sus convicciones. Así es como triunfó el sectarismo y murió la esencia periodística con su grandilocuente ética, hoy reducida a preguntas de examen en facultades universitarias igual de grandilocuentes e igual de tristemente arcaicas.
EL GRILLO
13:34 | 20 Junio 2008 | Permalink
y lo curioso que todo ésto pasa en la sociedad de la información, de la internet, es decir, cuanto más información tenemos, más sectarios nos volvemos, mira que somos raros los humanos.
OTRO SECTARIO
14:12 | 20 Junio 2008 | Permalink
Para partidista y sectario Mario Alberto Perdomo y sus chicos, aunque ninguno de los que trabajan para él es periodista, son más bien empresarios. Bueno trabajan para un empresario por todos conocido. Resulta extraño que no menciones a La voz, ni al resto de prensa, si se puede llamar así, local. Creo que tu artículo, que me parece salvo por las omisiones acertado, es sectario.
Fernando M.
17:07 | 20 Junio 2008 | Permalink
Simplemente señalar a “otro sectario” que el artículo se ciñe a la prensa escrita que se nutre de la venta de ejemplares para sobrevivir. Y hago especial mención a los periódicos más vendidos tanto en España, como en Canarias como en Lanzarote. Si conoce otro periódico o revista periódica en Lanzarote que cumpla estos requisitos, encantado rectifico el artículo.
una pena
17:32 | 20 Junio 2008 | Permalink
Estimado Sr. Marcet.
Normalmente tiene usted buena pluma y buenos puntos de vista sobre diversos temas, pero después de leer este artículo, me ha decepcionado y mucho. Y le digo porqué; porque al tratar un tema tan peliagudo (al menos en los medios, evidentemente) ha pecado usted precisamente en el tema de marras. Nombrar en el ámbito insular tan sólo a UN medio, cuando en Lanzarote tenemos sobreoferta mediática, vivimos en una isla tan pequeña, y además usted ha estado involucrado de una manera en otra en varios de ellos, me parece una tomadura de pelo por su parte lanzar al aire este escrito tan sesgado. Sus “lectores” no son tan ingenuos como destila su artículo.
Si se quiere mojar, coja de nuevo el teclado y ponga los puntos sobre las íes de cada uno de los medios conejeros.
Con cariño, un anónimo de esos que tanto “odia” usted.
Info
18:54 | 20 Junio 2008 | Permalink
¡Qué pena! Perdemos, pues, otro de los controles de la democracia.
¿A dónde va la democracia si no se respeta el reparto de poderes, y encima perdemos la voz que lo critique?
¿Para esto compramos periódicos?
Pues este potencial-cliente no tolera la parcialidad periodística y sí quiere que le informen de realidades objetivas.
Y, mientras la información no sea así, que me esperen hasta entonces, pues antes no voy a comprar otro periódico-basura de papel.
Uno
20:05 | 20 Junio 2008 | Permalink
Tiene bastante razon el Sr. Marcet. En toda la historia del periodismo ha sido así. No es nuevo. El límite del sectarismo está cuando ya insulta o raya la inteligencia humana por su abnegación a la causa. También se puede decir cuando al lector le quieren hacer “comulgar con ruedas de molino” o más coloquial que “te quieren vender una moto” o meterte “por los ojos” lo que se ve ni con gafas de aumento. En Lanzarote hay y ha habido bochornosas actuaciones y también notables excepciones. La crisis lo pondrá peor. Ah… y también existe una tendencia muy superficial y arraigada a etiquetar o encasillar con demasiada ligereza a los medios, a las personas, a los grupos, a las ideas. Ese es un mal moderno de tenerlo todo bajo control y ordenado en cajas.
Agua viva
20:09 | 20 Junio 2008 | Permalink
Felicitar a Marcet ppor este buenisimo árticulo, pero creo que debería a ver nombrado al resto de prensa que existe en Lanzarote pues no existe una que escape del sectarismo y que sea objetiva.Es triste pero quien más euros da se queda con la prensa, esta es la democracia que tenemos.
