Jueves, 29 de Mayo de 2008

Catalogando roles

Fernando Marcet Manrique

Si yo quisiera rascar poder político, si tuviera empresas o intereses en juego que requirieran de cierta cercanía respecto a quienes toman las decisiones importantes, esas decisiones que van a repercutir sobre mis negocios y sobre las que por tanto me conviene influir, ¿qué haría?, ¿cuáles son los pasos que debería seguir?, ¿qué sería lo más inteligente por mi parte?

La opción más obvia, la susceptible de reportarme más beneficios y la que me daría menos quebraderos de cabeza en caso de éxito, sería la de montar mi propio partido político. Por supuesto, habría de hacer previamente un estudio concienzudo sobre mis potenciales votantes. Se trataría, en definitiva, de adecuar la ideología de mi partido y su estética toda a los gustos de la mayoría de la población, o al menos de esa mayoría sobre la que tendría más posibilidades un partido nuevo como el mío. Estos votan al PSOE fijo, aquellos son del PP, pero con estos, con estos sí que tengo posibilidades a poco que les venda la moto adecuada. Todos tenemos en mente partidos de nuevo cuño en Lanzarote cuya razón de ser se adapta perfectamente a esto que acabo de decir.

Si lo del partido no funciona por hache o por be, pues al fin y al cabo esto de la democracia es lo que tiene, que la gente puede acabar no votándote por mucho que tú hayas intentado crear un producto específicamente concebido para ser votado, la única salida que te queda es la de la presión. Si no te van a dejar tomar decisiones, tendrás que ser capaz de ejercer presión suficiente para que quienes las toman tengan en cuenta tus necesidades antes que las de otros.

¿Y cómo se ejerce esa presión? Todo depende del dinero que tengas y estés dispuesto a gastarte, pero digamos que la forma más eficaz de presión siempre ha sido y será la que tiene que ver con el control de los medios de comunicación. No creo que haga falta dar demasiadas explicaciones. Con un medio de comunicación influyente puedes conseguir que la gente vea y escuche lo que a ti te interesa que vea y escuche, ni más ni menos. Tal herramienta, utilizada con maestría, te permite generar ambientes de opinión, creando inquietud respecto a ciertos temas cuando a ti te conviene, o por el contrario desviando atenciones para que pasen desapercibidos algunos asuntos cuando no te interesa que estos cobren relevancia pública.

Todavía existe un tercer tótem. Después de los partidos políticos y de los periodistas, hay un sector clave al que deberías dedicar atención. Hablamos de los bancos. Ellos parten y reparten, deciden a quien prestan, a quien no, cuánto y con qué intereses. Es verdad que de nada te sirve el dinero si los políticos no toman las decisiones que te permitan invertirlo con garantías de rentabilidad, pero eso no quiere decir que debamos obviar a quienes te suministrarán liquidez cuando la necesites (que suele ser siempre). Colarte en algún consejo de administración de una de estas entidades te abrirá muchas puertas.

Ahora bien. Imaginemos que tú eres de los otros. Imaginemos que tú no sólo no quieres este poder, porque no lo necesitas ni ves ningún aliciente en poseerlo, sino que te planteas como objetivo colocar traspiés a quienes quieran aprovecharse de ese poder que tú no quieres. Imaginemos que tú concibes el poder público como algo que debe permanecer, siempre, ajeno a intereses particulares. Entonces, si este es tu caso, tampoco puedes hacer como si todo lo anterior no fuera contigo. Políticos, periodistas y banqueros son las herramientas que ellos usan, pero a ti te interesa conocerlas tan bien y tan profundamente como si pretendieras usarlas en tu beneficio propio.

Eso no quiere decir que debas usar dichas herramientas contra ellos. Eso suele ser una mala idea. Suponiendo que seas lo suficiente hábil como para manejarte en su terreno con soltura, algo difícil cuando no tienes la motivación que a ellos les sobra, es muy probable que en el mejor de los casos acabes enfangado en tu propia estrategia, convirtiéndote a la postre justo en aquello contra lo que luchas. No, no es que tengas que usar sus herramientas, pero sí conocerlas. Conocer cómo se entrecruzan y cómo son manejadas, familiarizándote con sus prácticas para poner el palo en la rueda en el momento justo, en el momento propicio.

Todavía existe una tercera posibilidad. Y es que a ti todas estas guerras de poder o anti poder no te vayan ni vengan. Tú, mientras te permitan ganar tu buen sueldo al mes y votar cada cuatro años, vas que chutas. Sabes que el mundo está lleno de basura y que las cosas podrían ser mucho mejor, pero tampoco vas a estar complicándote la vida con historias. En ese caso formas parte de la aplastante mayoría de la población, y no seré yo quien recrimine tu actitud. Las recriminaciones no vienen al caso aquí.

En el gran juego de la vida cada cual asume su rol y lo maneja conforme a lo que su albedrío le dicta. No se trata de que haya unos roles mejores que otros, pero tal vez, y digo tal vez, conviene tenerlos a todos catalogados para saber discernir y comprender cuándo ciertos roles, al aumentar desproporcionadamente en número, ponen en peligro la estructura misma del juego.