Jueves, 15 de Mayo de 2008

Independencia tribal

Gara Arredondo

Estaba el viernes viendo en el canal Odisea un reportaje sobre la Isla de Pascua (isla Rapa Nui) que me hizo pensar en que los problemas de Canarias ni son genuinos ni únicos. Esta isla, que pertenece al Estado de Chile, lleva décadas solicitando la obtención de autonomía administrativa. Su estatuto está proyectado bajo esta máxima: “Nosotros hablamos Rapa Nui, nuestra sangre es Rapa Nui, nuestros ancestros son Rapa Nui, nuestra isla se llama Rapa Nui, nuestros monumentos son Rapa Nui, nuestro destino será siempre Rapa Nui”.

Toda una reflexión consanguínea que les hace pensar y sentir de otro modo distinto a un chileno, según defienden. A los Rapa Nui no parece importarles que algunas de sus fiestas paganas (con las que recuerdan a sus ancestros) sean inventadas, porque no hay referencias históricas o documentos que acrediten cómo eran sus ritos y celebraciones. Los Rapa Nui se convierten en expertos en la interpretación de su historia para solicitar adherirse a la Polinesia o seguir recibiendo ayuda estatal chilena.

Tampoco han dudado en hundir réplicas de hormigón de sus conocidas esculturas monolíticas en el fondo del mar para inspirar a buceadores y busca-tesoros, que se sienten atraídos por las múltiples leyendas que rodearon a estas figuras. Los Rapa Nui, pese a idolatrar su pasado, no creen que estos “engañosos cebos turístico” ofendan a sus antepasados.

En la Isla de Pascua, al igual que ocurría hace muy poco en Canarias, tienen problemas de aislamiento (sólo la Armada Chilena y una aerolínea aterrizan en su moderno aeropuerto) y han pedido una ley de residencia o una norma que controle la población, porque, según dicen, su pueblo originario está en peligro. En este recóndito lugar del globo viven 3.000 habitantes.

Los Rapa Nui, como no están de acuerdo con su realidad actual, evocan otra. Se tiran con unos troncos por una ladera –todo muy arcaico– para demostrar su carácter indígena. No en vano los habitantes de la Isla de Pascua se benefician de la “discriminación positiva” de pertenecer a una “raza específica” reconocida como originaria para tener un trato especial por parte de la Administración. Pese a su trato de favor quieren romper lazos con Chile, porque consideran que su cultura les hace especiales.

Hace mucho tiempo que al meditar sobre la independencia y la necesidad del individualismo, me he dado cuenta de que tanto en la Isla de Pascua como en Cataluña, País Vasco o Canarias lo que existen no son sentimientos de pertenencia, sino bandos y cuadrillas que viven un banderismo pasional, lo que les impide amar las instituciones, desentenderse de las preocupaciones generales y consigue que sólo defiendan los intereses en torno a un jefe a condición de que coincidan con los suyos propios. En definitiva, sin monolitos o leyendas de moais voladores, algunas políticas españolas son tan tribales como los argumentos de los Rapa Nui.