Fernando Marcet Manrique
Si yo quisiera rascar poder político, si tuviera empresas o intereses en juego que requirieran de cierta cercanía respecto a quienes toman las decisiones importantes, esas decisiones que van a repercutir sobre mis negocios y sobre las que por tanto me conviene influir, ¿qué haría?, ¿cuáles son los pasos que debería seguir?, ¿qué sería lo más inteligente por mi parte?
La opción más obvia, la susceptible de reportarme más beneficios y la que me daría menos quebraderos de cabeza en caso de éxito, sería la de montar mi propio partido político. Por supuesto, habría de hacer previamente un estudio concienzudo sobre mis potenciales votantes. Se trataría, en definitiva, de adecuar la ideología de mi partido y su estética toda a los gustos de la mayoría de la población, o al menos de esa mayoría sobre la que tendría más posibilidades un partido nuevo como el mío. Estos votan al PSOE fijo, aquellos son del PP, pero con estos, con estos sí que tengo posibilidades a poco que les venda la moto adecuada. Todos tenemos en mente partidos de nuevo cuño en Lanzarote cuya razón de ser se adapta perfectamente a esto que acabo de decir.
Si lo del partido no funciona por hache o por be, pues al fin y al cabo esto de la democracia es lo que tiene, que la gente puede acabar no votándote por mucho que tú hayas intentado crear un producto específicamente concebido para ser votado, la única salida que te queda es la de la presión. Si no te van a dejar tomar decisiones, tendrás que ser capaz de ejercer presión suficiente para que quienes las toman tengan en cuenta tus necesidades antes que las de otros.
¿Y cómo se ejerce esa presión? Todo depende del dinero que tengas y estés dispuesto a gastarte, pero digamos que la forma más eficaz de presión siempre ha sido y será la que tiene que ver con el control de los medios de comunicación. No creo que haga falta dar demasiadas explicaciones. Con un medio de comunicación influyente puedes conseguir que la gente vea y escuche lo que a ti te interesa que vea y escuche, ni más ni menos. Tal herramienta, utilizada con maestría, te permite generar ambientes de opinión, creando inquietud respecto a ciertos temas cuando a ti te conviene, o por el contrario desviando atenciones para que pasen desapercibidos algunos asuntos cuando no te interesa que estos cobren relevancia pública.
Todavía existe un tercer tótem. Después de los partidos políticos y de los periodistas, hay un sector clave al que deberías dedicar atención. Hablamos de los bancos. Ellos parten y reparten, deciden a quien prestan, a quien no, cuánto y con qué intereses. Es verdad que de nada te sirve el dinero si los políticos no toman las decisiones que te permitan invertirlo con garantías de rentabilidad, pero eso no quiere decir que debamos obviar a quienes te suministrarán liquidez cuando la necesites (que suele ser siempre). Colarte en algún consejo de administración de una de estas entidades te abrirá muchas puertas.
Ahora bien. Imaginemos que tú eres de los otros. Imaginemos que tú no sólo no quieres este poder, porque no lo necesitas ni ves ningún aliciente en poseerlo, sino que te planteas como objetivo colocar traspiés a quienes quieran aprovecharse de ese poder que tú no quieres. Imaginemos que tú concibes el poder público como algo que debe permanecer, siempre, ajeno a intereses particulares. Entonces, si este es tu caso, tampoco puedes hacer como si todo lo anterior no fuera contigo. Políticos, periodistas y banqueros son las herramientas que ellos usan, pero a ti te interesa conocerlas tan bien y tan profundamente como si pretendieras usarlas en tu beneficio propio.
Eso no quiere decir que debas usar dichas herramientas contra ellos. Eso suele ser una mala idea. Suponiendo que seas lo suficiente hábil como para manejarte en su terreno con soltura, algo difícil cuando no tienes la motivación que a ellos les sobra, es muy probable que en el mejor de los casos acabes enfangado en tu propia estrategia, convirtiéndote a la postre justo en aquello contra lo que luchas. No, no es que tengas que usar sus herramientas, pero sí conocerlas. Conocer cómo se entrecruzan y cómo son manejadas, familiarizándote con sus prácticas para poner el palo en la rueda en el momento justo, en el momento propicio.
Todavía existe una tercera posibilidad. Y es que a ti todas estas guerras de poder o anti poder no te vayan ni vengan. Tú, mientras te permitan ganar tu buen sueldo al mes y votar cada cuatro años, vas que chutas. Sabes que el mundo está lleno de basura y que las cosas podrían ser mucho mejor, pero tampoco vas a estar complicándote la vida con historias. En ese caso formas parte de la aplastante mayoría de la población, y no seré yo quien recrimine tu actitud. Las recriminaciones no vienen al caso aquí.