Otro
20:28 | 20 Junio 2008 | Permalink
Como dice Uno, no sólo hay medios sino personas, foreros, completamente sectarios. El comentario que da pena va todavía más lejos y atribuye adhesiones eternas, vinculaciones laborales de por vida, como si to quisque puede elegir empresa y trabajo. Según su lógica uno que haya trabajado o trabaje para la Adminisntracion del Estado jamas podría ser un nacionalista y viceversa. Es el pensamiento típico del sectario. Tienden al dualismo , blanco-negro, o el daltonismo de confundir el rojo por el verde… Otro forma de sectarismo es pensar que muchas opciones son perjudicales para la salud por su visión estrecha y reducida del mundo. No extraña que les moleste la sobre oferta de medios por su obsesión al reducionismo. Con afecto y hasta puedo recomendar óptica buena en Arrecife.
daniel
17:21 | 24 Junio 2008 | Permalink
señor, es usted una persona que me gusta porque tiene la capacidad de alterar a quién está encantado con los problemas de la isla, y uno de ellos son los medios de comunicación de aquí y de allí.
siga así y algún dia conoceremos el sectarismo de algunos como el digital “el agitador” , un medio que seguramente le es familiar.
saludos
chino cudeiro
14:00 | 4 Julio 2008 | Permalink
Por si había alguna duda de cual es el formato periodístico que garantiza el éxito:
http://www.canariasbruta.com/Archivo/el-periodico-sobado
Javier Diaz Reixa
13:24 | 6 Julio 2008 | Permalink
Espero que el texto que sigue le sirva a mi amigo Fernando Marcet en sus afanes analíticos sobre el periodismo insular y regional.
Algunas categorías periodísticas
Alfonso González Jerez
Juan Cruz acaba de publicar su último libro, Muchas veces me pediste que te contara esos años, un título que es un magnífico acierto, porque duplica la memoria como en un doble espejo. Memoria de esos años y memoria de esa petición sostenida en el tiempo, durante tanto tiempo. Después de Crónica de la nada hecha pedazos, su primeriza novela de juventud, Juan deambuló despistadamente por varios libros hasta que consiguió su camino, la memoria, no una memoria notarial, no un buceo impúdico e insignificante en la nostalgia, sino la memoria como instrumento para escuchar más y mejor a los otros, para fracasar como todos en el milagro de detener el tiempo, para poner en combate mentiras y verdades, y al final, quedarte solo. La memoria, en fin, como retrato moral de un hombre que en algún momento somos todos. Juan Cruz se refiere a sus años de juventud, a su aprendizaje como periodista antes, durante y después de su primer periódico, y en el libro aparecen periodistas, renace por unas páginas el periodismo tinerfeño a finales de los sesenta y principios de los setenta. Con la disculpa del libro de Juan Cruz he estado a punto de abocetar retratos y anécdotas del periodismo tinerfeño de los últimos veinte años, pero me temo que aun es muy pronto para nada. O para todo. No hay reflexión de los periodistas isleños sobre el periodismo que se practica en las Islas, pero no he podido evitar lanzarme a una somera categorización de nuestra fauna mediotíntica local. Una categorización insuficiente. Pero siempre quedan días y, como nos muestra Juan Cruz, siempre queda la memoria.
1. El trabucaire. Los trabucaires comenzaron en el periodismo canario entre finales de los setenta y principios de los ochenta. No es que se retrasaran: es que antes no podían existir. Durante la dictadura franquista los periodistas no tenían influencia, sino miedo. Durante el primer cuarto de siglo del régimen había que andarse con mucho cuidado. En los años cincuenta, un locutor radiofónico tinerfeño transmitía un partido de fútbol. El árbitro era gallego y favorecía descaradamente a uno de los equipos. El locutor, enardecido, exclamó:
- “¡Este árbitro es un déspota y hace lo que le da la gana! ¡Qué bestia! ¡Gallego tenía que ser!”
