El síndrome del cautivo
Gara Arredondo
No voy a dar nombres, pero sé de un político que tuvo que sentir, durante el ejercicio de sus funciones como cargo público, el llamado síndrome del cautivo. Metafóricamente se sentía encerrado en una escafandra. A este político se le pidió que se resignara a su nueva condición de ciudadano cadáver, porque le tocaba gobernar, y eso conllevaba otra mentalidad. Atrapado por las siglas del partido y el entramado de la Administración, tuvo que escuchar muchas voces que hablaban de él como si no estuviera presente. A veces el único gesto descentralizador del pensamiento único que le rodeaba era un movimiento de ojos y un parpadeo activo y vivaz. [...]