En el gran juego de la vida cada cual asume su rol y lo maneja conforme a lo que su albedrío le dicta. No se trata de que haya unos roles mejores que otros, pero tal vez, y digo tal vez, conviene tenerlos a todos catalogados para saber discernir y comprender cuándo ciertos roles, al aumentar desproporcionadamente en número, ponen en peligro la estructura misma del juego.
carlos
15:04 | 29 Mayo 2008 | Permalink
ahora entendiendo un poco mejor lo de “qué fuerte tío”
Fernando Marcet
23:53 | 29 Mayo 2008 | Permalink
Si de poder hablamos, y de lucha contra el poder, ¿cómo no mencionar uno de los fenómenos más eficaces de todos los tiempos a la hora de aunar voluntades y concienciar a las masas para que el espíritu del cambio permanezca vivo? Demos un paseo por la historia, todavía reciente (¿qué son treinta años?), del que fue uno de los logros históricos del ser humano, con pocos parangones, protagonizado por una generación que se crió bajo el yugo de la dictadura fascista.
En este fin de semana largo, en el que algunos insisten en llamar libertad a algo que nada tiene que ver con dicho concepto, no viene nada mal imbuirnos del espíritu que recorrió Europa, y el mundo entero, allá por los años sesenta. Un movimiento universalista, que reivindicaba la emancipación, sí, pero la emancipación del individuo, del ser humano, frente a cualquier clase de impostura colectiva. La autodeterminación de las personas, y su libertad en cuanto tales; considerarnos a nosotros mismos como una especie adulta y responsable, para empezar a comportarnos con responsabilidad, dejando a un lado batallas, competiciones y enfrentamientos tribales, ya sea por patriotismo, ya sea por fanatismo religioso, ya sea por cualquier otra clase de adscripción ideológica.
Empecemos por Labordeta, que nos dejó uno de los cantos más bellos a la libertad, por mucho que haya sido posteriormente utilizado torticeramente por nacionalismos de cualquier tipo. Como digo, los hay incapaces de distinguir entre nuestra libertad en cuanto individuos y esa libertad colectiva que reclaman. Es como suponer que en un rancho cercado las vacas que lo habitan serían más libres si sus vaqueros gozaran de más independencia respecto al resto de ranchos. Un absurdo. Lo único que hará libre a las vacas será quitar los cercos. Arrancarlos de cuajo, mandando de paso al carajo a los vaqueros que gustan de tenerlas todas bien numeradas, juntitas y unidas. Esa es la verdadera libertad. Y esa es la libertad que yo imagino, sin evitar cierta emoción, cuando escucho a Labordeta:
Otro de los monumentos sonoros que no tiene desperdicio es L´Estaca, de LLuis Llach. Nuevamente vilipendiada por los patriotas, al apropiársela rastreramente, esta canción nació como un grito atronador contra la barbarie franquista, en el momento que más falta hacían canciones como esta. Ciertamente, la estaca ya estaba podrida, pero era necesario darle un empujoncito por aquí y otro por allá, justo como la letra de este tremendo tema reclama. ¿Cuáles son las próximas estacas a derribar, una vez caída la dictadura? Muchas hay, pero ninguna tiene nada que ver con autodeterminaciones de pueblos. Partidos políticos, medios de comunicación, bancos, corporaciones internacionales…. todas ellas estacas bien gordas que requieren de la unión de muchas personas, muchísimas. Tantas, que si empezamos a dividirnos en pequeños territorios independientes, eso equivaldrá a entregarles en bandeja nuestras propias cabezas encadenadas.
Piensen en ello mientras escuchan este otro himno a la libertad:
_______________________________________________________________________
Traducción:
Aunque pondría aquí otras muchas canciones, concluiré este particular podium con otro de los temas clave. Al vent, de Raimon. ¿Existe una canción más universalista que esta? Lean la letra, que he colocado abajo, es un canto claro, sin ambajes, sin grandes metáforas ni rebuscadas alegorías, a la libertad del individuo, solo ante el viento del mundo. Sin embargo, una vez más, muchos independentistas la usan como himno en sus luchas patrióticas, demostrando que la estupidez humana es capaz de pervertir las más bellas obras, también humanas, si se empeña en ello.
