España absoluta

Clara Beltrán

Un Estado en decadencia fomenta los nacionalismos: un Estado donde la fortuna sopla en sus velas, los desnutre y reabsorbe. Lo decía Ortega y Gasset en 1932, pero todavía hoy es una frase con sentido. En aquella época también se hablaba de una gran empresa común: crear un gran Estado español, a través del entusiasmo constructivo, una idea que ha comenzado a instalarse sólidamente en los discursos del PP y PSOE, que intentan disolver dentro de sí a los grupos dispersos, arañando votos al nacionalismo y desechando extremismos. Quien aglutine y se haga con el centro, ganará.

Aunque con matices, no fue casualidad que España fuera la palabra más repetida en los dos debates electorales. Mientras el PP parece querer construir una España sin diversidad o particularismo político, Zapatero no le tiene miedo a la palabra autonomía, y además ha tenido la suerte de trabajar por el destino común de los españoles en un momento de esplendor económico. Ayudado por ese empuje de desarrollo ha ido superando los exclusivismos de los partidos nacionalistas que han seguido atacando a Madrid (núcleo duro de la Nación) para desvirtuar los logros cosechados por sus dirigentes.

El votante no creyó a los nacionalistas que lanzaban dardos envenenados cuando el país iba bien y la fuerza centrífuga de la economía parecía imparable. También percibieron peligrosas exageraciones en los discursos del PP, sobre todo en lo relativo a ETA, un problema que por ahora no se puede resolver, sino conllevar. Y aunque el terrorismo vasco no es un problema perpetuo, sí es cierto que lograr su erradicación es, por ahora, como querer resolver el problema de la cuadratura del círculo. Ahora bien, Zapatero, en contra de Rajoy, ha entendido que el “problema vasco” no puede ser contemplado desde un punto de vista único. Pese a las claras discrepancias entre unos y otros, puede que en un futuro no muy lejano dos fuerzas opuestas coexistan y se adhieran en una misma idea: evitar la disolución de nuestra colectividad.

Quizás, no dentro de mucho tiempo, el PP y el PSOE se pongan de acuerdo en los principales problemas de la nación, arrastren con ellos a los nacionalistas y se den cuenta de que España necesita de todas las ideas y reflexiones. Puede que en el mismo momento en que los españoles sintamos el afán positivo de trabajar por nuestro país, la pluralidad política deje de ser un problema y se convierta en una ventaja.

Igual que en la pintura existe una idea geométrica de la unidad que nos ayuda a ver el cuadro en su conjunto; igual que vemos que la Luna no es un pedazo de tierra que se escapó del cielo, sino al revés, un cuerpo solitario que transcurría por los espacios y que al acercarse a la esfera de atracción de nuestro planeta fue capturado por éste y gira desde entonces en su entorno, ¿por qué no ver a las distintas autonomías como satélites de un todo sin que se produzca un cataclismo?

Publicado el 2 de junio de 2008 a las 9:00 am en 'Política'.

4 Comentarios

  1. 10:46 | 2 junio 2008 | Permalink

    Hay que hacer de la asimetria un proceso equilibrado e integrador.
    El café para todos no es la solución.

  2. 10:47 | 2 junio 2008 | Permalink

    …y luego llega Soria y le manda un SMS a San Gil diciendo que ¡iva España! ni tanto ni tan calvo…

  3. 11:27 | 2 junio 2008 | Permalink

    “España necesita de todas las ideas y reflexiones”. ¿Todas? ¿Incluídas las que propone ETA? ¿Incluídas las del PP, las que el artículo pinta como las “peligrosas exageraciones en los discursos del PP”?

  4. 11:00 | 3 junio 2008 | Permalink

    [...] frase de Ortega y Gasset, filósofo español mencionado ayer por Clara Beltrán en su artículo, “España absoluta”. En dicho artículo, la señora (o señorita) Beltrán, defiende la idea de España como un ente [...]