Martes, 27 de Mayo de 2008

¿No cierras?

Alfonso Encina

Hasta no hace mucho, mis tropiezos en la calle o en foros comunes con otros empresarios siempre incluían una pregunta: “¿Cómo va? Bien, ¿verdad?”. Sinceramente, sí que iba bien. Durante mucho tiempo ha ido muy, muy bien. De ahí que muchos de nosotros tengamos segundas y terceras residencias, que generalmente no disfrutamos, atraques en Puerto Calero y Marina Rubicón, hayamos viajado el mundo y poseamos una holgada vida. Lo hemos trabajado, no ha sido flor de un día de suerte en Wall Street, y hemos dado trabajo a miles de personas. Pero a pesar del sacrificio, que lo es, hay que reconocer que el viento ha soplado a favor, con mucha fuerza además.

Hoy, en los domingos de yate y paella, lo de menos es el yate y la paella. Mis compadres han olvidado la pregunta optimista de los tiempos del forraje. Hoy, mientras descorchan el Pesquera que no saben apreciar, te anuncian pérdidas, insostenibilidades financieras, reducciones de plantilla o directamente el cierre de la red secundaria de empresas que no les da cash. Los más desesperados inician el desguace de sus apartamentos turísticos para venderlos a los alemanes interesados.

Todos, sin excepción, apuntan a la clase dirigente responsabilizándola en exclusiva del descarrilamiento del tren. Clase dirigente política, claro. A nadie oí un esbozo de autocrítica. Ni una línea que remarcara esa dejadez en robustecer en serio nuestros negocios, en invertir en serio en la pulcritud y excelencia de nuestros hoteles y apartamentos, en soltar pasta en serio para la formación de nuestros trabajadores, en dirigir una parte mínima, pero en serio, de los cuartos de la RIC al aumento de servicios… El inventario es demasiado largo y demasiado serio.

A todos los que leen este blog con desdén, con ese tic de tuercebotas –“no tienen ni idea”, dicen– diréles que en sus líneas está el diagnóstico de nuestro “¿no cierras?”. Pero también, que es lo que nos saca de nuestras casillas, el sentido común para superar la edad de la bobería. “Esa gente es enemiga del turismo”, me dicen. Tú lo que eres es un melón, con perdón.