_________________________________________________________________________
TRADUCCIÓN:
Javier Diaz Reixa
13:26 | 30 Mayo 2008 | Permalink
Magnífico despliegue, Marcet
Fernando Marcet
19:58 | 30 Mayo 2008 | Permalink
¿Y qué decir del canto libertario por excelencia? Aquel que sirvió de banda sonora a un movimiento que pretendía significar un antes y un después en la historia de la humanidad. Y sin duda lo significó, aunque con unos claroscuros que ensombrecen en gran medida la intención original.
Su mismo título es toda una declaración de intenciones. Y la letra no podría ser más directa, más contundente. Me refiero a La Internacional, himno oficial de los trabajadores y obreros del mundo. Veamos la traducción más fidedigna a la versión original francesa de 1888 (en castellano, actualmente, hay varias versiones):
Todos sabemos qué fue lo que pasó después. Los revolucionarios libertarios, pretendiendo liberar a la humanidad de sus opresores, se convirtieron ellos mismos en esos tuteladores contra los que su canción arremetía:
Ahí tienen a los hermanos Castro en Cuba. Si algún calificativo se le puede poner al gobierno tiránico que comandan, es precisamente el de “tutela odiosa”. Lo mismo puede decirse del Partido chino o de las experiencias rusas.
Sólo la socialdemocracia, en un principio, se acercó un tanto al ideal. Intuyendo la democracia como una condición sine qua non para que los preceptos de igualdad entre los hombres pudiera alcanzarse algún día más allá de cúpulas de poder totalitarias, los socialistas demócratas casi encontraron la receta.
Pero, ¿qué queda hoy de las buenas intenciones originales? El Partido Socialista, al menos en España, se ha convertido en una garantía de poder, y como tal, ha atraído a su seno toda suerte de individuos interesados en permanecer cerca de dicho poder. No hay en ellos, en estos individuos, el menor idealismo, sino puro y duro interés. Y sin embargo muchos de ellos ocupan puestos de relevancia. Se les nota en sus gestos, en sus formas, en su manera de comportarse, de actuar y de ser. Trajes, corbatas y puros en restaurantes de lujo a costa de los contribuyentes, políticas basadas en pactos con delincuentes o con partidos que, en teoría, contradicen los fundamentos mismos del socialismo.
¿Y qué hay de esto?
¿Por qué entonces, a pesar de los muchos años que han gobernado, la secta católica sigue teniendo la enorme influencia que tiene? ¿Por que siguen teniendo su casilla en la declaración de la renta? ¿Por qué se siguen jurando los cargos ante sus símbolos?
El Partido Socialista hace mucho que se convirtió en un partido Popular más, un partido que va detrás de los votos, a remolque de las corrientes de opinión mayoritarias. Difícil punto de partida para un ideal.
El peso de tales ideales, una vez abandonado por el socialismo, recayó en la fuente original, el partido comunista, Izquierda Unida para los amigos. Un partido que en España se asemeja más al Partido Socialista de antaño, que el mismo PSOE, pero que también anda perdido entre la oleada nacionalista que recorre el mundo desde que eso de la globalización pasó a convertirse, de buenas a primeras, en algo malo, caca. [Algunos think tank estadounidenses cumplieron fenomenalmente el objetivo de que el imaginario colectivo occidental identificara globalización con capitalismo exacerbado, en una de las jugadas más inteligentes, aunque más desgraciadas para la mayoría de seres humanos, jamás realizada].
¿Si la globalización era mala, qué hacíamos entonces con aquello de que “el género humano es la internacional”, y de agruparnos todos como hermanos? No me lo pregunten a mí porque yo todavía estoy dándole vueltas. El caso es que de pronto lo importante pasó a ser aquello de proteger las tradiciones y culturas locales, el individuo desapareció de la ecuación y empezó a hablarse de pueblos, y de los derechos de estos, en lugar de los derechos de las personas que los habitan.
Hoy mismo, en Playa Honda, Izquierda Unida está celebrando un acto en el que no se reivindica la igualdad, ni ninguna de esas cosas de las que habla la internacional, sino que se cantan folías y se habla de autodeterminaciones, sustituyendo el concepto de individuo por el de pueblo, una vez más.
En fin, yo me sigo quedando con la canción, porque para mí resume perfectamente un ideal hacia el que todos deberíamos tender, desde un punto de vista genérico. Solo espero que el espíritu del tema imbuya, algún día, a quienes de verdad tengan la sana voluntad de ponerlo en práctica sin malicias ni dobleces.
marina
11:39 | 1 Junio 2008 | Permalink
Enhorabuena y gracias por recordar que hace 40 años del 68. Creo que sería muy buena una reflexión sobre lo que hemos cambiado.
kiko
7:53 | 3 Junio 2008 | Permalink
que te gusta!