Fue detenido, perdió el trabajo y se le propinó una rotunda paliza a modo de escarmiento y, de paso, de ajuste de cuentas con algún enemigo que vestía uniforme falangista.
En cuanto a la influencia de los empresarios de los medios estaba casi totalmente volcada en la defensa del status quo político e institucional, por obediencia a la autoridad o por convicción empresarial. Como mucho, barloventeaban para que los dejasen en paz. A partir de la ley Fraga y con la retirada de la censura previa, pero con carácter excepcional, un director podía ponerse farruco y publicaba un artículo que enfurecía al gobernador civil y el periódico era secuestrado o multado. Le pasó a Ernesto Salcedo con un artículo del profesor Hernández-Rubio. Salcedo, un magnífico periodista, lo recuerda con respeto pero sin afeites hagiográficos Juan Cruz, dejó que bajo su atenta mirada un equipo de pibes deslizara cargas críticas escribiendo entre líneas en los comentarios y artículos de opinión. El trabucaire, en definitiva, llegó en su momento, cuando además se daban dos circunstancias maravillosas:
a) El periodista podía ya construirse una identidad propia al margen, aunque no en colusión, del medio para el que trabajaba, pero del que se servía para sus enjuagues.
b) Comenzaba el desarrollo de toda una nueva burocracia en los ayuntamientos y en la naciente Comunidad autónoma, con una flamante generación de políticos y jugosas partidas presupuestarias.
Los trabucaires copiaron algunas felices iniciativas de sus congéneres de la Península, como los confidenciales. En un principio los confidenciales estaban trufados de análisis plomizos, minuciosos cuadros estadísticos y seminoticias y semichismes intercambiados. Pronto adelgazaron hasta alcanzar la medida apolínea de los libelos. El negocio era muy sencillo. Si no quieres que te ponga a parir, suscríbete. Y si te dabas de baja en la suscripción, te machaco. Y así comenzó a prosperar la industria del trabuco. ¿Quieres que hable bien de un nuevo modelo de avión? Págame una morterada. ¿Me abstengo de comentar las irregularidades de tu urbanización? Regálame un apartamento. Bastará con un sobrecito al fin de mes para que te piropee en la columna. Ah, la columna. La columna es una pieza imprescindible para el trabucaire. La columna es su pequeño depósito de pólvora o, en ocasiones especiales, la bala de plata que conoce bien la víctima en potencia. Para el trabucaire -que después se diversificaría haciendo revistas o accediendo a micrófonos radiofónicos- la columna es vital. Cuando el objetivo no es mortal, la columna sirve para atar a la víctima y pegarle latigazos en público y en directo hasta que suelte la pasta o asuste lo suficiente a donantes renuentes.
El trabucaire, sin embargo, es una figura crecientemente anacrónica. Aunque han aparecido nuevos trabucaires en esta y otras islas con el cambio de siglo, el bandolerismo pseudoperiodístico individualista tiene un horizonte cada vez más limitado. La verdadera influencia es (y ha sido casi siempre) la de las empresas editoras y los consejeros delegados. En un futuro no demasiado lejano el ecosistema de la comunicación lo articularán y dirigirán tres o cuatro grupos multimedia: prensa, radio, televisión e internet. También en Canarias. Ciertamente, los empresarios súbitamente enriquecidos todavía pican y los ponen en nónima, porque los deslumbran con hilarantes virtudes taumatúrgicas. Un error. Una vez le escuché a uno de los empresarios más ricos del Archipiélago una reflexión cargada de la sabiduría de la experiencia:
- “¿Para qué comprar periodistas, para qué comprar periódicos? Lo que hay que hacer es alquilarlos.”
