Martes, 27 de Mayo de 2008

Cuestión de ideología

Jorge Marsá

Son bastantes personas las que piensan que los grandes partidos políticos han dejado a un lado sus ideologías para centrarse, dicen, en la gestión de lo posible. Y se lamentan de que así haya sido. No lo tengo muy claro. Estuve hace unos días en Madrid, y en las páginas locales de los periódicos me encontré con esta afirmación bien destacada: “Las administraciones públicas gestionan mal”. Pudiera extrañar la rotundidad cuando viene de la responsable de una de esas administraciones, que puede ser que gestione mal; sin embargo, no debería sorprender la declaración de Esperanza Aguirre, porque es pura ideología.

La presidenta de la Comunidad de Madrid se refería a la gestión pública del sistema sanitario, y hay que reconocerle a Aguirre la valentía de defender una forma de gestionar la sanidad de la que apenas hay ejemplos en el mundo desarrollado. Porque el modelo que defiende Aguirre, la financiación de la sanidad por medio de seguros privados y un sistema público residual para los más pobres, sólo existe en Estados Unidos… y se distingue por lo mal que funciona y por lo muy caro que resulta.

Es conocido que el sistema sanitario estadounidense deja sin cobertura a muchos millones de ciudadanos. Algo menos sabido es que resulta, con mucha diferencia, el más caro del mundo: el gasto por persona duplica el de la gran mayoría de los países europeos, en los que todo el mundo está protegido. Pero lo que suele desconocerse es que no es que el Estado no gaste allí y que casi todo sea cuestión privada. Ni mucho menos: el Gobierno de aquel país gasta por ciudadano más que la suma de gasto público y privado sanitario en Gran Bretaña.

El modelo que defiende Aguirre se caracteriza por ser el peor gestionado de todos los países desarrollados: la Universidad de Harvard ha descubierto que los costes administrativos del sistema, público y privado, duplican lo que algunos otros países ricos países gastan por persona en la totalidad del sistema sanitario. Y el estudio llega a la conclusión de que esos costes burocráticos superan en más de tres veces a los del sistema de salud canadiense. Porque no es sólo el Gobierno estadounidense el que gestiona mal, sino también las compañías aseguradoras privadas. Y es lógico, porque sus principales esfuerzos no están destinados a atender al paciente, sino a ahorrarse todo lo que puedan en la atención sanitaria. Pero para todo ese regateo al enfermo se requiere montar un costoso entramado burocrático, así que entre directivos, abogados, oficinistas y oficinas la cosa sale por un dineral. Por un dineral que ninguna relación tiene con el tratamiento del paciente.

En fin, que no hay sistema de salud peor gestionado y más caro que el que inspira el modelo que propone Esperanza Aguirre. ¿Por qué lo propone entonces? Para entenderlo quizá convenga tirar de una vieja máxima del gremio periodístico: “No dejes que la realidad te estropee una buena noticia”. Pues con la ideología ocurre lo mismo, que alguien de profundas convicciones políticas raramente deja que la realidad le estropee su “preciosa” y “precisa” construcción ideológica. Y es que pocas cosas más parecidas a la fe religiosa que la ideología política tal cual la suele profesar la mayoría: pura irracionalidad.