Son bastantes personas las que piensan que los grandes partidos políticos han dejado a un lado sus ideologías para centrarse, dicen, en la gestión de lo posible. Y se lamentan de que así haya sido. No lo tengo muy claro. Estuve hace unos días en Madrid, y en las páginas locales de los periódicos me encontré con esta afirmación bien destacada: “Las administraciones públicas gestionan mal”. Pudiera extrañar la rotundidad cuando viene de la responsable de una de esas administraciones, que puede ser que gestione mal; sin embargo, no debería sorprender la declaración de Esperanza Aguirre, porque es pura ideología.
La presidenta de la Comunidad de Madrid se refería a la gestión pública del sistema sanitario, y hay que reconocerle a Aguirre la valentía de defender una forma de gestionar la sanidad de la que apenas hay ejemplos en el mundo desarrollado. Porque el modelo que defiende Aguirre, la financiación de la sanidad por medio de seguros privados y un sistema público residual para los más pobres, sólo existe en Estados Unidos… y se distingue por lo mal que funciona y por lo muy caro que resulta.
Es conocido que el sistema sanitario estadounidense deja sin cobertura a muchos millones de ciudadanos. Algo menos sabido es que resulta, con mucha diferencia, el más caro del mundo: el gasto por persona duplica el de la gran mayoría de los países europeos, en los que todo el mundo está protegido. Pero lo que suele desconocerse es que no es que el Estado no gaste allí y que casi todo sea cuestión privada. Ni mucho menos: el Gobierno de aquel país gasta por ciudadano más que la suma de gasto público y privado sanitario en Gran Bretaña.
El modelo que defiende Aguirre se caracteriza por ser el peor gestionado de todos los países desarrollados: la Universidad de Harvard ha descubierto que los costes administrativos del sistema, público y privado, duplican lo que algunos otros países ricos países gastan por persona en la totalidad del sistema sanitario. Y el estudio llega a la conclusión de que esos costes burocráticos superan en más de tres veces a los del sistema de salud canadiense. Porque no es sólo el Gobierno estadounidense el que gestiona mal, sino también las compañías aseguradoras privadas. Y es lógico, porque sus principales esfuerzos no están destinados a atender al paciente, sino a ahorrarse todo lo que puedan en la atención sanitaria. Pero para todo ese regateo al enfermo se requiere montar un costoso entramado burocrático, así que entre directivos, abogados, oficinistas y oficinas la cosa sale por un dineral. Por un dineral que ninguna relación tiene con el tratamiento del paciente.
En fin, que no hay sistema de salud peor gestionado y más caro que el que inspira el modelo que propone Esperanza Aguirre. ¿Por qué lo propone entonces? Para entenderlo quizá convenga tirar de una vieja máxima del gremio periodístico: “No dejes que la realidad te estropee una buena noticia”. Pues con la ideología ocurre lo mismo, que alguien de profundas convicciones políticas raramente deja que la realidad le estropee su “preciosa” y “precisa” construcción ideológica. Y es que pocas cosas más parecidas a la fe religiosa que la ideología política tal cual la suele profesar la mayoría: pura irracionalidad.
Aunque Michael Moore no se distingue precisamente por su imparcialidad, creo que al hilo del artículo no vendría mal echar un vistazo a su documental “sicko”, en el que se analiza y se compara el sistema sanitario estadounidense con el canadiense y el europeo.
http://es.youtube.com/watch?v=V4YVzKhP-Ww
Especialmente significativo es todo lo referente a los cobros de los senadores por votar negativamente la propuesta de Clinton, que en su momento intentó acercar la sanidad estadounidense a los modelos europeos y canadiense. Obviamente, las empresas aseguradoras vieron peligrar su negocio y echaron el resto para que las cosas continuaran como siempre. Por supuesto, excusaron su postura bajo el paraguas del patriotismo y de lo “comunista” que resultaba eso de que pudiera existir una seguridad social.
El área de Global Government Services de KPMG, sensibilizada con los nuevos retos a que se enfrentan los Gobiernos y Administraciones públicas, encargó a The Economist Intelligence Unit la elaboración del informe Performance Agenda: an internacional government survey 2007. En él se tratan temas fundamentales tales como operaciones, gestión del capital humano, mejora del rendimiento, colaboración público-privada, financiación, análisis de coste/beneficio, nuevas tecnologías y gestión competitiva de proveedores. Para su elaboración se contó con la participación de 254 directivos del sector público en Australia, Canadá, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos.
Que los Gobiernos dan prioridad a la calidad del servicio frente a la relación calidad-precio es la primera conclusión que destaca en el informe. Es evidente que el cambio dependerá de la capacidad de los Gobiernos para superar retos tan esenciales como seleccionar los proyectos más adecuados, conseguir los profesionales más cualificados y mejorar los modelos de financiación.
No pienso que es ideología sino ideología de derecha extrema que tiene la Espe, que no es lo mismo. Privatizar la sanidad sería una barbaridad como privatizar Inalsa, que tenemos que vigilar también en Lanzarote.
la misma estrategia que se lleva a cabo en sanidad es la que se lleva en educación, transporte, comunicaciones, energía… deteriorar, hablar mal del servicio y privatizar/concertar… y a peor vamos. PP, CC, CIU, PNV, … todos iguales.
No solo inalsa, sino más colegios y clínicas privadas en Canarias, como nos descuidemos nos privatizan todo, que Soria es como Esperanza.