2. El justiciero. El justiciero es otra figura minoritaria, pero fundamental en la escenografía periodística. Cuando tiene menos de treinta años el justiciero es un ingenuo enamorado de un heroísmo narciso; cuando tiene más de cuarenta, es un hipócrita redomado, porque sabe perfectamente en lo que participa diariamente: un asesinato simbólico de la realidad. El justiciero lo tiene muy fácil, más fácil aun, procedimentalmente, que el trabucaire. Solo debe suscribir y repetir algunos mantras, a saber:
a) Los políticos son universalmente corruptos, los empresarios exclusivamente vampíricos, los funcionarios unos gandules, salvo cuando se manifiestan en las calles, qué chachi.
b) Todo va mal por culpa de los políticos, los ricos, los venales, los canallas.
c) Cualquier obra pública o privada esconde vergonzosos intereses especulativos.
d) Siempre nos están engañando. En cualquier momento y en cualquier lugar.
e) Aquí estoy yo para decir la verdad. El Sistema se basa en el engaño, la explotación y la mentira. Yo, por supuesto, estoy fuera del Sistema, como estoy fuera de mis calzoncillos o mis bragas.
f) Aunque servidor o servidora haya trabajado en gabinetes de prensa al servicio de un partido o de un departamento gubernamental, que quede claro mi desprecio a los que descienden a trabajar en un gabinete de prensa. A saber por qué se meten en eso.
g) La vida es triste, o melancólica, o un chiste, y apenas consigo alivio bañándome en mis hermosas, tristes, melancólicas o chistosas palabras.
Fuera de las plantillas, el justiciero también abunda entre los colaboradores. El articulista justiciero canario del siglo XXI se caracteriza, particularmente, por odiar al periodismo y a los periódicos, sea colaborador o sea redactor. No se entiende muy bien qué es lo que hacen por aquí.
3. Los guerrilleros. Los guerrilleros, como es evidente, están al servicio de las grandes causas de su periódico. Entiéndase: no las grandes causas informativas o profesionales, sino las relacionadas directamente con su cuenta de resultados. Cuando mejor es un periodista, mejor guerrillero puede ser, una condición que no se encuentra en las anteriores categorías. Existe una delgada línea entre la lealtad al periódico y el enrolamiento en cuerpo y alma en sus batallas a sangre y fuego por billetes y contratos. El guerrillero la cruza sin pestañear. Quizás el periódico sea coherente y generoso en el futuro con sus guerrilleros, pero siempre cuenta con un despiste fundamental de muchos periodistas: el periódico no es suyo. Algún que otro trabucaire fue guerrillero en su día, y es que la decepción puede ser aniquiladora.
4. Los muebles. Los muebles no escasean en todas las redacciones. El mueble se encuentra una nota todos los días sobre su ordenador. Debe cubrir tal rueda de prensa, llamar a tal funcionario y resolver dos páginas con agencias. El mueble suspira y se pone a la faena. En la rueda de prensa el mueble no pregunta nada jamás, o si tiene un momento de locuacidad excepcional, interroga sobre el presupuesto del puente, la obra de teatro o el seminario que se presenta en la rueda de prensa. En su llamada al funcionario gasta la mínima saliva posible. A los muebles no les interesa absolutamente nada. Entienden el periodismo como un trabajo rutinario (lo es) que se debe saldar con el mínimo trabajo muscular y neuronal. En cierto sentido los muebles tienen una visión más realista del oficio. Se han desengañado antes de que nadie les haya podido engañar, ni siquiera ellos mismos. Los muebles palidecen cuando repentinamente se presenta una noticia en sus alrededores. Una noticia es la enojosa interrupción en el aburrido pero plácido mecanismo del periódico. Una noticia, bien mirado, es una impertinencia. La dos terceras partes de las noticias que aparecen en las portadas de la prensa regional (sobre todo en la tinerfeña) y la mayoría de las que abren sección es producto de la delicada y silenciosa artesanía de los muebles.
En Diario de Avisos, 6.7.2008
Fernando Marcet
21:15 | 7 Julio 2008 | Permalink
Muy bueno el artículo, Javier. Eso sí, me pregunto en qué categoría se meterá a sí mismo el señor González Jerez. Personalmente, con sus contradicciones y sus defectos, me quedo con los justicieros. Por cierto, se me ocurren un par de buenos ejemplos de “trabucaires” locales, que me abstendré de nombrar.